Christine
El bar… aquel bar siempre había sido mi refugio, un lugar donde podía escaparme de todo, especialmente de mí misma. Había algo en las luces tenues y el murmullo constante de las conversaciones que me hacía sentir en paz. Esa noche, después de todo lo que había pasado con Alexander, el recital de Thais, y la constante presión de ser la esposa de Archie, necesitaba un respiro. No estaba buscando más que un poco de tranquilidad y una copa de vino para calmar mis nervios. Pero, como suele suceder, la vida tenía otros planes.
Claro, ayer había recibido el mensaje de chicouke para vernos, lo pensé bastante para aceptar, pero al final terminé diciendo que no… y si se supone que dije que no, no debería yo de estar aquí… pero aquí estoy.
Creo que al finar soy demasiado testaruda. Por lo menos en esta ocasión quisiera ver a Fil para charlar un rato.
Entré en el bar y me dirigí directamente a mi mesa habitual, en un rincón tranquilo, lejos de las miradas curiosas. Andaba disfrazada porque ahora soy figura pública, sin embargo, aún saludaba con cariño a mis conocidos. Pedí un Pinot Noir y me recosté en la silla, cerrando los ojos por un momento, dejando que el suave zumbido del lugar me envolviera.
—No pensé que todavía frecuentabas este lugar —dijo una voz familiar, rompiendo mi breve instante de paz.
Abrí los ojos de golpe y allí estaba él: Chicouke. No podía creerlo. No había pensado en él durante mucho tiempo, y menos aún había imaginado que lo vería allí, si le cancelé la salida. Chicouke, con su sonrisa torcida y esa mirada que siempre lograba desarmarme. Aún, como siempre, tenía su mascara acostumbrada de Daredevil.
—Chicouke —murmuré, casi sin aliento. Mi corazón dio un vuelco mientras intentaba procesar su presencia —¿Qué haces aquí?
—Este solía ser nuestro lugar, ¿no? —dijo, tomando asiento frente a mí sin esperar una invitación —Pensé que sería un buen lugar para encontrarte y tenía razón. Sé que me rechazaste el encuentro y vine aquí para beber algo, con esa esperanza de verte.
—No estoy segura de sí debería sentirme halagada o preocupada —respondí, intentando sonar casual, aunque por dentro sentía una mezcla de nervios y adrenalina.
Chicouke rió, esa risa suave y despreocupada que me recordaba por qué alguna vez había estado tan enamorada de él. Siempre tenía esa habilidad de hacer que todo pareciera menos serio de lo que realmente era.
—Relájate, Christine. Solo quiero charlar. ¿No podemos ser amigos?
La palabra "amigos" sonaba tan fuera de lugar viniendo de él. Nunca habíamos sido solo amigos, y no estaba segura de que pudiéramos empezar ahora. Desde que nos vimos estuvimos amándonos, eso no funciona así.
—Hemos pasado por mucho —respondí con un suspiro —No es tan simple.
—Las cosas nunca son simples contigo —replicó, inclinándose hacia adelante, su voz bajando a un susurro —Pero eso es lo que siempre me gustó de ti.
Sentí que un escalofrío recorría mi espalda. Había algo en la manera en que me miraba que me hacía recordar lo fácil que era caer en su trampa. Siempre había tenido esa habilidad de desarmarme con solo una mirada o una palabra.
—Dejemos el pasado donde pertenece —dije, intentando mantener la compostura—Ahora soy una persona diferente. Estoy casada con una persona importante y tengo una niña hermosa de la cual cuidar.
—¿De verdad? —preguntó, su tono cargado de insinuación —Porque desde donde estoy sentado, pareces exactamente la misma Christine que conocí. Esa que nunca podía resistirse a un buen desafío.
La tensión entre nosotros era palpable, y no pude evitar que una parte de mí recordara esos momentos juntos. Habíamos tenido nuestra cuota de aventuras, muchas de las cuales ahora me parecían insensatas, pero también había habido una intensidad en nuestra relación que nunca había sentido con nadie más. Ahora me siento culpable de las veces que engañé a Archie con él… que pésima persona soy.
—Ya no soy esa persona, Chicouke —insistí, aunque mi voz sonó menos convincente de lo que hubiera querido ⸻he madurado, de hecho, ni debería de estar contigo sentada aquí.
—¿No? —Su sonrisa se amplió —Porque recuerdo una Christine que no tenía miedo de tomar riesgos, de vivir al límite.
Se inclinó aún más cerca, y pude sentir su aliento contra mi piel. Su proximidad hizo que mi respiración se acelerara, y por un momento, casi me olvidé de quién era ahora y de lo que realmente quería.
—Chicouke… —comencé, pero él me interrumpió.
—Dime que no lo extrañas —murmuró —Dime que no extrañas esa chispa, esa sensación de estar viva cada segundo. No sabes el cuanto te extraño y el como te amo… te amo tanto y esta es la hora en la cual no puedo vivir sin ti.
Sabía exactamente a qué se refería, y eso me asustaba. Porque en algún rincón profundo de mi mente, una parte de mí extrañaba esa locura, ese caos que había traído a mi vida. Pero también sabía que no podía volver a eso, que no quería volver a ser la mujer que una vez había sido.
—No es tan simple —respondí, mi voz temblando un poco ⸻Ahora tengo una vida diferente, responsabilidades diferentes. No puedo permitirme ser la Christine que solía ser. No puedo engañar a Archie, ahora él es mi vida.
Chicouke se recostó en su silla, observándome con una expresión que mezclaba diversión y algo más oscuro.
—¿Y eso te hace feliz? —preguntó suavemente —¿Realmente feliz?
Esa pregunta me golpeó con fuerza, porque era la misma pregunta que me había hecho en silencio muchas veces. ¿Era realmente feliz con la vida que había elegido? ¿O simplemente estaba jugando a ser alguien que no era?
—Estoy construyendo algo —respondí, más para convencerme a mí misma que a él —Algo real, algo que tiene futuro. Además, no me puedes demandar nada, tú eras quien siempre tenía algo ocultándome. Desde tu rostro hasta lo que hacías, no te hagas el santo ahora.
—¿Y qué pasa con el presente? —insistió, sus ojos no se veían, pero sabía que estaban fijos en los míos —¿Qué pasa con lo que sientes ahora, en este momento?
Lo odiaba por hacerme dudar, por hacerme cuestionar todo lo que había trabajado tanto para construir. Pero también sabía que tenía razón en algo: había una parte de mí que todavía anhelaba ese fuego, esa pasión que una vez habíamos compartido.
—No podemos volver atrás, Chicouke —dije finalmente, rompiendo el contacto visual —No podemos revivir lo que tuvimos.
—No estoy pidiendo que volvamos atrás, Christine —dijo, su tono suave pero firme —Solo te estoy recordando quién eres, quién eras antes de que todo se complicara.
Se inclinó hacia mí nuevamente, y esta vez su mano rozó la mía. Sentí un choque eléctrico por todo mi cuerpo, una reacción que no esperaba.
—Eres fuerte, eres independiente, y siempre has sabido lo que quieres —susurró, su voz casi hipnótica —No dejes que el pasado te controle, pero tampoco olvides quién eras. Solo ha pasado un año desde todo esto, las personas no cambian porque sí de la noche a la mañana.
Mi corazón latía con fuerza mientras consideraba sus palabras. Sabía que estaba jugando con fuego al estar tan cerca de él, pero al mismo tiempo, había algo en sus palabras que resonaba profundamente en mí. Era cierto que había cambiado, que había crecido, pero ¿había perdido también una parte de mí en el proceso?
Me alejé de él, rompiendo el contacto físico y levantándome de la mesa. Necesitaba aire, necesitaba espacio para pensar.
—Esto no es una buena idea, Chicouke —dije con firmeza, aunque todavía podía sentir el calor de su toque en mi piel —No podemos hacer esto.
Él se quedó en su lugar, pero la mirada en sus ojos me dijo que no había terminado.
—Tal vez no hoy, tal vez no mañana —dijo lentamente—. Pero no puedes negar lo que sientes, Christine. Nos volveremos a ver, y cuando lo hagamos, espero que estés lista para ser honesta contigo misma.
Con esas palabras, me di la vuelta y me dirigí hacia la salida. Mi mente estaba un torbellino de emociones, y necesitaba desesperadamente alejarme de él, de ese lugar, de todo lo que representaba. Pero incluso mientras salía del bar, no podía dejar de pensar en lo que había dicho. Tal vez tenía razón en que no podía negar quién era, pero también sabía que no podía volver a ser la Christine que una vez había sido. Sin embargo, me cuestionaba porque no sabía que yo había cambiado tanto.