Ante tal panorama, Laura decidió acompañar a su hijo en silencio. Después de permanecer sentada en la cama acariciando su cabeza durante un largo rato, decidió retomar el tema.
—Cariño, sé que los gemelos te jugaron una broma muy pesada. Entiendo que debes sentirte muy triste. Sin embargo, creo que sería muy bueno que habláramos de ello. Sin duda, estoy segura de que podría ayudarte a entender la situación. —Al escuchar sus palabras, Javier se sintió aún más mortificado. De cualquier forma, sabía que su madre tenía razón. Seguramente, hablar con ella le haría mucho bien y le ayudaría a comprender mejor lo sucedido. A continuación, levantó su rostro acongojado. Enseguida se dispuso a preguntar:
—Mamá, ¿todos se burlaron de mí? ¿Papá, Alicia y sus padres, y tú? ¿Lo que sucedió les resultó divertido? —Inmediatamente su madre se dispuso a responder con total honestidad.
—Cariño, creo que era muy evidente que alguien te había jugado una broma. Naturalmente, al darnos cuenta de ello todos comprendimos por qué les dijiste eso. La verdad, yo no creo que nadie se haya burlado de ti. En cambio, me parece que se sintieron sorprendidos al haberte escuchado. Claramente, todos debieron comprender que se trataba de un malentendido.
En ese momento, Javier se sintió un poco más tranquilo. No obstante, aún sentía una gran tristeza, debido a que no estaba comprometido con Alicia como anteriormente había creído. De pronto, Laura pareció comprender su preocupación. Ciertamente, conocía a su hijo mejor que nadie. Acto seguido, la mujer besó tiernamente su frente al preguntar:
—¿Estás triste por qué no estás comprometido con Alicia? —Repentinamente, Javier asintió. En realidad no necesitaba decir nada más. En definitiva, su madre entendía tal sentimiento.
—Afortunadamente, esa es una práctica que dejó de usarse hace muchos años. En el pasado, muchos jóvenes sufrían al haber sido comprometidos sin que se tomara en cuenta su opinión. ¿No te parece maravilloso que una decisión de ese tipo te pertenezca únicamente a ti?
En ese instante, los ojos de Javier se abrieron muy grandes. Definitivamente, al escucharlo, un horizonte se abrió frente a sus ojos.
—Entonces, ¿yo puedo decidir con quién me voy a casar? —Al mirarlo con una expresión de complicidad en el rostro, Laura asintió rotundamente.
—Así es —le dijo —pero esa es una decisión muy importante. Por lo tanto, debes tomarla cuando estés preparado para hacerlo. —Abruptamente la abrazó con fuerza. Efectivamente, no necesitaba decir más. De hecho, con gran elocuencia, su madre había puesto en sus manos aquella decisión.
De repente, una sonrisa apareció en sus labios. Posteriormente, su madre le dijo de forma condescendiente:
—¿Por qué no vamos a jugar un rato al jardín? Sorpresivamente, el estado de ánimo de Javier había cambiado de forma drástica. Como resultado, el niño se puso de pie con gran rapidez, mientras decía retador:
—¡A que no me alcanzas! —Enseguida el niño se dispuso a salir corriendo.
Con una sonrisa en el rostro, Laura salió corriendo tras él. Entretanto, los gemelos se asomaron al pasillo al contemplar la escena con total incredulidad. Por supuesto, su madre era una genio. Aunque no sabían los pormenores de aquella charla, obviamente, ella había logrado solucionarlo todo. En tales circunstancias, corrieron tras ellos con alegría.
En cuanto llegaron al jardín, Javier volteó a verlos con sorpresa. Súbitamente, Carlos dio un paso hacia adelante disponiéndose a hablar.
—Javier, sabemos que te hicimos sentir muy mal. Simplemente, no pensamos bien las cosas. Por favor, discúlpanos.
Un poco más tarde, Ricardo comenzó a hablar:
—Todo fue mi culpa. Lo reconozco, pero te prometo que no volveré a actuar de esa forma. —Por consecuencia, Javier los miró receloso durante un segundo. A pesar de su molestia, sabía que sus hermanos solían actuar con torpeza en algunas ocasiones. Por consiguiente, estaba dispuesto a dejarlo todo atrás. En cualquier caso, Ricardo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de conseguir ganarse su perdón.
—Si nos perdonas, prometo ayudarte con la tarea todos los días. También puedo sacar a pasear a tus mascotas. Incluso estoy dispuesto a ayudarte a limpiar tu cuarto. —Aparentemente, Ricardo se tomaba muy en serio su petición. Desde luego, Javier no iba a desaprovechar tal oportunidad.
—De acuerdo —le dijo ofreciendo su mano la cual Ricardo tomó de inmediato. Al percatarse de tal gesto, Laura sonrió plácidamente.
A la mañana siguiente, cuando Alicia llegó a la escuela, Javier ya se encontraba ahí. En realidad el niño estaba parado afuera del salón esperándola. Tan pronto como la vio, se acercó a ella rápidamente.
—Hola ¿qué haces aquí? —preguntó la niña sonriendo.
—Dame tu mochila. Te ayudo a cargarla —contestó Javier con amabilidad.
Una vez que entraron al salón, Alicia lo miró con dulzura. En tal caso, Javier respondió al gesto.
—Quiero hablar contigo acerca de lo que pasó ayer a la salida de la escuela. Como debes recordar, le dije a nuestros padres que estaba muy agradecido porque nos habían comprometido en matrimonio.
En todo momento, Alicia mantuvo su sonrisa, pero, al escuchar sus palabras, no pudo evitar sonrojarse ligeramente.
—Sí, lo recuerdo bien —dijo con cierta timidez. A continuación, Javier la miró temeroso y luego se dispuso a hablar.
—Lo que pasó es que mis hermanos me jugaron una broma. Me dijeron que nuestros padres habían hablado de ese tema durante la cena el otro día. Sin embargo, ya se disculparon conmigo y ya todo eso quedó atrás. De cualquier manera, creí que era importante aclarar las cosas contigo.
De pronto, Alicia dirigió su mirada hacia el niño con gran interés. Sencillamente, parecía disfrutar mucho de su compañía.
—No tienes nada de qué preocuparte. La verdad papá y yo creímos que algo así había sucedido. De cualquier forma, fue algo muy tierno —le dijo sonriendo. A la vez que escuchaba sus palabras, la sonrisa en los labios de Javier se hacía cada vez más marcada. De tal forma que casi se salía de su rostro. Por tal motivo, no pudo ocultar su emoción.
—Entonces, ¿no estás molesta? —le preguntó.
—Por supuesto que no —respondió la niña —al contrario, fue algo muy lindo.
—¿Sabes una cosa? De hecho, creo que es algo muy bueno que los padres no elijan con quién deben casarse sus hijos. Así, tal decisión les pertenece solo a ellos. Cuando seamos mayores, a mí me encantaría poder casarme contigo —le confesó a la niña con audacia.
Por su parte, el rostro de Alicia se sonrojó drásticamente. Innegablemente, aquella idea no le desagradaba, puesto que Javier era su mejor amigo. Definitivamente, no había nadie más con quien quisiera casarse. Lógicamente, entendía muy poco del matrimonio. Pese a su ignorancia, ella creía que era vital que su futuro esposo fuera alguien con quien disfrutara pasar el tiempo. Por fortuna, ella ya conocía a alguien que cumplía tal requisito, por lo cual, rápidamente, mostró no estar en desacuerdo con tal idea al sonreír abiertamente.
—Me parece una idea genial.
—¿En serio? —preguntó Javier con incredulidad. Evidentemente, los niños pensaban de forma similar, dado que los dos creían haber encontrado a su futuro cónyuge. Aunado a eso, la pasaban muy bien juntos. Indudablemente, habían pensado en todo. Por tal circunstancia, los dos sonrieron con alegría. Por lo visto, no tendrían que preocuparse más por buscar pareja.
Mientras tanto, los ojos de Javier se iluminaron con un brillo especial. Después de todo, comprendió que un momento como ese debía quedar grabado en su memoria por siempre. Por tal razón, se inclinó buscando algo en el interior de su mochila. Después de unos minutos, sacó unas tijeras de la bolsa frontal.
Ciertamente, él recordaba haber visto una película en compañía de su madre. Naturalmente, ella disfrutaba de las historias románticas en las que los protagonistas se casaban al final. De tal manera que, luego de hablar con Alicia con total franqueza, no pudo evitar sentirse como uno de los protagonistas de esas historias. Al recordar lo que sucedía en la parte final de las mismas, inmediatamente decidió hacer algo para estar a la altura de la situación. En tal caso, cortó la agujeta de su zapato izquierdo. En cuanto tuvo en sus manos el cordón, se arrodilló frente a Alicia con gran romanticismo.
—Alicia, sé que somos muy jóvenes como para pensar en esas cosas. Sin embargo, quiero que sepas que, a pesar de nuestra juventud, estoy seguro de que tú eres la persona con la que me quiero casar, por tal motivo quiero pedirte que, si cuando seamos adultos no hemos cambiado de opinión, ¿te gustaría ser mi esposa?
En ese instante, la niña miró a Javier sorprendida. Definitivamente, nunca imaginó que recibiría su primera propuesta matrimonial a tan temprana edad. En cualquier caso, le parecía un gesto muy dulce, por lo que se dispuso a contestar.
—Por supuesto, que sí, acepto. Cuando seamos mayores, me encantaría casarme contigo.
A toda prisa, el niño colocó su agujeta alrededor del dedo anular de la niña atándolo a manera de anillo que representaba simbólicamente sus deseos de mantener un vínculo muy fuerte.