En ese momento, los gemelos se encontraban en serios problemas. Evidentemente, sus padres se asegurarían de darles un castigo ejemplar. A continuación, Carlos intervino asumiendo su responsabilidad en lo sucedido.
—Lo que dice Ricardo es cierto. Naturalmente, todo fue idea suya. Sin embargo, yo no hice nada por detenerlo y dejé que las cosas acontecieran de esa forma.
De pronto, el rostro de Carlos se descompuso en una mueca de preocupación. Efectivamente, sabía que si hubiera deseado hacerlo, habría podido evitar tal calamidad. En cualquier caso, no era tiempo de lamentarse. Por el contrario, debían poner manos a la obra para solucionar el problema.
Posteriormente, Laura los observó con una gran indignación.
—Ustedes saben que cometieron un grave error. Sin importar las circunstancias que lo haya propinado, debieron haber actuado de forma distinta. Lamentablemente, me temo que Javier no se sentirá nada bien ante tal situación. Desde luego, más vale que empiecen a pensar en cómo arreglar esto, pues es su responsabilidad hacerlo. Mientras tanto, les pido que reflexionen acerca de los sentimientos de su hermano.
En tales circunstancias, los chicos se miraron con gran congoja. En efecto, sabían que su hermano era alguien muy sensible. Por consiguiente, una acción tan desconsiderada como esa podría afectarle demasiado.
Enseguida Miguel se acercó hacia ellos mirándolos con furia.
—Se olvidarán de los videojuegos por tres meses, y más vale que terminen sus tareas a tiempo. —Inmediatamente los chicos voltearon a ver al hombre impactados.
—Pero, papá ¿Tres meses? —repitió Ricardo al mirarlo con incredulidad. Súbitamente, Carlos lo tomó del brazo indicándole que debía guardar silencio. Lógicamente, en sus circunstancias, cualquier cosa que dijeran podría resultar contraproducente. Repentinamente, Ricardo pareció comprender, por lo que bajó la mirada sin agregar nada más. Ante tal panorama, Laura tomó el brazo de Miguel.
—Vayan a su habitación a reflexionar sobre sus actos y a buscar una solución.
A toda prisa, los chicos se dirigieron a su habitación. En ese lugar, permanecieron un buen rato en silencio.
—Vaya, sí que estamos metidos en aprietos —dijo Ricardo después de un rato.
—No quisiera decírtelo, pero te lo dije —le contestó Carlos de inmediato. Luego de reflexionar durante un rato, llegaron a la conclusión de que tenían que actuar con rapidez, ya que, mientras más pasaba el tiempo, Javier podría hacerse cada vez más ilusiones. Por supuesto, sabían que lo único que les quedaba por hacer era confesarle a su hermano lo sucedido. Finalmente, todo se solucionaría al hablar con honestidad. Una vez que tomaron la decisión, abrieron la puerta de la habitación lentamente. Entonces, se dispusieron a llamar a su hermano.
—Javier ¿puedes venir un instante, por favor?
Rápidamente, Javier entró en la habitación mirándolos con recelo. Sin duda, se percató del extraño semblante de los chicos. Como resultado, sospechó que algo no andaba bien. Por tal situación, decidió cuestionarlos sin demora.
—¿Qué sucede? ¿Por qué me miran de esa forma?
Ciertamente, los gemelos actuaban de manera extraña. Sencillamente, no sabían por dónde empezar. Siendo así, Carlos comenzó a hablar con gran determinación.
—Javier, hay algo muy importante que debemos decirte. —En tal caso, Carlos se preparó para aclarar las cosas de una buena vez. Por consecuencia, respiró profundamente antes de disponerse a comenzar.
—¿Recuerdas cuando te dijimos que nuestros padres y los padres de Alicia habían decidido comprometerlos en matrimonio?
Inmediatamente Javier asintió, al mismo tiempo que miraba a sus hermanos de forma interrogante.
—Claro que lo recuerdo. De hecho, no he podido dejar de pensar en ello desde aquel día. —Al escuchar sus palabras, Carlos no pudo evitar sentir cierta incomodidad en su interior.
—La verdad, tenemos que confesarte algo. —Mientras Carlos pronunciaba esas palabras, Javier se percató del arrepentimiento en sus miradas. Rápidamente, comenzó a sospechar.
—En realidad eso no sucedió. Ese tema nunca se tocó durante la cena. Eso es algo que nadie haría en la actualidad. Simplemente, decidimos decirte eso para hacerte una broma.
En cuanto escuchó sus palabras, Javier sintió que iba a desmayarse. En definitiva, una gran desilusión se apoderó de él. ¿Lo que sus hermanos le estaban diciendo era que nunca había existido tal compromiso? Obviamente, sintió una terrible desilusión. No obstante, el niño se quedó en silencio, puesto que no sabía qué decir. Entre tanto, los gemelos se miraban confundidos sin saber qué hacer. A medida que el tiempo transcurría, el silencio se volvió cada vez más insoportable. Por tal motivo, Carlos no pudo evitar intervenir.
—Estamos muy arrepentidos y sabemos que cometimos un grave error. Por favor, ¿podrías perdonarnos? —De cualquier forma, Javier seguía mirándolos inexpresivo. Aparentemente, aún no lograba procesar toda esa información. Por lo tanto, el nerviosismo de los gemelos se hizo cada vez más grande. Después de todo, sabían lo importante que había sido todo eso para él. De tal forma que su silencio parecía ser más fulminante que cualquier reclamación.
Por su parte, Javier estaba impactado. Claramente, aquellas palabras habían sido devastadoras para él. Por tal razón, respiró profundamente. Acto seguido, se dispuso a salir de la habitación sin decir nada.
Tan pronto como se quedaron solos en la habitación, los gemelos sintieron una enorme culpa.
Mientras tanto, Javier se acostó sobre su cama. A pesar de que eran las cuatro de la tarde, sintió un inmenso cansancio. De repente, escuchó unos ligeros golpes en la puerta. Sin embargo, decidió ignorarlos sin prestarles mayor atención. Realmente, no estaba de humor para nada. Sencillamente, tenía unos grandes deseos de dormir. Definitivamente, los gemelos se alarmaron mucho ante tal reacción, por lo que decidieron permanecer afuera de su habitación.
Desgraciadamente, Javier no parecía tener intenciones de abrir la puerta. De tal manera que los chicos se armaron de paciencia. Por su parte, el niño experimentaba emociones encontradas. Primero, sentía una gran decepción. Naturalmente, la idea de que algún día se casaría con Alicia le había traído mucha alegría, por lo cual, al enterarse de que todo había sido una broma, no pudo evitar experimentar mucha tristeza.
En segundo lugar, se sentía avergonzado, debido a que había sido víctima de una broma de muy mal gusto. Además de todo, no solamente habían sido los gemelos quienes se habían burlado de él. Probablemente, sus padres, los padres de Alicia y la misma niña habían tenido una reacción similar. En tales circunstancias, no pudo evitar sentir una gran mortificación. Por tal motivo, no tenía intenciones de salir de la cama. Simplemente, deseaba permanecer en ese lugar por siempre.
A medida que el tiempo transcurría, los gemelos se sentían cada vez más mal. Siendo así, decidieron buscar ayuda, dado que no sabían cómo solucionar el problema. Por consecuencia, se acercaron a su madre. De pronto, tocaron tímidamente la puerta de su habitación.
—¿Se puede? —preguntó Carlos en un susurro. Súbitamente, su madre los miró con dureza.
—¿Qué sucede? ¿Ya hablaron con Javier? —Con rapidez, Ricardo asintió.
—Justamente, por eso hemos venido a buscarte. Cómo era de esperarse, él no reaccionó nada bien ante la noticia. En realidad no nos dijo ni una sola palabra. En cambio, se encerró en su habitación. Desde ese momento, no ha abierto la puerta y ya han transcurrido varias horas. La verdad no sabemos qué hacer.
Lógicamente, Laura se sintió preocupada al escucharlos. Por lo tanto, decidió poner manos a la obra.
—Voy a hablar con él —les dijo abruptamente.
—Sin embargo, deben entender que le causaron mucha tristeza a su hermano. Espero que no vuelvan a actuar con tal desconsideración. —Enseguida los gemelos bajaron la mirada. Innegablemente, comprendían las implicaciones de sus actos. En tal caso, estaban convencidos de que nunca volverían a actuar de esa forma. A continuación, Laura se dirigió a la habitación del niño. En efecto, no se sorprendió al encontrar la puerta cerrada. De cualquier forma, tocó la puerta suavemente al preguntar:
—¿Puedo pasar? —Claramente, no obtuvo ninguna respuesta. No obstante, la puerta se abrió sorpresivamente. Por consiguiente, Laura se dispuso a entrar. En cuanto puso un pie en la habitación, se percató de que su hijo estaba recostado sobre la cama. En ese instante, no pudo evitar sentir un estremecimiento en el corazón. Ante tal panorama, se sentó sobre la cama y comenzó a acariciar su cabeza.
—Cariño, ¿Te gustaría hablar de lo que pasó? —De inmediato, Javier negó con la cabeza. Después de todo, no tenía ganas de nada.