Tan pronto como llegaron a casa, Sergio le contó a Yolanda lo sucedido. Definitivamente, estaba impactado. Desde luego, no podía entender lo que había sucedido a la salida del colegio. Sin duda, debía tratarse de un malentendido. Claramente, el niño debía estar confundido. Luego de escuchar su relato, Yolanda lo observó sorprendida.
—¿Entonces, Javier les agradeció por haberlo comprometido en matrimonio con Alicia? —En ese instante, los ojos de la mujer se abrieron muy grandes. Repentinamente, Sergio asintió sintiéndose escandalizado. Obviamente, la situación lo sobrepasaba. Yolanda estaba ciertamente sorprendida por aquel relato. Sin embargo, luego del impacto inicial, creía que aquello era hilarante.
—En realidad, no veo ningún problema en ello. En definitiva, se trata de una confusión o quizá una broma. En cualquier caso, Javier y Alicia no son más que unos niños con una amistad envidiable.
Por supuesto, a Sergio aquella escena le había causado una gran incomodidad. Naturalmente, Laura sabía que él no estaba tan tranquilo como quería aparentar. Por lo tanto, decidió minimizar lo sucedido actuando de forma despreocupada. Lógicamente, entiendo que el niño debió haber estado confundido.
—De cualquier manera, ¿no te parece que quizás deberíamos hacer algo al respecto? No sé, tal vez podríamos hablar con los padres del chico —dijo el hombre con gran preocupación. Inmediatamente, Yolanda lo miró con incredulidad.
—Sencillamente, no encuentro el motivo para hacerlo. De hecho, me parece que, ante tal situación, deberíamos mantenernos al margen.
Repentinamente, Sergio sintió la necesidad de explicarle a su esposa con más detenimiento sus sentimientos. Por consiguiente, la observó lleno de impotencia. Por su parte, la mujer sonrió con desenfado. De pronto, Alicia entró a la habitación con una gran sonrisa en el rostro.
—Mamá, ¿ya te contó papá lo que sucedió en la escuela? —preguntó al mirar a su madre de forma interrogante. Yolanda sonrió condescendiente, mientras la escuchaba.
—Aparentemente, Javier piensa que estamos comprometidos en matrimonio y que pronto vamos a casarnos —dijo con una radiante sonrisa en los labios. Al escucharla su madre la miró divertida.
—Sí, ya me lo contó.
Mientras tanto, la niña no podía ocultar su alegría.
—Cariño, ¿por qué crees que Javier haya dicho algo así? —le preguntó la mujer con cautela. De inmediato, el rostro de Alicia adoptó una gran seriedad al decir:
—Seguramente está confundido. De cualquier forma, ¿no te parece genial? —Rápidamente, su rostro volvió a adquirir aquel brillo de antes.
—Claro que sí —respondió Yolanda. Las chicas siguieron charlando al mismo tiempo que abandonaban la habitación ante la mirada escandalizada de Sergio.
—Evidentemente, sé que soy muy joven para pensar en matrimonio, pero ¿no crees que sería genial si me casará con él algún día?
Yolanda no pudo evitar sentir una gran ternura al observarla.
—Innegablemente, sería algo genial.
Abruptamente, no pudo evitar observar a su consternado esposo de reojo.
Entretanto, Miguel conducía su auto en compañía de Javier, quien miraba distraído por la ventana. La verdad, su padre por fin comprendió por qué él había estado actuando de esa forma. Últimamente, el niño se había estado comportando de forma inusualmente solemne. Después de todo, creía que sus padres lo habían comprometido en matrimonio. En tales circunstancias, se preguntaba de dónde habría sacado una idea como esa. Como resultado, lo miró con enorme preocupación.
—Javier, dime una cosa. Hace unos momentos, nos agradeciste a mí y al padre de Alicia por haberlos comprometido en matrimonio, pero ¿por qué hiciste tal comentario?
Ante tal panorama, Javier lo miró de forma elocuente.
—Me parece que era algo que debía hacer. —Al percatarse de la solemnidad en el tono de voz de su hijo, Miguel no pudo evitar estremecerse. De repente, pareció percatarse de la gran seriedad con la que Javier tomaba el asunto. En tal caso, sabía que debía ser muy cuidadoso al tocar el tema con él. Finalmente, no quería hacerlo pasar un mal rato ni romperle el corazón.
Siendo así, decidió no abordar el tema solo, pues, efectivamente, comprendió que necesitaba el apoyo de su esposa. Por consecuencia, tan pronto como llegó a casa, entró al lugar en compañía de su hijo. A toda prisa, el niño saludó a su madre con un cálido beso en la mejilla. Laura pareció sorprendida por el gesto. A pesar de ello, le devolvió el beso con ternura.
—¿Cómo estás, cariño? ¿Tuviste un buen día en la escuela?
—El mejor —contestó Javier lleno de alegría. Enseguida Sergio se dispuso a intervenir al decir:
—Javier, ¿por qué no vas a cambiarte de ropa para que estés más cómodo y podamos comer?
Acto seguido, el niño le sonrió a su padre, a la vez que se disponía a abandonar la habitación. En cuanto salió del lugar, Miguel volteó a ver a Laura con gran angustia.
—Cariño, sucedió algo a la salida del colegio.
Por la gravedad de sus palabras, Laura creyó que debía tratarse de algo importante, pero decidió esperar un poco antes de sacar conclusiones, ya que estaba al tanto de la tendencia de su esposo de exagerar las cosas. En cualquier caso, lo observó con una inmensa curiosidad.
—¿De qué se trata? ¿Qué fue lo que sucedió a la salida del colegio? —Un poco más tarde, Miguel se dispuso a contarle todo con lujo de detalle. Entretanto, la mujer lo escuchaba con atención.
—Entonces, él nos agradeció por haberlo comprometido en matrimonio con Alicia. Naturalmente, no sé de dónde sacó esa idea. Pese a ello, indudablemente, debemos aclarar esta situación con él cuánto antes. La verdad, decidí no precipitarme a hablar del tema con él. Definitivamente, quiero hacerlo de la mejor forma. Debiste haber visto su rostro ilusionado.
Naturalmente, a Miguel le preocupaba mucho romper el corazón de su hijo. Por tal razón, sabía que debía actuar con absoluta precaución.
Luego de escuchar su relato pacientemente, Laura frunció los labios con molestia. Aparentemente, parecía tener una idea de lo que había sucedido. De tal forma que se puso de pie súbitamente.
—¡Carlos, Ricardo! ¡Vengan aquí! —inmediatamente les llamó con un gesto de molestia en el rostro. Ante tal acto, Miguel comprendió lo sucedido. Sin duda, normalmente, los gemelos siempre encontraban la manera de meterse en problemas. En tales circunstancias, estaba seguro de que tenían algo que ver en todo aquello. A continuación, los chicos entraron a la habitación cautelosamente como si pudieran entender el gran problema en el que se encontraban.
—¿Qué sucede? —preguntó Carlos al mirar el disgustado rostro de sus padres. Rápidamente, Laura caminó hacia ellos fulminándolos con la mirada.
—Su padre acaba de ir a recoger a Javier al colegio y ¿qué creen que pasó?
En ese momento, los gemelos pasaron saliva mirándose uno al otro sin comprender nada, aunque el tono de voz de su madre les indicaba que lo que fuera que hubiera sucedido apuntaba hacia ellos. A toda prisa, los chicos negaron con la cabeza. Enseguida Laura continuó su relato.
—Resulta que Javier le agradeció a su padre y al padre de Alicia por haberlos comprometido en matrimonio.
De pronto, los gemelos dieron muestras de sorpresa. Por su parte, Carlos se llevó la mano hacia la boca cubriendo así su sorpresa. Entretanto, Ricardo dirigió su mano hacia su cabeza con gran consternación. Finalmente, pudieron comprender la gravedad del asunto. Posteriormente, los hermanos se miraron preocupados. Sencillamente, comprendían los graves consecuencias que les aguardaban.
Ante su apabullante silencio, Miguel se puso de pie acercándose a ellos de forma desafiante.
—¿Y bien? ¿Qué tienen que decir al respecto? ¿Por qué tengo la sensación de que ustedes son los responsables de todo esto?
Puesto que los chicos entendían su responsabilidad en el asunto, bajaron la mirada al experimentar una gran culpabilidad. Al percatarse de la actitud de los chicos, Laura se dirigió a ellos una vez más.
—Estamos esperando una explicación. —De inmediato, Carlos, quien siempre se había mostrado como el más maduro de los dos, comenzó a hablar. De forma que le explicó a sus padres lo sucedido.
—Era solo una broma. Pensábamos aclarar las cosas en cuento Javier volviera a casa. —Carlos parecía comprender la gravedad de la situación que enfrentaba, al mismo tiempo que Ricardo miraba el piso con enorme consternación.
—De hecho, todo fue culpa mía —reconoció de repente.