Asumiendo su compromiso

1286 Words
A la mañana siguiente, Javier llegó muy temprano a la escuela. Luego de lo que le dijeron sus hermanos, no podía esperar para ver a Alicia. Tan pronto como llegó a la escuela, se dirigió al salón con la esperanza de verla. Sin embargo, ella aún no llegaba. De cualquier forma, el niño comenzó a reflexionar acerca de lo que aquel compromiso significaba en su vida. En realidad, ni siquiera le pasó por la mente la posibilidad de que sus hermanos le estuvieran jugando una broma. Sencillamente, creyó en sus palabras sin siquiera cuestionarlos. Un poco más tarde, Alicia llegó al salón luciendo un hermoso vestido color rosa, el cual la hacía lucir muy linda. En cuanto Javier dirigió su mirada hacia ella, sintió una extraña sensación. Definitivamente, se sintió muy agradecido con sus padres por haber tomado tal decisión. Sin duda, él era un chico muy afortunado. —Hola, ¿qué estás haciendo? —le preguntó Alicia en cuanto se sentó a su lado. Repentinamente, Javier volteó a verla con gran solemnidad. —Nada importante solo te estaba esperando. —¿En serio? —Rápidamente, Javier asintió sonriendo. De inmediato, Alicia lo miró complacida. Desde luego, la compañía de ese niño la hacía muy feliz. De pronto, la clase comenzó y los niños no tuvieron oportunidad de seguir charlando. A medida que transcurría el tiempo, Alicia se percató del inusual comportamiento de Javier. En más de una ocasión, lo sorprendió mirándola, lo cual le causó cierta sorpresa. Aunque al principio se sintió un poco incómoda, posteriormente, se sintió halagada. Como resultado, sin previo aviso, lo miró de forma interrogante. —¿Qué sucede? ¿Por qué me estás viendo de esa forma?  —No es nada —le dijo el niño. —Tan solo me preguntaba si te encontrabas bien. Naturalmente, tal respuesta le pareció bastante extraña a Alicia. Por consiguiente, lo observó entrecerrando los ojos. —Por supuesto que me encuentro bien. ¿A qué te refieres?  Inmediatamente, el niño bajó la mirada con timidez. Un comportamiento bastante inusual en él. —En realidad me preguntaba si quizás necesitabas algo o si te gustaría que hiciera algo por ti. —Lógicamente, esa respuesta llamó mucho más la atención de la niña, quien lo miraba cada vez con más desconcierto. —¿A qué te refieres? —le pregunto una vez más. Evidentemente, Javier notó el desconcierto en su mirada. En tales circunstancias, le sonrió con nerviosismo al decir: —No te preocupes. No es nada. A lo largo de la clase, Javier siguió observando a Alicia de reojo. Si bien ella se percató de tal comportamiento, decidió no prestarle demasiada atención. De hecho, no era la primera vez que el niño actuaba de forma extraña a su alrededor. En cualquier caso, Alicia prefería disfrutar de la atención recibida. Afortunadamente, las clases terminaron dando pasó al recreo, el cual los niños disfrutaron mucho. Mario les hizo compañía. Siendo así, los tres niños disfrutaron de los juegos y las ocurrencias mutuas. Cuando las clases terminaron, Alicia se había olvidado por completo del inusual comportamiento que su amigo había tenido por la mañana. En tal caso, recogió sus cosas alegremente disponiéndose a partir. Una vez que salieron del colegio, los niños se encontraron con sus padres, quienes casualmente habían acudido a recogerlos. Al reconocerse, los hombres se saludaron con cordialidad. Después de todo, luego de la agradable cena que habían compartido hacía unos días, su relación se encontraba en muy buenos términos. —Hola, ¿cómo estás, Sergio? —dijo Miguel ofreciendo su mano en un cálido gesto.  De tal forma que los hombres se saludaron fraternalmente, mientras los niños intercambiaban miradas de complicidad, ya que les agradaba mucho percatarse de que sus padres mantenían una buena relación.  —Muy bien gracias, ¿y tú? —contestó Sergio al estrechar su mano. Después de charlar un rato de trivialidades, el rostro de Alicia se descompuso. De repente, recordó que había olvidado debajo de su escritorio un libro muy importante para realizar la tarea de ese día. Al notar el cambio en la niña, Javier súbitamente intervino. —¿Qué pasa, Alicia? ¿Te encuentras bien? —Enseguida la niña explicó lo sucedido.  —Lo que pasa es que olvidé el libro de matemáticas bajo mi escritorio. Sin él, no podré realizar la tarea esta tarde.  Realmente, Alicia era una chica que ponía gran dedicación a sus actividades escolares. Obviamente, al escuchar sus palabras, Sergio no pudo evitar sonreír. Sorpresivamente, Javier dio un paso hacia adelante al decir:  —No te preocupes. Yo iré por él.  Abruptamente, le entregó sus cosas a su padre y se dispuso a dirigirse al salón. Con gran rapidez, Javier se encargó de conseguir el libro. Por consecuencia, volvió al lado de Alicia a toda prisa. Finalmente, le entregó el libro con un gesto triunfal en el rostro.  —Muchas gracias. —Acto seguido, Sergio le agradeció:  —No era necesario que lo hicieras —le dijo. No obstante, Javier creyó que ese era el mejor momento para demostrar la seriedad con la que asumía su compromiso con Alicia. En tal circunstancia, Javier la miró con una enorme solemnidad.  —Por supuesto que era mi obligación ir por el libro. En definitiva, cualquier cosa que Alicia necesite es mi prioridad. Indudablemente, al escucharlo hablar de esa manera, los adultos lo miraron impactados. Indudablemente, su comportamiento parecía ser el de alguien mucho más maduro. Entretanto, Alicia lo miraba divertida. Por lo visto, ese día, Javier estaba decidido a actuar de forma extraña. Ante tal panorama, Miguel volteó a verlo sorprendido preguntándose qué estaría tramando su hijo. —Vaya, te lo agradezco mucho. De cualquier manera, no te preocupes demasiado. En realidad no debes preocuparte por nada —le dijo Sergio con nerviosismo. En efecto, con total determinación, Javier respiró profundamente antes de dar un paso hacia delante para hablar. —La verdad quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecerles a los dos por nuestro compromiso matrimonial. Sé que aún falta mucho para que Alicia y yo nos casemos. A pesar de ello, quiero que sepan que su decisión me ha causado una inmensa alegría. En cuanto Javier comenzó a hablar, los hombres lo escucharon boquiabiertos. Totalmente escandalizados por sus palabras, ninguno de los dos supo qué decir. Por fortuna, Alicia sonreía plácidamente como si todo aquello le resultara fascinante.  Enseguida Sergio se ruborizó notablemente, a la vez que Miguel llevaba su mano hacia su boca con total sorpresa. Simplemente, la escena era bastante impactante. De tal forma que los hombres se observaban en silencio sin atreverse a decir nada. —Claramente, estás actuando de forma muy extraña hoy —le dijo Alicia sonriendo. En cambio, aquel suceso la hizo sentir realmente halagada. Rápidamente, Miguel tomó a su hijo de los hombros mirándolo fijamente. —Ya veo —le dijo sin agregar nada más. A continuación, se dispuso a salir con rapidez de ahí. —Ustedes disculpen. Necesito hablar en privado con mi hijo. Qué bueno que recuperaste tu libro de matemáticas —le dijo a Alicia con gran nerviosismo. Posteriormente, se dispuso a marcharse abruptamente del lugar. Tan pronto como se quedaron solos, Sergio volteó a ver a la niña sorprendido.  —¿Tú sabes de qué está hablando Javier? —Lógicamente, Alicia negó con la cabeza. —No tengo idea —le dijo. Pese a sus palabras, la radiante sonrisa no desaparecía de su rostro.  —¿No te parece que es un chico muy tierno? —le preguntó a su padre con dulzura. Desde luego, la pregunta lo tomó por sorpresa. Por tal motivo, Sergio la miró sin saber qué decir. —Ya lo creo que sí —respondió luego de un rato.
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