Un inusual compromiso

1479 Words
Enseguida, el niño se dispuso a enseñarle a sus peces. —Este de aquí se llama Celeste y este es Pedro. A diferencia de las aves, ellos no se llevan muy bien. Sin embargo, son muy tranquilos. Por lo regular, prefieren mantener su distancia. En definitiva, Alicia disfrutó mucho conocer a todas sus mascotas. Aunque algunas eran bastante peculiares, en términos generales, parecían bastante amigables. En tal caso, la velada transcurrió con normalidad. Desde luego, los niños jugaron animadamente todo el tiempo. Mientras tanto, los adultos disfrutaron de una charla bastante amena. No obstante, los que parecían un poco aburridos eran los gemelos, ya que su hermano menor los ignoraba totalmente. Aunado a ello, los adultos tampoco les prestaban demasiada atención. Por tal motivo, después de un rato, los chicos pidieron permiso para levantarse de la mesa. Inmediatamente, se dirigieron a su habitación. En ese lugar, permanecieron un buen rato charlando. —¿No te parece muy extraño el comportamiento de Javier? Nunca antes lo había visto tan contento por haber invitado a alguien a casa —dijo Carlos con gran honestidad. Definitivamente, no había visto a su hermano actuar de esa forma. Por consiguiente, estaba muy impactado. En su opinión, Alicia era una chica muy linda. De cualquier forma, le parecía un poco boba. —Tienes razón. De hecho, desde el día que la conoció, ha estado actuando muy extraño. —De repente, Ricardo entrecerró los ojos de forma mordaz. Sencillamente, aquello no le daba buena espina. Después de todo, ¿cómo podría saber si aquella chica era una buena influencia para su hermano? —Por supuesto, yo no me preocuparía demasiado. Además, mamá y papá sabrán cómo lidiar con esta situación en caso de que represente algún problema.  De los dos gemelos Carlos siempre fue el más centrado. En cualquier caso, luego de un par de horas, los chicos estaban muy aburridos, por lo que, sin pensarlo, comenzaron a planear la más absurda broma. Sin duda, ese tipo de acciones eran normales en ellos, pues siempre buscaban la manera de escapar del aburrimiento. Luego de una velada agradable, los invitados se dispusieron a despedirse. Ciertamente, los niños habían pasado un muy buen rato juntos. Desgraciadamente, ya era hora de partir. —Les agradezco mucho que hayan venido a mi casa. Así, Alicia pudo conocer a mis mascotas. Espero que vuelvan a visitarnos pronto —dijo Javier con una gran sonrisa en el rostro. Entretanto, Alicia sonreía satisfecha al despedirse de sus anfitriones. Naturalmente, todos compartían la opinión de Javier. Simplemente, aquella había sido una noche muy agradable. Al día siguiente, al volver del colegio, Javier parecía muy alegre. En ese momento, comenzó a jugar con su perro, el cual corría por toda la casa sin ningún cuidado. Ante tal panorama, sus hermanos lo observaban con molestia, debido a que intentaban hacer la tarea. Desafortunadamente, el alboroto de su alrededor no les permitía avanzar. A continuación, se dispusieron a esperar un poco a que el niño finalmente se cansara, pero, por el contrario, parecía que su energía era inagotable. Como resultado, con gran irritación, Ricardo se puso de pie súbitamente. —Javier ¿podrías guardar silencio por favor? Estoy tratando de estudiar —le dijo con molestia. —¡Claro! —respondió el niño. —Tan solo necesito alcanzar a Puko. Si no lo hago, quizá ataque una vez más a Lázaro y eso sería terrible. Ante tal panorama, los chicos intentaron armarse de paciencia. Una vez más ,Ricardo intentó concentrarse en el libro que tenía enfrente. Lamentablemente, Javier continuó corriendo a su alrededor sin ningún cuidado. De tal forma que Ricardo se levantó bastante irritado. Rápidamente, comprendió que si deseaba avanzar en su tarea, tendría que recurrir a una táctica más eficaz Un poco más tarde, con enorme determinación se puso de pie en la puerta y comenzó a llamar a su hermano. —Javier, Ven un momento, por favor. —En ese instante, su hermano Carlos lo observaba con desconfianza. —¿Qué sucede? —preguntó Javier repentinamente al aparecer frente a la puerta. —No es nada importante. Solamente tengo curiosidad. Dime una cosa, ¿qué se siente estar comprometido tan joven? Tan pronto como escuchó sus palabras, Carlos lo miró con una inmensa sorpresa. Aparentemente, su hermano había decidido llevar a cabo aquella broma que habían discutido el día anterior. Entonces, Javier observó a sus hermanos con una mueca contrariada en el rostro. Efectivamente, parecía no entender lo que ellos estaban tratando de decir. —¿Comprometido? —preguntó confundido. La verdad, Ricardo había previsto que no entendería aquello. De cualquier manera, estaba listo para ofrecerle una explicación detallada. —Hace muchos años algunas familias recurrían a una práctica para asegurarse un buen futuro. Desde que sus hijos eran muy pequeños, acordaban su compromiso matrimonial para cuando fueran mayores. Es decir, elegían a sus futuros esposos o esposas.  Por su parte, Javier escuchaba a su hermano con atención. A pesar de ello, seguía sin entender su pregunta. —Ya veo, pero ¿eso qué tiene que ver conmigo? —Lógicamente, el niño estaba totalmente perdido. —¿Cómo? ¿Acaso no sabes por qué mamá y papá invitaron a cenar a los padres de esa niña? —preguntó con tono suspicaz. Posteriormente, Carlos lo miró con total desaprobación. En cambio, Ricardo no le dio demasiada importancia. Si bien su broma era un poco extrema, era necesaria para restablecer la paz en casa. De pronto, Javier abrió los ojos muy grandes. —¿Lo que quieres decir es que nuestros padres…? —Acto seguido, el niño guardó silencio ante tan impactante revelación. Totalmente anonadado, Javier salió de la habitación en silencio, a la vez que Carlos miraba a Ricardo de forma fulminante. —¿Cuál es el problema? —preguntó el chico con gran desfachatez. En efecto ,Carlos tenía que admitir que aquella ocurrencia había logrado traer paz a la habitación. Pese a lo sucedido, sabía que una acción como esa podría tener repercusiones fatales. Por consecuencia, estaba seguro de que tarde o temprano, eso les traería algún conflicto. Sin embargo, ya se encargarían de la situación en el futuro. Por lo pronto, debían concentrarse en terminar sus tareas. Mientras tanto, Javier buscó refugio en su habitación. Claramente, estaba impactado con las noticias. Por lo visto, sus padres habían decidido comprometerlo en matrimonio con Alicia. Obviamente, sus hermanos creyeron que ante tales noticias el niño se sentiría horrorizado. Sin duda, nunca imaginaron que, por el contrario, aquella noticia le causaría emoción. De hecho, Javier estaba totalmente fascinado ante la posibilidad de casarse con Alicia en su edad adulta. Siendo así, sentía que su corazón latía con gran intensidad. Definitivamente, no encontraba las palabras para expresar aquello que sentía en su interior. Evidentemente, debía ser el chico más afortunado del mundo. Aunado a ello, tenía a los padres más increíbles del universo. Realmente, todo aquello era bastante abrumador. De cualquier forma, los chicos habían logrado su cometido, dado que la casa se quedó extrañamente silenciosa. A la mañana siguiente, durante el desayuno, Carlos y Ricardo se percataron de la inusual actitud de su hermano menor. Por lo regular, el niño era siempre muy ruidoso, por lo cual siempre buscaba la forma de llamar la atención cantando o riendo sin ningún control. En cualquier caso, esa mañana parecía muy callado. Rápidamente, Carlos volteó a ver a Ricardo de forma interrogante. Inmediatamente el chico decidió hablar con su hermano aprovechando la momentánea ausencia de su madre, quien había subido a su habitación por un momento. —¿Qué te sucede? ¿Por qué estás tan callado? —le preguntó con precaución. No obstante, Javier pareció no escucharlo, pues parecía estar inmerso en sus pensamientos. Ante tal panorama, Carlos comenzó a preocuparse. Ciertamente, su broma parecía estar teniendo un efecto inusitado. —Oye, acabo de hacerte una pregunta —volvió a preguntar Ricardo con enorme determinación. En esa ocasión, logró llamar la atención del chico, quien repentinamente volteó a verlo.  —Perdón, ¿qué fue lo que dijiste? —En definitiva, el niño lucía distraído.  —Te pregunté por qué estabas tan callado. ¿Acaso te sientes mal? —Abruptamente, Javier negó con la cabeza al mismo tiempo que se disponía a explicar. —No me pasa nada. Solo estaba pensando acerca de mi compromiso con Alicia. Al pronunciar esas palabras, su rostro adquirió una solemnidad sorpresiva. Por consiguiente, Carlos comprendió que aquello requería una intervención inmediata.  Desgraciadamente, su madre entró de repente a la cocina. —Tenemos que hablar contigo más tarde —le dijo Carlos con aparente preocupación. Enseguida su madre lo miró de forma interrogante. —¿Qué sucede? ¿Por qué necesitan hablar con Javier? —No es nada importante. Es algo referente a una tarea —mintió Carlos fingiendo tranquilidad. Aunque, en su interior, se sentía un poco preocupado. Sencillamente, estaban en serios problemas.
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