NARRA JULIANA.
–Adelante, está es tu nueva casa Juliana, acomódate tranquila, ya que tienes al menos varios minutos antes de la reunión en la parroquia para la ceremonia de bienvenida, en donde el padre Camilo dará una misa –terminó de decir abriendo una puerta mientras sonreía forzosamente. La puerta rechinó al abrirse, allí había tres chicas dentro de la habitación, la cual era demasiado pequeña como para alojarnos a todas. Entré y lo primero que observé es que tenía techos altos, sus paredes no estaban pintadas ni decoradas más que por ladrillos, algún que otro crucifijo, dos cuadros de lo que parecían dos Santos importantes, los cuales por supuesto desconocía y había unas seis camas, que desde aquí ya se veían muy poco cómodas, la puerta se cerró tras mí todas las demás novicias me observaron fijamente bajé mi mirada y me acerque a la primer cama que tenía en mí camino sentía la mirada de todas ellas sobre mí.
–Mi nombre es Daniela, significa " Dios es mí juez", ¿y el tuyo? – preguntó una de ellas acercándose a mi, al mirarla ella sonreía y tenía aspecto de alguien gentil.
–Juliana – respondí mirando a las otras dos chicas, y volviendo mí atención al bolso que había traído conmigo.
–Mi nombre es Camila y no quiero estar aquí – dijo una de ellas, presentándose, Camila estaba acostada sobre su cama, con la ropa del uniforme a medio poner, la ropa de su bolso por todas partes – Tengo 18 años a mis padres les pareció una buena idea entregar su problema al señor–dijo levantando sus manos al cielo mientras nos miraba con una sonrisa –Pero en la primer oportunidad que tenga, me escaparé – terminó de decir y cerró sus ojos simulando dormir.
Daniela y la otra chica se miraron entre sí mientras murmuraban algo, saque lo que debía ponerme y lo deje sobre la cama, estoy lista para esto, pensé.
–Mi nombre es María – dijo la voz de otra chica interrumpiendo con mis pensamientos. Levanté la mirada y sonreí gentilmente, demasiado para mi gusto, generalmente no tenía que fingir que me agradaban las personas, pero aquí debía hacerlo si al menos quería sobrevivir una semana.
–Literalmente este fue mí sueño desde pequeña, juró que siempre quise ser monja – comenzó hablando ella mientras yo intentaba prestarle atención.
–¿Es de enserio? ¿Por qué una niña soñaba con ser monja? –preguntó Camila interrumpiéndola. –O espera, ¿dijiste que te llamabas María no es así?, eso tiene mucho sentido continúa– terminó de decir volviendo a cerrar sus ojos mientras que María parecía querer gritarle como respuesta, pero no lo hizo sino que se tranquilizó rápidamente y continuó como si nada hubiera pasado volviendo a su falsa sonrisa.
–Como dije, este es mí sueño desde pequeña creo que soy la única que entró con un 10, ¿no es así? y con carta de recomendación solo unas pocas afortunadas podría hacerlo –Continuó hablando, pero la única que le prestaba atención era la otra chica gentil llamada Daniela , en mí caso ya me había aburrido en exceso.
–Lo único que voy a extrañar son los labiales – comentó una cuarta chica saliendo del baño, con sus labios pintados lo cual me sorprendió, ya que creí que no estaba permitido –Mí nombre es Priscila – saludo sonriendo, solo levanté mí cabeza y sonreí en señal de saludo, ya me había agotado este lugar y solo hacía minutos que había entrado. – ¿Es original?, porque no lo parece – preguntó sorprendiéndome mientras señalaba mí bolso. Mire para ver cuál había traído, ni siquiera me fijaba en esas cosas aunque sabía que era original no era algo que me interesará como al parecer a ella si. Iba a responder, pero María me ganó de mano.
– Claro es, digo seguramente de marca, ella es una Valdés – respondió mientras sonreía, pero mí cara no fue la misma, odiaba escuchar ese apellido como si fuera lo único que le daba valor a mí persona.
–¿Tu padre es el dueño de todas las empresas Valdés, no es así?.- preguntó Daniela mientras Priscila parecía rebajarme con la mirada.
–No, tal vez me confunden con otra persona – respondí rápidamente.
Todas quedaron en silencio observándome cuando el ruido de la puerta abriéndose, me salvó.
–Alabado sea Dios–dijo una voz de una mujer mayor y mientras giraba para verla todas respondieron menos yo.
–Alabado – dijeron al unísono mis compañeras y las dos monjas que habían entrado con la madre superiora al mismo tiempo que ella, pero de mí boca nada salió. Mi corazón estaba acelerado y nervioso sin ninguna razón, y mí mirada estaba pérdida en una de las monjas, a diferencia de las otras dos mujeres que habían entrado con ella, ella tenía algo que me llamaba la atención, tal vez sea sus mejillas rojas y sus ojos los cuales brillaban llamativamente, sus ojos estaban rojos como si hubiera estado llorando recientemente y aquello me preocupó, lo primero que pensé, lo primero que sentí desde hacía mucho tiempo era eso, me preocupe por aquella joven desconocida. No podía dejar de mirarla, no oí nada de lo que la madre superiora dijo, justo cuando esos ojos celestes chocaron con los míos, y está comenzó a caminar hacia mi … tan lentamente, paso tras paso hacia mi.
Casi por inercia, como si no pudiera controlarlo, estuve a punto de preguntarle "¿Por qué lloras?" o "¿Estás bien?". Pero su voz, saliendo de aquellos labios me lo impidió.
–Póngase su hábito de inmediato –ordenó ella sin mirarme a los ojos tomando el uniforme y entregándomelo.
–Primero permita que nos diga su nombre, no le parece hermana Valentina ? –preguntó la amable anciana con una sonrisa.
Valentina, ese es su nombre.
–Tiene razón madre superiora lo siento –respondió ella avergonzada dándome la espalda.
Todas me miraban esperando mí respuesta, la cual tardé en dar, ya que estaba distraída. supongo que los nervios de este nuevo lugar me habían dominado. La anciana sonrió y levantó su mano en forma de indicarme que aún esperaba.
–Oh, mí nombre es Juliana– respondí tímidamente.
–Dios te bendiga, Juliana– dijo la madre superiora caminando hacia mí, pasando por al lado de Valentina, dedicándole una mirada y continuando su camino a mí.
–Dios la bendiga a usted también– respondí una vez que la tuve enfrente. Ella tomó mis manos con dulzura, la paz que transmitía esta mujer era sorprendente, es eso lo que había venido a buscar en este lugar, paz.
–Deseo que te sientas bienvenida, deseo que todas ustedes se sientan bienvenidas– respondió mirando hacia todas mis compañeras, tomó mí uniforme y me lo entregó – El hábito es nuestro escudo, es necesario que lo tengas puesto siempre, y esto va para todas, solo pueden quitárselo a la noche cuando vienen a recostarse y reemplazarlo por un camisón, a la mañana desde muy temprano deberán alistarse y volver a ponérselo antes de salir por esa puerta. ¿Lo entienden? – preguntó dirigiendo su mirada hacia todas.
–Si madre superiora –respondieron rápidamente.
–Lo siento iré a ponerlo enseguida –respondí avergonzada, tomando aquellas prendas.
–Tomate tú tiempo, las demás vendrán conmigo a recorrer las instalaciones del convento – anunció ella mientras me dirigía hacía baño –Hermana Valentina, ¿ puede quedarse con nuestra novicia hasta que se aliste y luego ambas unirse a nosotras? – preguntó la madre superiora. Detuve mis pasos en el caminó hacia el baño esperando su respuesta mientras Camila parecía haber sido la única que se daba cuenta de esto al observarme y luego desviando la mirada.
–Claro madre superiora– respondió ella casi con pesar.
Sin embargo yo por alguna razón estaba contenta de aquello, seguí mí camino al baño, cerré la puerta y observe todo el lugar en segundos, mí guardarropa era más grande que esto y apenas tenía lugar para cambiarme, el baño solo consistía de un simple espejo y dos duchas . Comencé a desvestirme rápidamente cuando un golpe en la puerta me asustó, me acerqué a ella lentamente cuando oí su voz.
–Soy la hermana Valentina, olvidaste tu "toca" sobre la cama, aquí la tengo –respondió ella y tal vez fuera mí imaginación, pero su voz parecía temblaba.
*Toca: Es una prenda de tela usada para cubrir la cabeza."
–Claro, lo siento – respondí mientras abría apenas la puerta, ya que estaba en ropa interior, su mano entró por aquel pequeño espacio, y sostenía aquella "toca" en ella, iba a tomarla cuando noté como temblaba tanto que la prenda de tela también lo hacía, sin decir nada puse mí mano sobre la suya, sosteniéndola, su piel era fría y suave, con mí otra mano tome la tela pero sin entender el porqué mí mano se aferró más a la suya en un intento de frenar aquel temblor. Su dedo pulgar acarició el mío, un gran temblor me atravesó y mí corazón comenzó a latir más fuerte de lo que alguna vez lo hizo, casi sin previo aviso ella me soltó, dejándome un vacío que sin saberlo en ese momento no sería ni la primera ni la última vez en la que Valentina me haría sentir de esta forma. Cerró la puerta fuertemente, me apoyé contra ella, ya que debía sostenerme de algo luego de aquella interacción, ¿porque me sentía de esta forma?, porque mí corazón latía tan fuerte, miré la tela de la "toca" y la apoyé contra mí pecho.
Mire hacia la puerta de madera vieja, ella estaba apoyada de la misma forma con sus manos sobre su pecho sosteniendo su corazón intentando retenerlo para que este no salga de cuerpo y venga hacia el mío, lo sé aunque no lo estaba viendo, aun así lo sé, ya que yo me sentía de la misma forma. Solo me pregunté una sola cosa, ¿ porque Dios permitiría que me sintiera de esa manera?, y yo no lo sabía pero del otro lado aquella chica de ojos celestes, aquella muchacha de mirada triste aún cuando intentaba sonar ruda, aún cuando las únicas palabras que intercambiamos con ella fue grosera, se que se hacía está misma pregunta, ambas cuestionamos a Dios el porqué de aquel sentimiento y nos preguntamos miles de interrogantes sin tener una respuesta.