Hay una delgada línea entre lo que debemos hacer porque es correcto y lo que deseamos hacer. Aprendí aquella lección a los ocho años, un día el chofer vino a buscarme a la escuela, no quise subir porque ese día, ya que supuestamente iría a buscarme mi padre pero no lo hizo. Es por eso que muy enojada comencé a caminar casi por una cuadra mientras el auto me seguía de cerca y el chofer me rogaba que subiera. Me detuve en un árbol, iba a comenzar a llorar cuando un maullido llamó mi atención, el sonido me condujo hacia un arbusto donde un pequeño gatito gris lloraba, su mirada perdida y solitaria me hicieron darme cuenta lo parecido que éramos, él necesitaba a alguien y yo lo necesitaba a él. Lo tomé entre mis brazos su llanto, al igual que el mío desapareció, subí al auto y no lo solté de

