CAPÍTULO 2

3053 Words
AINARA Las semanas pasaron volando y la muñeca de mi madre ya iba mejor. Era extraño, podía moverla muy bien pero no sentía nada. Además, renunció a su trabajo y pasó algo raro: ni un día nos faltaba dinero, no quise preguntarle nada, ya que se la veía contenta, ¿es que acaso un accidente te pone así? porque de ser así yo también quiero uno. Con esos pensamientos me obligue a levantarme de la cama, hoy era once, por ende, hoy se daba inicio a las clases en mi universidad, y más me valía no llegar tarde el primer día, me puse un top n***o, un jean celeste y mis hermosas converse blancas, estaba divina, bueno eso pensé en cuanto me vi al espejo. Bajé hacia la cocina donde mi madre ya estaba preparando algo. –Buenos días– dije y le di un beso en la mejilla. –Buenos días, pequeña. Aquí tienes tus tortitas– dijo y puso un plato lleno de tortitas deliciosas. –¿Nerviosa? – me preguntó. –Un poco, es un cambio muy…– hice gestos con mis manos– grande. Ella soltó una risita. –Lo sé cariño, pero te acostumbrarás, ¡mi futura psicóloga! –Oh por dios, no digas eso, al menos no ahora. Aun me falta mucho. –Da igual lo que falte, serás una gran profesional– me dijo. Terminé mi desayuno y subí a recoger mis cosas para hoy. –Me tengo que ir, cuídate, ¿vale? – mi madre asintió. –¡Mucha suerte! – gritó y salí pitando a la universidad. Cuando llegué me quedé asombrada por lo bello que era. El campus era enorme y muy bonito, tenía muchas plantas en su entrada, al parecer era lo que más resaltaba. No conocía a nadie, así que me dispuse a buscar mi salón, el 163. Mientras iba en mi búsqueda y considerando que el campus era tan grande, tuve que cruzarme con la última persona que quería ver, Gus. Iba con unos vaqueros oscuros y una mountainskin bomber, se veía a rayar de la locura, ¿es que acaso no podía ir menos guapo?, su sonrisa resaltaba, sus cabellos castaños, sus ojos grises, acompañadas de unas pestañas kilométricas, y sus imponentes uno setenta; con eso ya les digo todo, pero no podía sucumbir. Lo ignoré y continúe con mi trabajo, buscar mi salón, y ahí estaba, la primera puerta a la izquierda, fui corriendo, casi todos los asientos estaban ocupados. En esta universidad se sentaban de parejas, entonces casi al final de la pared izquierda había una joven muy atractiva, estaba sola y nadie le hacia la conversa, decidí ir a por ella, se veía que era buena chica, sin miedos comencé a hablarle como si nos conociéramos de siempre. – ¡Hola!, soy Ainara Harris, ¿Puedo sentarme aquí? – me miró un poco extraña, pero al mismo tiempo me dedicó una sonrisa y pasó a presentarse. –Sí, siéntate aquí, perdón, yo soy Hanna Roberts, un gusto– y así con esa presentación tan corta me cayó muy bien, era mona, llevaba el cabello super largo, casi rozándole el culo, sus ojos eran de un color celestes, por lo menos de estatura tendría uno cincuenta, era bajita, sí. La clase de historia de la psicología comenzó y créanme que mi aburrimiento también, nos pasamos como dos horas hablando de muchos filósofos que dieron rienda suelta a la ciencia de la psicología. –Ainara, hay un chico que no deja de mirarte, bueno ahora ya no mira; mentira, está mirando otra vez– seguí la mirada de Hanna y, efectivamente, ahí estaba un chico, como quien no quiere la cosa, plantándome su mirada intensa, yo también le sostuve la mirada, y me fijé un poco más en su aspecto, era rubio, tenía los ojos verdes, muy verdes, tenía tatuajes en su muñeca, aunque al parecer se extendía por todo su brazo, no puedo asegurarlo ya que iba con una chaqueta. Tenía una cara bonita, lástima que no pude seguir observándolo porque el profesor me llamo la atención, j***r. –Señorita, sería tan amable de explicarnos en que se basa la teoría de los humores– ay madre, ¿teoría de los humores? Felizmente Hanna me paso sus apuntes por lo bajo y pude responder. –Según la teoría de Hipócrates, el cuerpo está compuesto por cuatro fluidos, los cuales son: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Si uno de estos fluidos estaba en estado de desequilibrio nos causaba enfermedades– vale, al decirlo fue como si estaba super segura de lo que decía, el profesor me lanzo una mirada de advertencia y continuo con la clase. –Pero que atenta ha estado usted señorita– me dijo Hanna; quien se reía por lo bajo y le lancé un codazo, me giré para seguir en el duelo de miradas, pero excepción de antes, ahora ya no me miraba serio, sino que se reía, ¿de mí? Será idiota, lo censuré con la mirada y me juré no volver a mirarlo. –Primer día y ya quiero volver a casa– la expresión de Hanna me causo gracia, la verdad es que yo también desearía volver a casa. –Anda, vamos a comprar algo, sino nos morimos de hambre en la siguiente clase–la llevé casi a empujones a la cafetería. –Mira nada más Aina, pero que poemas de hombres hay aquí, pido primera–solté una carcajada con la ocurrencia que acaba de decir, en las pocas horas que ya nos conocemos, me di cuenta que su apariencia puede engañar a más de uno, esta chica estaba loca. – Calla, Hanna, puedo asegurar que en poco tiempo serán ellos quien pedirán primera contigo– me miró y se hizo la ofendida, compramos unos jugos y algunas galletas, nos sentamos en una mesa alejada de todos y comenzamos a charlar. –Sabes Aina, el chico que te estaba mirando en la clase, se llama Jason Montana, un hombrecillo muy popular, lo conocí en el instituto, hace años, pensé que ya había terminado la carrera de derecho, pero por lo visto no es así–dijo aquello mirando a un grupo de chicos que hacían el tonto. –No me interesa saber su vida Hanna, solo fue un duelo de miradas y obviamente él ganó–dije, dándole un sorbo a mi jugo de mango. –Vale, pero no vas a negar que es un cuerazo, esperemos que no seas su próxima víctima– – ¿Su próxima víctima? ¿Qué quieres decir? – pregunté con falso interés. –Quiero decir que cuando Jason pone los ojos en alguien, no hay nada que le detenga obtener lo que quiere, una vez que estas en su poder, te amará, pero cuando menos lo esperes te hará añicos y jamás te volverás a encontrar– lo dijo como si una madre le dijera a su hija que se ponga abrigo, ya que lloverá aquel día. Al parecer Hanna lo conocía muy bien, no quise preguntar más porque entonces paso algo que me dejó alucinando. Aquella chica, esa tal Mack, estaba aquí y venía en dirección a mi mesa y fue directa a Hanna, se dieron dos besos, y se hicieron las presentaciones. –Aina, ella es mi hermana Mackensie, está en cuarto de derecho, Macki, ella es Ainara, mi compañera. –Hola Aina, un gusto volver a verte–le tendí la mano de mala gana, pero ella fue directa a mi mejilla y me dio dos sonoros besos. ¿Hermanas, en serio? En ese momento intervino Hanna. –¿Cómo? ¿Ustedes ya se conocían? No lo entiendo, cómo es que se conocen–pase explicarle como nos conocimos, pero no mencione el hecho que la vi con Gus, mi expareja. –Vale entiendo, Mack es una roba cunas, se ha conseguido un novio que esta para comérselo, pero es su menor, ¿puedes creerlo, Aina? – Para el amor no hay edad Hanna, si es real, eso es lo que menos importa–eso fue lo que dijo doña ojazos verdes Mack, yo quería saber más de aquella relación. –Tu hermana tiene razón Hanna, la edad no importa, el amor es así, lo llegas a sentir por la persona que menos te imaginas–el ambiente estaba muy tenso, por eso agradecí que la tal Mack se excusara para ir a los lavabos. –Estamos salvadas Aina, mi hermana es muy buena onda, si necesitamos ayudas en algunos trabajos, te aseguro que ella será la primera en ayudarnos–como ya estábamos de nuevo Hanna y yo solas, pude hacer mi pregunta. –¿Quién es el novio de tu hermana? –lo pensó un momento y respondió- Se llama Gus White, va en primero de derecho, llevan algo como de cinco meses saliendo juntos, y no te voy a negar que hasta me da envidia la bonita relación que llevan, mi papá lo adora y mi hermana ni hablar– así que cinco meses, sacando cuentas, aquella relación comenzó antes de nuestra ruptura, eso quiere decir que a consecuencia de ella mi relación se fue a la mierda. –Vamos Aina, ya es hora de biología, no entiendo para qué llevar ese curso, en qué se supone que va a servir para nuestra carrera. –No lo sé, Hanna, pero ya lo descubriremos, anda– entramos a paso lento al salón, casi todos ya estaban ahí, para sorpresa mía, don rubiales se había cambiado de lugar y ahora se encontraba muy cómodamente en la mesa continua a la mía, qué esperaba el tal Jason Montana. –Hey, Jason, es que acaso ahora se te dan las psicólogas, que yo recuerde te iban las señoritas estiradas esas de derecho– el tal Jason soltó una carcajada. –¿Te preocupa acaso? –preguntó, yo por otro lado me mantuve a raya de cualquier comentario. Pero algo captó mi atención, Hanna no sonrió en ningún momento, incluso podría asegurar que decir aquello le afecto mucho. Las siguientes horas fueron un infierno, no sé quién me ponía más nerviosa, si el profesor, que parecía estar en cualquier lugar menos aquí dictando clases o Jason, que durante toda la clase sentí su mirada en mi rostro. Al terminar la jornada de estudios, Hanna me invito a por un helado, como dije antes, esta chica me había caído de lo más bien, así que ahora estábamos pidiendo un helado cada una, yo elegí uno de vainilla, en cambio ella hizo lo contrario, estaba devorando un helado de puro chocolate. –Sabes Aina, mis padres no se encuentran seguido en casa, y mi hermana tampoco, que te parece si pasamos la tarde juntas, por favor, sino moriré de aburrimiento ahí sola, ¿Sí? –Hanna, tengo que avisar a mi madre, no sé si podré. – Anda, llámala y dile que iras conmigo a pasar una tarde de chicas– Hnna se veía contenta con la idea, por lo cual decidí enviar un mensaje a mi madre, que al instante me respondió con un: vale cariño, pero necesito que estés en la cena, necesito que conozcas a alguien. Aquel mensaje me dejo inquieta toda la tarde, pero trate de olvidarme un poco. La casa de Hanna se encontraba en las calles más populares, cuando llegamos, no pude decir absolutamente nada, esa casa era enorme, y al parecer tenía mucha gente dentro, y no, no era su familia, al contrario, eran sus trabajadores, estacionó frente a la puerta de entrada, y bajamos. –Joder Hanna, créeme que mi casa a comparación de la tuya es como una caja de fosforo– le causo gracia y soltó una carcajada al igual que yo. –¡Que dices, si es pequeñita! – dijo en tono burlón– Ven Aina, te voy a presentar a Kam, es nuestra cocinera y nuestra segunda madre, la amamos tanto, es aquella– dijo a la vez que llamaba a la tal Kam, esta salió desde un pasadizo. Era una señora bajita, pero muy atractiva. –Kam, te presento a Ainara, mi compañera, hoy pasará la tarde aquí, eso quiere decir que no solo me consentirás a mí. –Señorita Ainara, un gusto–le tendí la mano muy amablemente. –Es gusto es mío señora Kam– se veía una buena señora, subimos a su habitación, que nuevamente me dejó sorprendida, estaba completamente de un color beige, con algunas decoraciones doradas, no lo voy a negar, era precioso. Para mi desgracia la puerta de la habitación de Hanna se abrió y ahí junto a ella estaba Mack y Gus, ambos de la mano… –Hanna, estaré con Gus en mi habitación, no quiero que nos interrumpan– lo dijo sin apartar su mirada de ¿mí? Eso me dejo un poco extrañada. –Bueno, las dejamos, un gusto volver a verte Aina– y diciendo eso salieron de la habitación, yo quería echarme a llorar, puede que hace cinco meses ya no tenga nada con Gus, pero es que aún lo quería, aún me emocionaba con ver sus ojos. –Hanna, ¿puedo ir un momento fuera? – mi amiga me miro extrañada, pero cedió. –Sí, anda, te espero– salí sin dudarlo, bajé las escaleras y cuando me dispuse a ir hacia la parte de atrás de la casa, un brazo me arrastro hacia un cuarto, que al parecer eran de las visitas, al fijarme quien era la persona que me llevo hasta allí, me sorprendí…era Gus. –¿Qué haces aquí? – me susurro. –Mi amiga vive aquí, Gus– le respondí cortante. –No deberías ser amiga de Hanna, lo digo enserio – pero quien se cree para decirme eso. –No eres nadie para decirme de quien puedo hacerme amiga, yo no te digo de quien puedes ser novio- me cruce de brazos. –Ainara, no vayas por ahí por fa…–no lo deje terminar, sin dudarlo un segundo, lo bese. Al principio se negó, pero luego entreabrió los labios, y en unos segundos ya me estaba comiendo la boca, me sentí en el mismo cielo, lástima que reaccionó y me apartó. – j***r, Ainara, esto no está bien, yo tengo una relación, quiero a Mack– dijo, apartándome. –Pero Gus, yo…yo aún te quiero, yo no puedo olvidarte, yo te necesito– lo dije llorando, ya no podía ocultarlo, ya no. –Lo siento Aina, pero es mejor que te alejes – diciendo eso, salió por la puerta principal y subió a su coche, no entendía por qué, ya que Mack dijo que iban a estar juntos. Me limpie las lágrimas y entre a la habitación de Hanna. –Tengo que irme, mi mamá me ha llamado y me ha dicho que necesita de mi ayuda – dije, y recogí mis cosas. –Pero Aina, ni siquiera ha pasado dos horas desde que llegaste, ¿pasa algo? – me preguntó preocupada- No me pasa nada Hanna, solo que necesito ir a casa y ayudar a mi madre, nos vemos mañana- le di un beso y salí de su habitación, al salir casi chocamos Mack y yo, tenía los ojos rojos, como si hubiese estado llorando. –Perdón, estoy de salida, Hanna está en su habitación– dije mirándola dubitativa.  –Ya se la verdad Ainara, solo que no entiendo por qué nunca me la dijeron, Gus nunca dijo que fue tu novio, y cuando fui con él al restaurante donde trabajaba tu madre, solo dijo que eran buenos amigos, pero nunca mencionó que fueron pareja. –lo dijo entre sollozos. –No importa Mack, lo de Gus y yo ya acabó hace mucho tiempo– traté de decirlo con seguridad, pero cuando lo dije fue todo lo contrario. –Mentira, los vi besándose, él te observa de una forma extraña, lo supe el día en que te llevamos al hospital, cuando bajaste a recibirlo, sus ojos brillaron, al igual que los tuyos– no supe que decir ante aquello, ¿Gus me miraba así? ¿Aún lo hacía, y eso qué significaba? –Mack, se feliz con él y olvídate de mí, yo solo soy amiga de Hanna– –No lo sé Aina, él es muy complicado, y no sé cómo sobrellevar esto–¿en qué momento empezamos a contarnos nuestros problemas? j***r –Sabes Mack, a veces los que son más difíciles de querer, son los que más lo necesita. –No quiero que te vayas. Hanna está sola, me gustaría que te quedes a acompañarla. Y lo de Gus, será mejor olvidarlo, ¿de acuerdo? – asentí y una sonrisa apreció en sus labios hinchados por el llanto. –No te preocupes. –Vale, pues disfruten, si desean algo estaré en mi habitación– sonreímos y ella caminó escalera arriba. Bien, pues me tendré que quedar. El resto de la tarde la pasamos en la alberca. –¿Segura que no quieres entrar? El agua está buenísima– decía mi amiga mientras salía de la piscina. –Segura, estoy bien así. – se sentó en una de las tumbonas que estaban a mi lado. –Pues comencemos con la entrevista de amistad–dijo y fruncí el ceño. –¿A qué te refieres? – le pregunté. –Pues a conocerse, Aina. –Ah vale, inicia tú– le dije. –Bien, ¿tienes hermanos? – preguntó y negué con la cabeza–¿No? ¿en serio? –En serio, no tengo a nadie. –¿Y cómo es la vida sin hermanos? Seguro que buenísima– dijo y sonreí. –Pues muy lejos de tu imaginación no, es un poco aburrido; hasta que te acostumbres, claro. –Yo no soporto a mi hermana, Aina. –Y ella a ti menos, estoy segura– le dije, y después de tanta insistencia decidí entrar en la piscina. Cuando ya estaba por anochecer decidí volver a casa. Hasta llegar a casa, ya había empezado atardecer, el cielo se veía hermoso, entre colores naranja, celeste y rosa; saqué el teléfono y aproveché para tomar una foto, la verdad es que mi teléfono estaba lleno de fotos del cielo, me encantaba.
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