CUATRO.

3161 Words
El fin de semana que pasó no salí de la cama en ningún momento más que para cosas esenciales, miré series y películas la mayor parte del tiempo, ni siquiera tuve ganas de ir a visitar a alguien y tampoco de que vinieran a mi casa. Además, Leo se tomó muy a pecho lo de recompensarme y lo hicimos bastantes veces, pero como hacía mucho que no teníamos una buena sesión de sexo, incluir mis juguetes fue necesario y con esa asistencia, definitivamente pude afirmar que estuve caliente y el disfrute se intensificó al menos un poco. Me convencí de estar satisfecha para comenzar la semana con normalidad, haciendo mi rutina con mis pacientes respectivos del día, pero el miércoles, el almuerzo imprevisto con mi cuñada me descompaginó más de lo que esperaba y el estrés provocado por su charla disfrazada de sesión, se instaló en mi cuerpo a modo de frustración. Ella depositaba esa confianza en mí por mi profesión, yo la adoraba a pesar del dolor de cabeza que me dejaba, pero mi opinión al intentar ayudarla ya no podía ser objetiva aunque lo intentara, en juego estaba mi hermano y mi ahijada de seis meses, por lo que mi atención a lo que le pasara tenía que ser exclusiva, resistiéndome al hecho de desear mucho llegar a casa y liberar el día con el resultado propio de un buen orgasmo, cuyo placer no era normal desear tanto en mi cabeza sexópata mientras intentaba escuchar a Ailén. —Estoy estresada Jaz, todo esto del casamiento me tiene abrumada, y Anahí no deja de tener fiebre, la llevamos al médico pero dicen que es como un virus. —Uh sí pobrecita. —pestañé para volver en sí y quitar esos pensamientos de mi cabeza, enfocándome en lo realmente importante. — me dijo Emi que estaba mal, mañana si salgo temprano la voy a ver. —Sí, está súper fastidiosa. —suspiró pero no duró más de un segundo su intervalo, en mente tuvo otro tema para seguir. —ah, tengo que ir a ver los centros de mesa, la wedding planner me tiene de acá para allá. —Qué bueno que ella se haga cargo de la organización y ustedes solo tengan que elegir, te ahorras el estrés. Ah y ¿cuándo van a ir a ver el vestido? —Ay sí es lo más tener una wedding planner, y con respecto al vestido no sé, en dos semanas creo, recién el viernes me tomó las medidas. —Bueno cuando vayas, avisame si querés y te acompaño. — ¡Sí sería genial, me encantaría! —chilló contenta y yo asentí tomando mi agua, pero en cuanto puse la botella sobre mis labios, tuve que contenerme de no escupir cuando vi de frente caminar a quién no esperaba ver. Joaquín, mi paciente. —Buen provecho señorita Velarde. —me dijo con indiscreción al pasar por al lado de nuestra mesa, sonreí tímidamente y asentí hacia él con una tensión extraña invadiéndome cada músculo del cuerpo. —Gracias. —respondí y lo vi seguir su camino, extrañamente me puso nerviosa y noté a Ailén observarlo hasta que se fue, de manera rápida su boca descargó antes de conectar con su cerebro. No esperaba menos. — ¿Quién es ese galán? — ¿Ese? Ah, es un paciente. —Qué afortunada sos de atender ese tipo de hombres. —bromeó y la vi levantarse con sutileza. —ya vengo, voy al baño. Me di la vuelta cuando ella se fue esperando no encontrarlo, pero mi instinto me traicionó, estaba sentado en dos mesas más atrás, por lo que su vista a la mía fue instantánea y no me quedó opción que sonreír cortés y fingir buscar algo en mi bolso. Pude respirar por forzar mi desinterés e hice mi mayor esfuerzo para desestimar mis propios pensamientos que volvieron a ser sexuales cuando mi cuñada mencionó mi suerte por atender el tipo de hombre que era Joaquín, el cual no tenía ni idea de cómo sería en la cama pero podía imaginar, o al menos fantasear con ello y… —No esperaba encontrarte por acá. —me dijo apoyándose en mi mesa de repente, tomándome desprevenida la sorpresa me hizo llevar una mano a mi corazón para calmar el susto, aunque presentía que no era sólo eso. Sonrió ladeado notando lo mucho que me afectó su intervención. —Me asustaste. Y digo lo mismo ¿qué haces por acá? —Espero un socio. —Ah qué bien, no me dijiste de qué trabajabas. —Mi papá es dueño de una aerolínea, hasta que no se muera sigo siendo vicepresidente. —dijo como si me estuviese explicando algo tonto, yo abrí los ojos sorprendida porque no todos los días me cruzaba con el vicepresidente de una aerolínea, hacía mucho más interesante su repertorio el dato, al menos para trabajarlo en sesión porque eso debía pesarle bastante. —pero no espero esa clase de socio. —Qué bien, un buen trabajo, no veo motivos para que te estrese entonces. —bromeé deseando que no lo tomara como si se lo dijera del lado profesional, pero me di cuenta que eso era absurdo porque no había razón para ser simpática con un paciente, así que me retracté de inmediato aunque él se rió. —disculpame, no quise… —Qué bueno que te permitas ser graciosa conmigo, me alegra ver eso en mi psicóloga. —Estuvo demás, discúlpame. —Para nada, en serio me alegra, y creeme que igualmente es estresante, pero te lo cuento el viernes. —Sí dale. —le sonreí y él también antes de ser interrumpidos por mi cuñada que se sentó de nuevo y se aclaró la garganta. —Ailu él es Joaquín, mi paciente, Joaquín es Ailén mi cuñada. —Un gusto. —Lo mismo digo. —sonrió ella aceptando su mano masculina, de una firmeza impecable con sus dedos largos y uñas prolijas, el anular con el anillo plateado pertinente al compromiso. Era una mano muy bonita, se notaba a leguas que nunca tuvo que usarlas de manera forzada, pero de cualquier modo se veían fuertes, capaces de emplear cualquier maravilla sobre el cuerpo de una mujer. —Bueno, yo me voy, nos vemos el viernes. —me dijo devolviéndome la atención a su cara y no al estúpido análisis que le dediqué a su mano. Asentí en saludo y antes de que terminara de pasar por mi lado, él guiñó el ojo haciéndome sonreír, pero lo evité antes de que ella se diera cuenta. —Decí que estamos prácticamente casadas, sino le diría lo bueno que está. —Bueno lo estás diciendo. —Sí pero a él. —dijo y las dos nos reímos, porque entendía a lo que mi cuñada se refería con lo bueno que estaba, era un hombre muy agraciado físicamente y desprendía una sensualidad que ninguna de las dos podíamos negar así estuviésemos comprometidas.   Mi amiga Rita tenía su día libre de trabajo y quería hacer algo, lo único que le pude ofrecer fue salir antes del trabajo para tomar mates, ya que ninguna de las chicas estaba disponible y ella quería simplemente entretenerse. El trabajo nos tenía a todo el grupo de amigas bastante atareadas en sus diferentes rubros, por lo que los fines de semanas para nosotros eran claves, sin embargo para Rita y para mí era normal juntarnos en la semana con informalidad, charlar y planear salidas a lugares que deberíamos conocer. — ¿Salimos éste fin de semana? —me preguntó pintándose las uñas, yo soplé las mías y me encogí de hombros. —No creo que Leo sea tan resentido. —Lo es, pero no sé, tengo que ver a mi ahijada y le prometí ir a cenar a mi hermano el sábado. —Bueno el viernes. —Termino muy cansada los viernes Rita, ni te imaginas lo fusilada que me dejan tantos problemas ajenos. —Se supone que estudiaste para que no te afectaran. —No me afectan, sólo me cansan. —refuté, porque si bien mi profesión se trataba de ayudar a sobrellevar los problemas de otros, yo no dejaba de ser una humana como cualquier otra con probabilidades de agotarse inclusive con el trabajo de sus sueños. Escuché la puerta abrirse y ella se sentó bien en la cama, a Leo no le gustaba mucho mi amiga ni la confianza que se tomaba en nuestra casa como por ejemplo tirarse en la cama conmigo a pintarnos las uñas mientras tomábamos mate, a él se le notaba en la cara cada vez que la encontraba y apenas se iba me daba un sermón por lo desubicada que era, lo que por supuesto terminaba en discusión. Sin embargo, con el tiempo, Rita fue sintiéndose más incómoda de cruzárselo, si lo hacía prefería irse y tratarlo lo suficientemente justo como para no ser irrespetuosa, pero a mí me molestaba que se ahuyentara cuando también era mi casa y podía recibir a mis amigas si así lo quería. — ¿Tanto miedo le tenés? —pregunté con molestia al verla erguirse y ponerse las zapatillas rápido sin importar que se arruinara el reciente trabajo hecho en sus uñas. —No, pero no quiero que después te diga nada a vos. —Como si me importara. —Hola. —dijo desde el umbral un minuto después y se sorprendió al verla a Rita, pero para la seguridad de su vida no hizo ninguna mueca. — ¿Qué vamos a cenar? —No sé, no tengo ganas de cocinar. —Como siempre. —levantó ambas cejas y con desgano se volvió a ir, yo rodé los ojos y ventilé mis uñas riéndome al ver a mi amiga imitarlo por lo bajo exageradamente. —Me cae tan mal. —musitó Rita y yo sonreí. —es que no entiendo cómo es tan amargado, y vos tan... —Ya entendí. —la corté, todos sabíamos eso, no me daba ganas de escucharlo de nuevo. —Me voy a ir. —anunció como siempre hacia diez minutos después de cruzarse con Leo. — parece que hay tensión ¿no? —Es el estado más normal de mi relación. —Sí qué aburrido, ¿querés qué le pregunte si te deja salir? O sea, digo algo así se va haciendo la idea. —Como quieras, pero no sé si voy a salir. —Bueno, pero tiro la onda. —me guiñó el ojo, me reí y me levanté para acompañarla a la puerta. Él estaba con el celular en la cocina, no le prestó atención pero no le quedó opción cuando la tuvo que saludar. —Chau Leo. —Chau. —Ah, más te vale prestármela este fin de semana, que no se te olvide. —le dijo descarada disfrutando de tirar una bomba e irse para que él se quemara, siendo una de esas razones más innegables por las cuales no la quería. Yo sonreí y ella me tiró un beso de despedida. —chau linda. —Chau Ri. —cerré la puerta y me di vuelta para verlo, dejó el teléfono y se pasó las manos por la cara cansado, lo que tomé como un esfuerzo para no destilar su veneno hacia mi amiga y que quedara simplemente ahí. Mi intención fue preguntar cómo fue su día porque era evidente que estaba afligido por algo del trabajo, pero antes de que pudiera interesarme más en ello, me habló con la demanda de siempre. — ¿Podés preparar algo para cenar? Me quiero ir a dormir. — Encargo, no voy a cocinar. —me negué apagando el mínimo ápice de interés que logré reunir para que pudiéramos compartir el momento, pero su brusquedad lo volvía imposible y me llevaba a desencadenar con la misma indiferencia. —Lo que sea Jazmín pero me quiero ir a dormir ya. —Bueno acordate que este fin de... —Mirá no quiero hablar de eso ahora, no sé si voy a querer que salgas porque no sé si voy a tener ganas de abrirte la puerta cuando vengas borracha a las cinco de la mañana, no me jodas con eso ahora. —bufó antes de encaminarse a la puerta, lo que me hizo cambiar radicalmente de humor. —Dios qué pesado que sos con lo mismo, superalo Leo que no te hayas emborrachada antes no significa que seas un santo, aparte me refería a la cena con mi hermano. —Es que yo sí me emborraché, pero no hice nada como seguramente vos. —me acusó y quise tirarle el teléfono por la cabeza, pero me contuve para no terminar con la vida del aparato. Inspiré hondo y lo miré con la bronca que me provocaba sus insinuaciones. —No me subestimes, no te va bien, sabés perfectamente cómo me porto. —No sé, si vas con esa... — ¡Esa es mi amiga y tiene nombre! —me quejé golpeando la mesa con el teléfono, alterándome repentinamente por sus ganas estúpidas de discutir por lo mismo, por segunda semana consecutiva. — ¡Y no hice nada malo, ¿cuántas veces querés qué te lo diga?! —Jazmín cuando estás borracha ni tenés idea de cómo te llamas, andá a saber lo que hiciste... —Andate a la mierda Leo, ahogate en tu propio veneno, mi conciencia está tranquila. —Seguro. —murmuró por lo bajo con cobardía y mi frustración se multiplicó. —Sos un estúpido, volvete a vivir con tu mamá y dejá de joderme la vida, no te soporto más. —bufé y de camino al cuarto corrí la silla fuerte para que se cayera. Me gritó pero cerré la puerta y me acosté en la cama con mi libro, Patty me ladró y tragándome la sensación amarga que me dejaba discutir, me apacigüé sonriéndole  a mi perrita, palmeando el colchón a mi lado para que se subiera. —Hola linda. —le dije y la acaricié, Patty era una pequeña pug de color marrón claro. Me la había regalado un ex novio y cuando me mudé con Leo, la traje conmigo ya que no iba a hacer que mi mamá la cuidara, él no la quería mucho porque conocía la historia, pero la verdad era que a mí me interesa poco de dónde era, la amaba y la había criado desde chiquita, era como la única hija que me podría permitir tener, incondicional y cariñosa, ella era la única que me acompañaba cuando tenía que estar sola. —ojalá fueras eterna bonita. Al principio de nuestra convivencia, me angustiaba que Leo y yo no pudiéramos llevaros tan bien como era al comienzo de nuestra relación, suponía que se debía a que era normal que cualquier pareja se viera afectada por la rutina y los roces propios de vivir bajo el mismo techo, pero las discusiones me dejaban con tanto dolor de cabeza que hacía un tiempo que procuré dejar de darle interés y que me afectara. En la actualidad, consideraba tan normal pelear con él, desencontrarnos y ni siquiera poder contarnos nuestros días laborales estresantes que cualquier diferencia era para sumar a nuestra lista interminable. No quise salir a comer cuando escuché que llegó la comida que pidió, tampoco él se molestó en avisarme y como sabía que en cuanto terminara se acostaría, apagué la luz dejando solamente la de noche para leer. Mi teléfono sonó y sonreí al escuchar a Patty roncar a mi lado, me estiré a buscarlo en la mesa de noche y abrí el w******p, entre todas las conversaciones el último mensaje fue un número que no tenía agendado, sin abrirlo pude leer el mensaje y mi corazón se aceleró. Necesito que sea viernes. Era Joaquín, por lo que visé rápido su mensaje y agité mi mano para que me dejara de temblar, así podía abrir su foto sin humillarme llamándolo e identificarlo bien, era él. Le escribí rápido con el aire casi atragantado. ¿Estás bien, pasó algo? Lo vi escribir y hasta que no terminó de hacerlo no pude relajarme, ya que era mi deber saber de su bienestar, lo hacía con todos mis pacientes a cualquier hora, y restándole importancia a que eran las nueve de la noche, esperé su respuesta con inquietud. Estoy perfecto, sólo tengo ganas de que ya lo sea. No fue extraño que me sacara una sonrisa, pero no estaba bien, sin embargo dejé el teléfono un momento en mis piernas para agitar mis manos y que me dejaran de temblar, la adrenalina que me producía su casilla abierta no era normal. ¿Por alguna razón en especial? ¿Tan emocionado por hablar del trabajo? Miré su foto de perfil de perfil nuevamente, era una selfie con un fondo espectacular de una cadena montañosa, tenía una sonrisa deslumbrante con perfectos dientes blancos y los lindos hoyuelos en las mejillas, era demasiado lindo y estaba excesivamente bueno para ser real. Su mensaje me interrumpió y toqué con cuidado para evitar llamadas o algo por el estilo, normalmente era torpe pero no quería cometer ese error con él. Por el simple hecho de hablar, con vos. No me malinterpretes. Respiré hondo y me recosté con cuidado de no molestar a Paty, sin dejar de lado el libro que intentaba leer un poco cada noche. Quedate tranquilo que entiendo tal cual lo planteas, supongo que también estoy ansiosa por escucharte. ¿Dueño de aerolíneas eh? Patty se levantó cuando me moví y me hizo un pequeño ladrido que me causó gracia. —Hey no te eché, perdón no me muevo más. —me reí y miré el teléfono cuando me vibró en las manos, la corrí para ver el mensaje y ella volvió a acostarse. Así pareció ser cuando nací, también estoy ansioso por escucharte, ah no, para que me escuches. Sonreí inevitablemente mordiéndome el labio para reprimir ese gesto, pero no podía ser posible y eso era extraño, no debería ni calcular por qué sonreía. — ¿Otra vez la perra en la cama? —bufó Leo cuando entró y mi sonrisa se borró rápidamente. La bajé y bloqueé el teléfono controlando los nervios que me causó su irrupción repentina en el cuarto. —te dije que no quiero a la perra en la cama. —No me jodas, en serio te digo. —le advertí y divagué por las r************* para distraerme, él se quejó diciendo algunas malas palabras y apagó su luz dándome la espalda. Me acomodé de frente a su espalda y finalmente le escribí. Bueno entonces va a ser un gran viernes, te espero, buenas noches. Dos segundos después que visó el mensaje, lo vi escribir. Buenas noches. Escribió con un emoticón de un beso. Sonreí y puse la alarma para despertarme en la mañana, después dejé el teléfono en mi mesa de noche y también le di la espalda, para dormir y tener una buena noche como él me deseó.  
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