CINCO.

2430 Words
Esperé ávidamente la hora que Pau le dio a Joaquín el viernes para tener su sesión, la espera me tuvo con un manojo de nervios en el estómago durante toda la mañana llevándome a pensar en ese momento con ansias, lo cual no debería ser así y no existía razón alguna que justificara mi entusiasmo. No estaba bien lo que él producía en mí y me disgustaba de mí misma generarme tanta expectativa, él no era diferente a cualquier otro paciente y que tuviera una pareja que salvar con mi ayuda, volvía irrisoria mi expectación.   Comencé a replantearme la poca profesionalidad que dejaba entrever en nuestra relación, desde permitir que me enviara mensajes a mi celular personal hasta hacerme desear verlo en una sesión, enmarañando mi ética profesional con mis actitudes correspondiendo a las suyas descaradas, algo que yo no podía permitir y por eso me propuse remarcar el límite.  Sin embargo, esa teoría que intenté fuera sólida, se tambaleó un poco cuando lo vi entrar a mi consultorio, mi sonrisa fue inmediata, la de él también y no fue nada bueno el efecto electrizante que sentí en todo el cuerpo. —Hola. —Hola. —saludé cordialmente y le ofrecí la mano antes que intentara acercarse a saludarme con un beso en la mejilla, remarcando un límite físico necesario para mi propósito de establecer distancia. Él lo aceptó mi saludo y su toque fue tan firme y suave al mismo tiempo por el roce de su piel que me tentó a descompaginarme, pero me aclaré la garganta sacando mi mano de su agarre con sutileza. —Qué bueno verte de nuevo. —Lo mismo digo. —Sentate, por favor. —le indiqué el diván y yo me senté en el sillón de enfrente, separados por una pequeña mesa en el medio que invitaba un vaso de agua. Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo de vuelta al notar su mirada fija, pero lo ignoré, no era algo que debería pasarme. —si querés podés acostarte. —No, está bien, prefiero así. —Bueno, ¿cómo fue la semana, querés hablar de algo en particular? —Fue bien, no lo sé, el trabajo no es tan interesante. —dijo despreocupado mientras yo me acomodaba con mi libreta sobre mi regazo. Apreté mis puños cuando noté el nerviosismo en mis manos, por lo que ataqué con algo que sabía que me iba a devolver la cordura. —Contame cómo estás con tu mujer, cómo fueron las cosas, ¿cambió algo? —No es mi mujer, es mi novia. —Tu prometida. —asentí hacia su anillo, él negó con una sonrisa, manteniendo una mirada muy impertinente para ser un simple paciente observando a su psicóloga. —No, sólo es mi novia, cancelamos el casamiento antes de pensarlo. — ¿Por qué cancelaron? —le pregunté confusa, él se encogió de hombros desinteresado.  —Creo que no era el momento para casarnos y ahora tampoco, ¿vos cuándo te casas? —ladeó la cabeza mirándome la mano. Yo no tenía por qué responder preguntas personales, no debía, de hecho, pero lo tomé como parte de establecer una relación de confianza. —Tampoco me voy a casar, es sólo compromiso pero nunca hubo planes de boda. —Mucho mejor así. —murmuró por lo bajo con una pequeña sonrisa, pero logré escucharlo y aunque me hice la que no, miré mi anillo confirmando que en efecto, era mucho mejor. —sigue todo igual, la vi muy poco. — ¿No viven juntos? —Sí, pero ella trabaja y yo también, llego muy tarde y ella ya está dormida, cuando me despierto, ya no está. Eso era triste, pero me pasaba tan de cerca que mi visión personal lo transformaba en algo normal, aunque no lo fuese y no tenía por qué identificarme con el paciente. — ¿Cuál es tu punto? —le pregunté llevándome la lapicera a la boca para morder algo así calmar la ansiedad que me estaba alejando totalmente de mi ética profesional. — ¿qué esperas de esa relación? —No sé. —dijo y exactamente no me estaba mirando a los ojos, sonreí sacándome la lapicera de la boca cuando me di cuenta que sus ojos descendieron muy indiscretos. — ¿qué se supone que tengo que esperar? —Eso es algo que tenés que descubrir vos... ¿amor, una familia...?—sugerí cuando el silencio lo hizo pensar por un momento sin éxito, negó con el ceño fruncido. —No podemos tenerla. — ¿Esperas que toda la vida sean ustedes dos? —No. —Relajate un poco Joaquín, pensá qué querés hacer de tu vida, sos joven para pasarte la vida no sabiendo qué hacer con una pareja. —No me paso la vida así, y estoy relajado. —dijo y el teléfono le empezó a sonar, lo dejé atender y me recosté brevemente en mi sillón hacia atrás para tomar una bocana de aire que me ayudara a caer en la realidad de esta sesión, por supuesto que sin sacarle la vista de encima. Más allá de su perfecta cara y apretado cuerpo firme y tonificado que tenía debajo de la remera, lo observé detenidamente en su forma de hablar, modulaba perfectamente y me lo imaginé siendo locutor o algo por el estilo por su voz grave y sedosa, tenía aires de ser de la tele, algo inalcanzable, por ende imposible y no exactamente porque él estuviese lejos. Yo no me lo permitiría. —Ok... está bien nos vemos, chau. —fue lo único que habló y cortó, para ponerse el celular de nuevo en el bolsillo del pantalón. —Mucha fiesta para mí. — ¿Qué? —Nada, nada, te decía que estoy relajado con respecto a mi relación, sólo no sé cuál es el momento para cortarla. —No pensé que querías cortarla, creí que querías mejorarla. — ¿Tiene remedio? —preguntó y quise decir no, pero mi trabajo no era ese. —Sólo si vos querés. —respondí para estudiar su reacción, pero el teléfono le volvió a sonar y yo suspiré algo resignada, nadie leía el cartel antes de entrar que pedía estrictamente silenciar el teléfono. —Disculpame. —dijo y lo sacó con dificultad, los pantalones ajustados no ayudaban para sacar fácilmente los celulares del bolsillo. —Hola... ah sí, cuando tenga un tiempo te lo envío... no ahora no puedo... ok... ah ¿me seguís hoy?... sí...no sé por ahí, estoy libre... después te llamo, estoy ocupado... dale chau. —Qué solicitado estás. —Soy una persona muy solicitada. —dijo y yo sonreí. No lo dudaba. —Me doy cuenta. ¿Así que estás libre hoy? —pregunté antes de que la idea llegara a mi cerebro, él me miró con el efecto contrario al que quería, interés, pero los dos terminamos riéndonos. —no lo estoy planteando de la manera que crees. —Claro que no, pero sí, Brenda se va el fin de semana. — ¿Es tu novia? —asintió. — ¿no tenés inquietud respecto a eso? —No, es maestra jardinera y tiene excursión con el jardín, no me preocuparía eso. — ¿Y ella tiene algún problema con que vos estés solo? —No lo sé, no es celosa, para nada. —desestimó haciendo hincapié en lo último. — ¿Vos lo sos? —Tampoco. —Bueno ahí podés ejercer un poco más, yo en lo personal no estoy de acuerdo con los celos, y claro que no estoy diciendo que celes injustificadamente a tu pareja, pero a veces jugar con la otra persona para que sienta que le importas despertando el interés está bien, no esos celos enfermizos, celos tiernos. —le expliqué mientras escribía, cuando alcé la vista, tenía una ceja levantada. —sanos, que no generen inseguridades, simplemente una noción sobre que te interesa seguir conquistándola… — ¿Eso haría que se sienta querida? —Es una cuestión más de interés, para que a ella no le diera igual engañarte o a vos tampoco, sabés que le importaría. —Se supone que en una pareja eso importa, es algo natural. —dijo recostándose en el respaldar, con un brazo detrás de su cabeza, dándome lugar a especular lo que quería que hubiese debajo de esa remera, pero una vez más lo saqué de mi mente. —Parece que en tu caso no, claro que ella no es de tu propiedad y merece ser admirada por cualquier persona, pero cuando pensas en que otros pueden llegar a intentar conquistarla ¿te daría igual que un hombre le dijera algo o la miraran de más? —No, no me da igual pero no creo que lo hagan frente a mí, y ella no me dice esas cosas. —Porque no le demostrás que te importa saberlo. —le dije —mirá, vamos a trabajar en intentar salvar tu pareja, es un trabajo de los dos pero de tu parte podés empezar, vamos lento,sin embargo ahora quisiera que me hables de tu trabajo que es el título de la sesión de hoy.   ¿Salimos hoy? Rita sabía que no debía tentarme demasiado para obtener mi afirmación, y a pesar de estar cansada por el día agotador que había tenido, no quería quedarme en mi casa para discutir con Leo, de todas formas íbamos a intercambiar opiniones en una situación de plena tensión porque llevábamos toda la semana sin mucha conversación y ya me estaba hartando, así para evitarnos eso un día más prefería salir y que nuestra próxima riña tuviera al menos un motivo más justificado, además que nadie me sacaría lo bailado. Después de contestarle a mi amiga, conecté el teléfono al auto y marqué el número de Leo antes de meterme en el tráfico. —Hola. —contestó con la indiferencia usual que llevaba implementando toda la semana. —Hola, ¿a qué hora volves? —No sé, depende cuánto me lleve esto, supongo que a las ocho. —Ok, era para avisarte que salgo con las chicas. —le dije y me mordí el labio esperando su respuesta, pero se calló por unos segundos y después lo escuché suspirar. —Ojo con lo que haces. —Ay Leo por favor, ya estás maniático, aflojá un poco no voy a…. —Yo sólo te aviso, no puedo hablar, chau. —dijo y cortó, quise gritar pero contrario a eso apreté mis dedos en el volante y suspiré liberando el aire tóxico de mis pulmones mientras me recostaba en el asiento. No llevaba cinco años de mi vida al lado de una persona para arruinar todo, ni yo me creía tanto la historia pero era imposible hacerlo. Mientras esperaba en el tráfico, miré mi celular y en la última conversación de la lista, estaba él, Joaquín. Abrí su foto y me quedé mirándolo. Era hermoso. Me gustaba como hablaba, como se contradecía y dudaba, era un chico inteligente y muy comprador, aparte de tener una pícara y preciosa sonrisa. Hijo de Belmonte, el dueño de una gran aerolínea que lo convertía en un millonario si no era poco, pero era tan relajado al respecto, desde su vestimenta hasta su forma de ser que parecía ser que lo último que le importaba. No había otra definición más que "perfecto" que encajara tan bien con él, sin embargo otra vez estaba volando por las nubes, mi interpretación no tenía fundamentos, no lo conocía para asegurar que era perfecto, sólo estaba atraída por su exterior, lo cual estaba mal porque mi novio era real. Llegué a casa y saludé a Patty con la misma emoción que ella me recibió, me saqué los zapatos y me recosté en el sillón para atender a mi teléfono que no dejaba de pitar por los mensajes del grupo, las chicas estaban exaltadas por el viernes, pero no lograron dejarme sin alientos con sus ideas, Joaquín sí lo hizo con su mensaje y eso fue un quiebre para mi racionalidad. ¿A dónde soles salir los fines de semana? ¿Salís hoy? Miré un poco confundida la pantalla de mi celular, pero el fantasma de una sonrisa se asomó, no tenía por qué interesarle por dónde salía y si lo iba a hacer en la noche, pero el cuerpo me traicionó nuevamente y mis dedos escribieron antes de que mi cerebro pensara en una respuesta. Sí, con amigas a bailar. Los ochenta y cuatro mensajes del grupo de las chicas me interrumpieron los pensamientos, no iba a leer todos pero leí los diez últimos donde tuve noción de la conversación, elegían el lugar para salir y las cinco chicas que conformaban el grupo ya habían confirmado que salían, sólo faltaba yo y escribí que iba junto a mi voto por el lugar. La mayoría estuvo de acuerdo y cuando Joaquín volvió a enviarme un mensaje, salí del chat del grupo para ver el suyo. ¿Dónde? Me gustaría verte bailar. Reprimí la sonrisa mordiéndome el labio, era imposible aún así porque todo mi cuerpo sufría un colapso interno, ya que externamente se manejaba solo y quería matarme por mi fluidez al contestarle los mensajes. Hoy voy a Grovee, ¿te veo ahí? Sí. No estaba bien lo que hacía pero me moría por encontrarlo ahí, estaba pasando los límites de la confianza con mi paciente, que por cierto, era un paciente muy lanzado, me gustaba esa confianza que tenía sobre sí mismo para conmigo, pero tenía que ubicarlo si ninguno de los dos queríamos tener problemas. Puede que Leo fuera un insoportable y estúpido, pero merecía mi respeto y eso parecía olvidármelo cuando hablaba con Joaquín, incluso en el momento previo a la salida, porque lo único que quería cuando pacté todo con las chicas, era irme antes de que mi novio llegara, eso me iba a ahorrar una discusión y la duda también. Dejé el alcohol de lado en la previa que hicimos en la casa de Carla, no lo incluiría como parte de mi diversión, mi cordura no lo necesitaba a pesar de mi ansiedad por verlo a Joaquín y la culpa mucho menos, lo único que necesitaba era volver íntegra a casa, de esa forma no escucharía reclamos y tampoco se me cuestionaría por divertirme un poco, iba a estar cuerda sin importar lo mal que podría estar haciendo por simplemente ver a mi paciente en un boliche. Además Leo lo advirtió, antes de que pudiera hacer algo mi adrenalina bajó a cero cuando estuve dentro, y su mensaje aclaró que me comportara.  
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