El olor de la carne asada fue su señal para entrar a casa. La lluvia ahora era solo un susurro que acariciaba la tierra, no había podido hacer mucho por su bicicleta, tenía mucho daño como para que el pudiera arreglarla por su cuenta. Desde la primera vez que la tuvo, había aprendido a hacer pequeñas reparaciones para cuando se le malograba o por algún golpe esta se le dañaba. Aunque claro esos accidentes nunca habían pasado a ser más que unos golpes o raspones que se podían arreglar rápido con algo de pintura. El manubrio estaba totalmente torcido y ni que decir de las ruedas. Comprarse una seguro le saldría más barato, pero no quería aun renunciar a ella, tenia muchos recuerdos en aquella bicicleta. Dejando de lado sus herramientas, entró a la casa y se detuvo a la mitad de la cocina al percatarse que estaba totalmente empapado, su madre solía gritarle a menudo por ello, aunque en esta ocasión no parecía molestarle. Supuso que era a causa del accidente, había visto a su madre casi caerse en lágrimas y la culpa de haberla lastimado lo acompañaría siempre. Miro sus huellas de lodo que dejo al entrar a la cocina, su madre solo le arreglo el cabello que cubría sus ojos y besó su mejilla. Con una toalla que su padre le dio fue a sentarse a la mesa frente al plato de patatas horneadas y carne asada, su favorita desde que era solo un pequeño.
Miró a sus padres comer en silencio cada uno mirando solo su plato, aquello lo ponía nervioso, parecía como si alguien hubiera muerto y el seguía vivo. Miró a su madre, bajo sus ojos aún se veía el tono rojizo que había dejado las lágrimas en ella. Su padre lucía más calmado pero su mirada estaba perdida en algún punto de la mesa. No le gustaba ese tipo de silencios, incomodos y pesados donde simplemente todo parecia más sombrio y triste de lo que era. Esos silencios le recordaban el funeral de sus abuelos, recordaba que todas las personas tenian esa mirada y ese silencio cuando acompañaron a su familia al entierro. Ese silencio incomodo de un extraño que no sabe que decir ante una pérdida ajena. Sus pies comenzaron a agitarse nerviosos, finalmente el rompió el silencio.
— ¿Puedo poner las noticias?
La mirada de ambos se centraron en él, sin esperar una respuesta Raff se levantó a encender el viejo televisor familiar, Raff aun pensaba que aquella máquina era uno de los primeros que se fabricaron, cambió los canales sin dar opción a que algún programa dijera más de una palabra. No buscaba nada en específico, solo quería algún canal que pudiera llenar ese vacío. Sus padre lo habían seguido con la mirada cuando se levantó de la mesa.
— Raff, vas a malograrlo solo déjalo en las noticias, esos televisores se usa con cuidado — Exclamo su madre al percatarse con la velocidad que hacía girar el botón de los canales.
Sin respuesta de su parte, detuvo su cambio insistente en el canal de noticias nacionales. Nunca le había gustado verlas, era muy deprimente escuchar cuantos muertos había en un día y todo el resto de desgracias, mas esa noche era al menos un murmullo cómodo. En ese momento hablaban alguna noticia de farándula de algún artista del país, cosas que no eran de su interés, volvió a su asiento un poco más reconfortado. De pronto, las risas y la música tonta del reportaje, fueron interrumpidas por un flash noticioso. El rostro de los conductores cambiaron de risas a un aspecto más serio.
“Según los testigos, el ataque fue de manera imprevista, los campistas se encontraban dentro de los lugares designados para ver las estrellas. Nuestro corresponsal quien transmite en vivo se encuentra ahora con una de las víctimas que sobrevivió. Adelante Mike”
Se oyó el ya conocido silencio que hay entre la conexión del estudio y el corresponsal, Raff, comía despacio su cena sin poder evitar escuchar un poco de lo que acontecía.
“Si gracias estudio, me encuentro aquí con la joven que huyo de lo que fue un ataque de grandes proporciones… emm disculpa ¿puedes decirme tu nombre?” la voz dudosa al principio calló un sollozo, era una voz aguda seguramente una adolescente aún, cuando aprenderían los periodistas que si alguien tiene una desgracia lo que menos quiere es que le pregunten algo sobre ello. Raff pensaba mientras mordía más de la cuenta su pedazo de carne. “Marie… Marie Billkog” el periodista de nuevo interrumpía con las preguntas del caso “Eran monstruos, enormes con zarpas y pelo como osos” afirmaba la mujer que casi no se le entendía por sus sollozos. Raff, prestó más atención en cuanto oyó las declaraciones, en la pantalla se veía el rostro lloroso de una niña de catorce años, rubia y con el rostro sucio dentro de una ambulancia. “Simplemente aparecieron y traían adornos en ellos, tenían manos humanas pero otras partes no lo eran” La joven comenzó a llorar más, un paramédico interrumpió la entrevista y sedó a la muchacha cuyos sollozos se salían de control. El periodista sin mostrar su molestia llevo a su cámara a recorrer el lugar de los hechos donde la policía ya había cercado con aquella cinta amarilla. Raff vio como al fondo se observaban, no cuerpos, eran pedazos de lo que parecía estatuas, manos y rostros congelados en medio del terror.
Sintió un gran pedazo de hielo bajar por su columna cuando todos esos pedazos tuvieron sentido. “Al parecer las víctimas fueron petrificadas” Habló el periodista y después de ello no escuchó más. Sus padres lo observaban intrigados, Raff supo que al igual que él, ellos habían relacionado aquellas descripciones con su hijo; eso significaba que no era el único, había más criaturas como Raff. Pasado el desconcierto su ánimo pareció mejorar con esa conclusión. Terminó su cena, quiso ayudar a limpiar todo a su madre pero ella se negó y lo mando a su habitación, luego de varias negativas finalmente cedió. Subió a su habitación con una amplia sonrisa. Sus padre no habían mencionado nada del tema de la noticia, seguramente no lo creían o quien sabe, pero para Raff aquello era la mejor noticia de su día.
No podía equivocarse, si es que su deducción era correcta, en algún lado del país habían más quimeras, el no tenía mayor razón para buscar esa dichosa gema podrían hacerlo los otros, no tendría que dejar a su familia. Pensó en Baldwyn y buscó la gema en el cajón de su escritorio. La levanto entre sus dedos mirándola brillar. Le había emocionado tanto al principio, pero el pensar dejar a su familia era algo que no le agradaba. Pero ahora si había una opción, mañana visitaría al oso de nuevo, le entregaría la gema y su vida volvería a ser aburrida. Volvería a la normalidad. Pensando ello se durmió aun con la gema en manos, había sido un mal día pero esperaba que aquella noticia fuera el principio de la mejora.
***
—Señor... la prensa — El Capitán de la policía levantó su mano para hacer callar al muchacho.
—No dejen que nadie de la prensa pase y no hagan declaraciones, al primer policía que vea en las noticias me encargaré de sancionarlo yo mismo.
Espetó golpeando el pecho del joven uniformado con un dedo, era una amenaza muy seria. El Capitán Blake no esta de humor esa noche, se suponía ese era su día de descanso, ya trabajaba mucho y pasaba poco tiempo en familia. Aquella noche era su aniversario de bodas y estaba listo para cenar con su esposa cuando el insistente tono de su celular lo obligó a contestar. Al principio creyó que era un simple caso de unos adolescentes ebrios que habrían tenido un accidente, no entendía porque razón por algo tan simple lo llamaban interrumpiendo sus planes.
Ante la insistencia de su interlocutor, aceptó acudir a regañadientes. Se disculpó con su esposa, tomó su placa y salió en su coche directo hacia su trabajo. Su esposa era comprensiva, pero el odiaba cancelar planes. De la comisaria fueron directo a la escena del crimen, al llegar, su ira fue reemplazada por el desconcierto y la frustración. Nada de aquella escena tenía sentido. Al ver aquellos que parecían cuerpos humanos hechos de roca simplemente dejaban sus explicaciones inservibles.
— Capitán — Una mujer de criminalística se acercó a él, vestía aquel traje blanco similar a los médicos — creo que tiene que ver esto.
Dejando al joven atrás, el capitán acompañó a la joven hasta una camioneta negra perteneciente al área de criminalística, dentro de la camioneta, tenían una especie de laboratorio móvil.
—Capitán, los restos encontrados fueron sometidos a pruebas moleculares y de ADN, pero lo que encontramos no tiene mucho sentido
La mujer sacó un pedazo de roca que tenía forma de mano y luego sacó un pie donde en la parte superior se podía observar aún trozos de piel.
—Como le decía — Continuó la mujer — Las muestras las tomamos de ambos especímenes. De la mano y de lo que parece ser piel en este pie. Primero teníamos la sospecha de que los trozos de piel humana, pudieron ser colocados intencionalmente en la roca para simular que fueron humanos en algún momento. Pero de acuerdo a los análisis, el ADN de la roca y de la piel, coinciden por completo. La piel y la roca pertenecen a un adolescente de dieciséis años.
Cuando terminó de hablar, el capitán miró a la mujer y luego los resultados que estaban impresos al lado de cada muestra. Todo eso parecía una broma. Nada de lo que le decían tenía sentido. Un humano no podía transformarse en roca, era imposible, aquellas cosas solo eran de películas.
—Sabe usted que no puedo decir eso en la prensa ¿Verdad? — Cuestionó el capitán - Simplemente me tacharan de loco si voy declarando que lo que tenemos en este crimen es gente convertida en roca — Continuó sin dar opción a responder a la mujer — Tiene que haber alguna otra explicación, algún criminal loco que sea amante de estas cosas moleculares y de ADN que le dio la gana de hacer esta puesta en escena.
—Ya hicimos todas las pruebas pertinentes y...
—Dígame con sinceridad, ¿Cuánto tiempo lleva en este trabajo?
—Ya veinte años capitán
—Entonces dígame, ¿Se atrevería a dar estos resultados al público?
La mujer pareció pensarlo un momento, en cierto modo aquella pregunta era muy real. Si ella colocaba todo eso en el reporte del caso, probablemente sería tachada de loca y podría perder su trabajo.
—No señor
El capitán suspiró mirándola, asintió mientras su mirada pasaba por toda la escena. Varios policías se encontraban en los alrededores buscando más pistas y levantando los cuerpos. Debía pensar en algo para hacer.
—No deje que nadie más vea ese informe, veré que podemos hacer pero esto debemos controlarlo.
El capitán se marchó y alejó un poco del ruido mediático y las sirenas de policía. Era un hombre serio ya con varios años de experiencia en el campo, pero nunca se había topado con algo similar. Tomó su celular y buscó el número de su general. Aquel hombre no solo era su superior, sino que también era su mentor. Bastaron dos timbradas para que del otro lado se oyera la ronca voz de un hombre,
— Dime Blake ahora en que te metiste
El capitán reveló toda la información a su superior, no dudo en dar hasta los detalles con menos sentido, también hizo de su conocimiento los resultados de las pruebas de laboratorio. Su general escuchó atentamente sin interrumpir ni una sola vez, su respiración era la única señal que le decía a Blake, que seguía estando del otro lado.
—Bien Blake, no te pongas a llorar no seas un imbécil debilucho como las de la ciudad. Ahora voy solo controla la situación y manda a esos idiotas de la prensa a contar huevos.
Los ojos negros del lagarto miraban ocultos desde la sombras de los árboles, todo ese lugar era demasiado extraño, las luces que giraban y cosas negras como cajas a las que unos hombres hablaban. A pesar de todas esas luces la oscuridad del bosque era superior, así que estaba seguro de no ser descubierto. Lo habían mandado vigilar aquel claro luego de que todo el desastre explotara, llevaba horas mirando sin ver nada importante. Ya cuando el cielo dejaba ver sus estrellas, sus ojos negros siguieron a los hombres de las cajas raras, quienes desaparecieron por el camino llevando consigo los restos de los petrificados. No había logrado obtener algo relevante, su capitán seguro lo dejaría sin cena esa noche.
Maldiciendo por lo bajo regresó al campamento que habían montado en ese extraño lugar, a varios metros pudo reconocer el olor de la carne al fuego y su estómago rugió. Al llegar al círculo donde sus compañeros se mantenían tibios, buscó al capitán.
—Novedades eso espero — Exclamó el capitán al verlo regresar — Alguno de ellos debió ser, de lo contrario no habría razón para que estén en un lugar como este.
Murmuró en respuesta el capitán, su rostro se deformaba más por el fuego haciéndolo lucir más poderoso y temible. El capitán no era horrible, es más muchas doncellas lo deseaban por sus facciones monstruosamente perfectas.
— Al parecer no eran más que simples pueblerinos — Afirmó el soldado que no supo cómo mas definirlos — En el lugar ahora hay mas, algunos parecen soldados y se están llevando los cuerpos. Quizá realicen una búsqueda por los alrededores
— Tenemos una misión y no pienso fallar, no por nada me enviaron al cargo de ustedes.
El grupo se estremeció cuando el capitán pasó sus ojos dorados sobre ellos, estaba furioso y el reflejo del fuego en sus ojos hacía que se pareciera a un Dios de la guerra.
—Mañana partiremos al alba, no vamos a fracasar en esta misión, hace ya muchos años los soldados inútiles que se consiguió el rey, perdieron la gema. A mi no me harán lo mismo.— Clavó su espada en el suelo cerca de la fogata — Quien quiera detenerme deberá entregar su vida. Laine , Mors ustedes hacen la primera vigilia
Los dos hombres mencionados se pusieron de pie al instante y tomando sus armas fueron cada uno a un extremo del campamento que habían montado, para vigilar. Con un gesto despectivo, el capitán mandó al joven retirarse. El joven se retiró obedeciendo el gesto de la mano de su capitán. Se situó en un lugar apartado de todos. Era el más nuevo en aquel grupo y también el más joven, eso lo hacia el blanco de las burlas, bromas y culpas. No pudo comer hasta que todos hubieron comido, por suerte esa noche si le dejaron unas sobras decentes. Nunca se imaginó que esa sería la vida de un soldado, humillado y usado solo como carne de carroña. No pudo dormir esa noche, así que decidió montar vigía el también aunque no le veía sentido en hacerlo puesto que eran notablemente superiores en aquellas tierras. A la mañana siguiente la búsqueda continuaría, y aunque le agradaba estar designado para una tarea tan importante, no le gustaba mucho los métodos del capitán.