Aprovecho que todos han caído como moscas para pasear en el jardín trasero de nuestra casa. Tomo aire con fuerza intentando serenarme, observo el cielo, despejado y desnudo, me detengo poco después en la luna.
Qué bella que es y qué poco importancia le damos…Todos la observan, nadie la ama.
A regañadientes recuerdo como Susan le encantaba cocinar para mi y que cenáramos en este mismo jardín, deleitándonos con la luna, haciendo ver como si fuese el mejor de los restaurantes, ella jamás había sido ni creída ni egocéntrica, mi mujer era humildad y modestia en persona. Siempre puso su mejor esfuerzo porque no perdiéramos la chispa de nuestra relación, de mantener viva siempre la llama del amor y del deseo. De hecho de jóvenes solíamos hacer el amor en ese mismo jardín, sin más… Por más que ella se sonrojara, dejamos de hacerlo cuando James perdió su empresa y la casa poco después fruto del divorcio con su esposa, por suerte la casa era grande, y cupieron él, Jack, Sara y, el mayor, Parker… A partir de ahí supongo que ya dejó de ser licito desnudarnos frente a sus sobrinos y hermano. No creo que hubiera sido agrable para ellos ver a su tía y a su tío político en pleno acto en medio del jardín.
Me deleito viendo el columpio ser movido por la suave brisa nocturna, en ese jodido columpio le pedí matrimonio, definitivamente ese jardín guardaba muchos recuerdos.
No había podido conciliar el sueño. Lo estúpido fue pensar que si podría. He perdido a Susan, a lo que era mi futuro hijo, el gimnasio, mi carrera, lo he perdido todo. No tengo nada excepto deudas, facturas, la vida de gente inocente atada por siempre a la mía, lo mínimo que podía hacer a los Jefferson era dejarles vivir en mi casa tras haberles quitado a su mejor amiga, hija, hermana y tía respectivamente. Porque no nos engañemos, el error fue de mi padre, pero también mío por no haber puesto más atención a sus trapicheos. Por no haber dejado que fuese a verlo sola sin ninguna tipo de precaución.
La culpa era mí directamente.
Debía haberlo supuesto de la rata que considero mi padre, cuando desaparecía y luego de la nada aparecía como si nada hubiese pasado, nada bueno salía de ahí.
Yo… Tan solo si hubiese podido verlo ella estaría aquí con ese hijo en el vientre, ambos vendrían al gimnasio, seguramente heredaría esos ojazos verdes y esa mirada inocente y dulce de ella. Puedo imaginarlos detrás del ring sonriendo, animandome a continuar, mi aliento, mi vida eran ellos, mi vida son los míos. No se si he enloquecido o simplemente he empezado a cogerle el gusto a esto de hacerme daño.
Aún recuerdo ese maldito día donde todo se torció…¿Y cómo podría olvidarlo?
F L A S H B A C K
—Susan, cariño. No quiero que vayas sola a ver a ese viej-
Ella me mira enfadada parándome en seco, frunce los labios y las cejas negando, no puedo evitar sonreír ante lo adorable que se veía. ¿Cómo podía ser tan bella?
—Ese viejo es tu padre, por tanto nuestra familia—lo defendió ella con habilidad, asi era Susan siempre dedicada al resto.
—¿Y? Seguro que está puesto de coca hasta las cejas, quédate en el taller del gimnasio, hay muchos niños que se han apuntado a tu sesión de repaso escolar—intenté hacerla cambiar de opinión mientras los señalo con la mirada—No quiero que vayas sola…—añadí sin poder esconder mi preocupación mientras ella tan solo me mira con su clásica pose dulce y atenta.
—Tu debes estar aquí, entrenar para esta gran noche—afirmó poco después ella con una sonrisa mientras me pone los guantes, con dulzura y atención, aprovecho su cercanía para rodear su cintura y posar un suave beso en los labios que hace que los niños del barrio que nos rodean hagan su mejor mueca de asco, veo como nos dejan solos en medio del ring.
—Cotillas—murmuró yo entre dientes señalándolos con la mirada, ella sonríe apartándose de mi finalmente.
—Es sencillo, iré a ese sitio, lo traeré conmigo, te veremos esta noche espectacular, dejaras a tu contrincante en el suelo y podremos irnos a casa a cenar en familia—explicó ella como si fuese realmente fácil—Tengo un notición que daros a todos—añadió sin poder esconder la luz en su rostro, una vez los guantes están colocados da una palmada en señal de haber terminado, no dudo en buscar su cuerpo de nuevo y ella acaricia mi rostro.
—¿Notición?—repito burlón, ella me mira de mala manera—Me encantan los noticiones, puedes darme un adelanto. No se lo diré a nadie—añado eso último en susurros prácticamente haciendo que una melódica carcajada salga de sus labios.
—Te amo, Dante—susurra ella colocando su frente contra la mía.
—Y yo, no te haces idea de cuanto. Ten cuidado—añado mientras siento su nariz contra mi nariz.
“Te amo, Dante”
Esa frase se repite una y otra vez en mi mente.
Me amó y no supe protegerla.
Me brindó su amor y su apoyo y no supe dar la cara por ella.
Yo, el gran Dante Baxter no había podido proteger a mi propia mujer del desastre que tengo como padre.
Cierro los ojos con fuerza cuando siento poco a poco como se mojan, lo último que necesito son lagrimas ahora. He perdido todo lo más que he amado por culpa de esos tipejos de los Nerón. Nadie se atreve a hacer nada contra ellos porque son gente muy poderosa. No soy un hombre de conflictos. De hecho cualquier persona que me conoce sabe que fuera del ring soy lo más pacifico que existe. Debo decir que no siempre fue asi, es verdad que las mujeres no cambian a los hombres, son los hombres enamorados los que deciden cambiar por las mujeres que aman, ese fue exactamente mi caso. Y ahora en este jardín de lo único que me arrepiento es de no haberla parado. Debí hacerlo.