—¿Matt? —era Jake, con su voz habitual de buen amigo metido en problemas—. Hermano, ¿qué haces? ¿Quieres venir a tomarte unas cervezas y ver el juego? Estoy en el bar de siempre. Matt dudó. Su mente era un caos, su cuerpo aún lleno de ecos que no quería recordar. —No sé, Jake… —murmuró, apoyándose contra el auto—. Ha sido un día largo. —Precisamente por eso. Te va a explotar la cabeza si no te despejas —insistió Jake—. Vamos, solo un rato, necesitas distraerte con tu mejor amigo. Matt inhaló hondo. Sí. Lo necesitaba, necesitaba huir de sí mismo por un par de horas. —Está bien —aceptó al fin—. Llego en diez. Colgó, se metió en el auto y encendió el motor. Manejó hacia el bar donde vería a Jake, pero la carretera se convirtió en un túnel de flashbacks. Champaña deslizándose entr

