Capítulo 9 POV Jessica

1135 Words
Mis dedos temblaban mientras me sostenía a él. El calor de su piel contrastaba con la frialdad que se asentaba en mi pecho como escarcha. Sentía aún la presión de las visiones en mi pecho, como si me hubieran arrancado de un abismo y arrojado a otro sin aviso. No era un simple recuerdo. Había sido una vida entera vivida sin mí, un amor arrancado de raíz bajo la violencia de la traición, el dolor de la pérdida y el grito mudo de un adiós que nunca quiso ser dicho. Ares no dijo nada. Estaba detrás de mí, tan inmóvil que por un instante creí que el tiempo se había congelado con él. Pero lo sentía. Sentía su sombra, su tristeza... su rabia contenida como una tormenta a punto de estallar. Yo había sido Eleanor. Pero ahora era Jessica. Y también lo había perdido todo. —Mi Luna… —susurró su voz, quebrada, apenas humana—.Mi todo. Me giré, y lo encontré de rodillas ante mí, con la frente pegada a mi vientre, los brazos rodeando mis caderas con desesperación, como si temiera que me desvaneciera entre sus dedos. —No sabes lo que fue… vivir todos estos siglos con ese vacío en el pecho —su voz se deshacía en cada palabra—. Te busqué entre rostros, entre aullidos, entre lunas que no traían consuelo. Y ahora… que te tengo otra vez… —un sollozo seco le partió la voz—. No sé cómo contener esto. No sé cómo... detenerme. Me incliné, acaricié su rostro con ambas manos, obligándolo a alzar la vista. Sus ojos grises, profundos y fieros, estaban al borde del abismo, bañados en lágrimas que no caían. —Ya estoy aquí, Ares —susurré—. Ya estamos juntos. No tienes que seguir esperando. Su boca capturó la mía con el hambre de quien ha cruzado eras para saciar una sola sed. Me alzó en brazos y me llevó hasta su cama, la misma que aún olía a él y a siglos de soledad. Me tumbó con reverencia, como si fuera sagrada… pero sus manos temblaban de urgencia. Cada prenda arrancada, cada botón suelto, era una súplica para que despertara en mí lo que él necesitaba encontrar. —Te amo… —jadeó contra mi cuello, su aliento ardiente—. Siempre te he amado. —Ares… —susurré, pero él no escuchaba. Su cuerpo se fundió con el mío con una naturalidad salvaje, brutal, como si nuestras almas ya hubieran danzado este acto mil veces. Se movía dentro de mí con la determinación de invocar un recuerdo. —Eleanor… —dijo contra mi oído, con voz rota de alivio. Como si al nombrarla, al nombrarme así, todo tuviera sentido para él. El nombre me atravesó como una flecha helada. Mis pulmones olvidaron cómo respirar. Mis brazos, que lo rodeaban, cayeron a los lados. Él no lo notó. O no quiso notarlo. Seguía dentro de mí, moviéndose, perdido entre memorias que no me pertenecían. —¿Qué pasa? —murmuró, sin detenerse. Como si mi incomodidad fuera un simple estorbo momentáneo. Sentí la fisura en su voz, pero su cuerpo seguía buscándome con la misma urgencia, con la misma fuerza. Apreté los labios. No podía callarlo más. —Ares… —dije, con una mezcla de tristeza y lucidez—. No soy Eleanor. Recuerda… Su cuerpo se congeló. Aún estaba dentro de mí, pero inmóvil, tenso. —Morí —continué, con voz firme—. Morí… y volví a nacer de esta forma. Ver los recuerdos de nuestro tiempo, sentirlos a través del vínculo que la Diosa nos dio… no me convierte en ella. No soy Eleanor. Soy Jessica. El silencio se volvió espeso, casi insoportable. Su frente se apoyó en mi clavícula, y durante largos segundos no dijo nada. Sólo respiraba con violencia, como si estuviera luchando contra algo primitivo dentro de sí. —Jessica… —Ares… —susurré, con dolor—. Necesito que me ames a mí. A quien soy ahora. No a quien fui. Su respiración tembló… y luego se detuvo por completo. —No me interesa tener una compañera que no sea Eleanor —dijo al fin, con voz firme, cruda—. Sé que sólo has visto sus memorias. Que no las viviste realmente. Pero por ahora… tendrán que bastar. Lo miré, con el corazón estrujado. Quise gritar, apartarlo, maldecirlo. Pero estaba atrapada. En su cuerpo. En su decisión. En su pasado. —Eres mía. Tu alma es mía. Y una vez que realice el ritual, cuando se despierten tus memorias y vivas todo por ti misma, entenderás que solo existimos tú y yo. Ares y Eleanor. No hay espacio para nadie más. No hay espacio para Jessica. Así que déjala ir. Antes de que pudiera responder, comenzó a moverse de nuevo dentro de mí. Ya no era un acto de amor. Era un acto de conquista. Un hechizo ejecutado con su cuerpo. Un intento desesperado por invocar a una muerta. Con fuerza. Con determinación. Con posesión. Su mirada se clavó en la mía como un sello de fuego, y no me dio espacio para escapar, ni de su cuerpo ni de sus palabras. —Eres perfecta, Eleanor… y no tenemos que seguir fingiendo lo contrario. Jessica ni siquiera a tenido una vida de verdad. Permaneciste aislada por una razón. Cuando regresen tus recuerdos de nuestra vida juntos, los de esta existencia desaparecerán. Y no lo lamentarás. Su ritmo se volvió más profundo, más demandante. Cada embestida era una declaración: de poder, de pérdida, de promesa. Sentía cómo me abría no solo por dentro, sino en cada parte de lo que soy. Cómo tomaba cada rincón de mí con esa mezcla de furia y necesidad. Mis uñas arañaban sus hombros. Mis gemidos escapaban sin control. Pero algo dentro de mí… se rompía. —Ares… —susurré, con un hilo de voz. Una lágrima resbaló por mi mejilla, el dolor de darme cuenta de la verdad era abrumador. No me estaba amando. Me estaba borrando. Ares era un monstruo que no le importaba yo realmente. Solo quería recuperar a la compañera que perdió, aunque eso significara destruirme a mí en el proceso. Sabía lo que significaba entonces entregarme a él. La entrega era una rendición. Era ceder el cuerpo a cambio de perder el alma. Era permitirme desaparecer para que otra versión de mí tomara mi lugar. No estaba siendo amada. No, no realmente. Estaba siendo sustituida. Poseída por un compañero aferrado al pasado. —Eres mía, Eleanor —susurró con voz rota y salvaje, mientras me empujaba contra el colchón—. Siempre fuiste mía desde el principio. Y en ese instante, entre jadeos, memorias y dolor, comprendí que quizás tendría que arder por completo… antes de escapar del Alfa que tenía encima.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD