Capítulo 17

1212 Words
Cuando Elara abrió los ojos, lo primero que sintió fue un dolor en la pierna. En ese instante, las imágenes aterradoras de ese vampiro lanzándose sobre ella pasaron por su cabeza y se agitó. —Tranquila, soy yo —le habló Damon —. Estás a salvó. Elara miró a todas partes, el corazón le palpitaba desenfrenado, había un sonido en sus oídos, el pie le dolía y su respiración era agitada. Damon volvió a hablarle hasta que ella logró verlo, tardó unos minutos en tranquilizarse. —¿Qué pasó? —preguntó agitada. —Te caíste y papá te trajo aquí para curarte, has dormido toda la noche. Elara vio su pierna vendada, luego vio a Damon. Volvió a recordar. No, eso no fue una caída, pensó Lo recordaba perfectamente, ella había salido al jardín cuando ese vampiro la atacó. Recordó a Claire en el suelo, recordó ver a Darius acercarse y luego… cuando la llevaba en sus brazos… pero sus ojos oscuros, su cabello rubio alborotado, esos labios rojos. Negó inmediatamente con la cabeza. —¿Te duele? —dudó Damon —. El tío Steven trajo una cesta con comida, dijo que era por si despertabas con hambre. Damon llevó la cesta a la cama. — ¿O prefieres ir a bañarte? —señaló su ropa. Elara se dio cuenta que tenía la ropa sucia, después de que Darius la había curado, todos tenían prohibida la entrada a su habitación; excepto Damon que permanecía ahí, pero él solo se había dedicado a estar a su lado y cuidarla. Ella estaba por abrir la boca para decir que iba a bañarse primero, pero en ese momento su estómago rugió, el sonido no fue tan fuerte, pero sí suficiente para que incluso Damon se sorprendiera. —Creo que primero quieres comer —mencionó. Damon tomó la cesta y la dejó en la cama. Elara aunque aún estaba un poco confundida y temerosa abrió la cesta y tomó un pedazo de pan que se llevó a la boca de inmediato. Estaba suave y bastante rico, es increíble como ellos se preocupaban más por su comida que en su propia casa, comió algo de carne y unas zanahorias, después de que terminó se fue a dar un baño. Damon se fue a su dormitorio, le dijo que también se iba a bañar y luego regresaría. Eso le dio el tiempo a Elara de quitarse el desastre que tenía en el pie. —Yo hubiera hecho un mejor trabajo y eso que he vivido en un calabozo —refunfuñó mientras terminaba de quitar el último pedazo de tela que se le había pegado a la piel. Soltó un gruñido cuando lo último salió y colocó su pie en la bañera. La herida había sido profunda, pero la piel ya estaba sanando por su cuenta. Elara se revisó varias veces y le pareció extraño. Cuando vivía en la manada las heridas no sanaban tan rápido aunque fueran pequeñas. Terminó de limpiarse y por su seguridad cortó un pedazo del vestido que le dieron y se cubrió la herida. —El Rey vampiro tenía razón al decir que no debería salir de aquí —murmuró. No sabía exactamente qué hacer ahora, se supone que era la Reina de ese lugar, había intentado serlo por un par de días, pero luego uno de esos vampiros casi acaba con ella. No quería salir de esa habitación jamás. Steven apareció con una pequeña caja de primeros auxilios y otra cesta de comida. Lo dejo todo en la mesa cerca de la ventana. —Veo que estás mejor —mencionó, aunque sus ojos reflejaban algo de preocupación —. Quiero disculparme por lo que sucedió, quiero que sepas que ya estamos tomando cartas en el asunto y el vampiro que te atacó está en custodia. —No deberían hacerlo. Yo tuve la culpa al salir, sé que ellos no me quieren y… —No, por supuesto que no es así. Elara levantó la mirada hacía Steven. —¿No qué? Steven lo pensó un segundo. Se dio cuenta que ella no sabía nada sobre su sangre, sobre como ese aroma había llegado al vampiro y fue por eso que la atacó, pero ella no parecia ser consciente y él no se lo diría. Lo mejor era dejar esa conversación para Darius, aunque no era lo más sensato. Su hermano había permanecido en su habitación hasta ahora y no respondía a ningún tipo de llamado. —Que no estará bien que te eches la culpa por está situación. Además te aseguro que no es así como lo piensas, solo eres diferente y los vampiros no están acostumbrados, pero los pocos que te han conocido han quedado complacidos con tu presencia. —¿En serio? —Por supuesto, como Abazark y Lorkan. —Oh sí, son personas que saben mucho. —Claro y también algunas sirvientas y te aseguro que después de la presentación cuando todos te conozcan, te respetarán y te tratarán como su reina —tomó la cesta de comida y sacó un poco de carne, pan y verduras —. Mientras tanto, debes comer bastante para recuperarte, los vampiros no podemos sentir los sabores y tampoco somos expertos en cocinar, pero espero que haya salido bien. Le extendió el plato de comida con una sonrisa de labios cerrados. —Me has traído demasiada comida, es muy fresca y deliciosa, te lo aseguro. —Menos mal, aunque hubiera sido más fácil que hubieras venido con uno de tus sirvientes y no completamente sola. —¿Podía traer a alguien? —dudó Elara con el pedazo de carne en la boca. A Steven incluso le pareció tierna, sus ojos grandes y ese pedazo de comida a medio morder. Elara no parecía ser un espía enviado por los lobos. —Supongo que sí. Los del consejo hablaron directamente con Darius, pero podría averiguar, ¿quieres pedir a tus sirvientes? Elaba bajó la vista a la comida, en realidad ella no tenía sirvientes, los pocos que sabían de su existencia en la manada, la trataban fatal, pero había una loba que sí, aunque no sabía si era correcto traerla a este lugar. Ella casi perdía la vida con ese vampiro y no quería poner en el mismo peligro a Mara. —No —contestó sin mirarlo —. Así estoy bien, gracias. Steven se dio cuenta de su cambio inmediato, pero no quiso preguntar, era posible que lo dijera por la herida en su pierna. —Sé que no debería pedirte esto, pero es que le dijimos a Damon que te caíste y… —Ya me lo dijo —lo interrumpió —. Y no lo corregí, no te preocupes por eso. —Gracias —suspiró —. Puedes pedir lo que quieras, te lo traeré. Además, vendrá una sirvienta a verte. —Preferiría que no —mencionó Elara —. Estoy bien así, solo con la comida y las cosas, aunque agradecería que me pudieran traer unos libros. —Te los traeran enseguida. —¿Puede ir Damon por ellos? —preguntó —. Sé exactamente cuales quiero y prefiero que sea él. —Sí, por supuesto. Steven sabía que algo había cambiado en Elara y era algo de lo que debían preocuparse.
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