Después de la boda de Satchel Babineaux no he podido dejar de pensar en ese hombre y esto era algo desconcertante para mi ya que nunca antes me había ocurrido, además sé que es completamente absurdo por lo que traté de distraer mi mente en otras cosas.
Me ponía nerviosa con solo pensar en volverlo a encontrar sin embargo sé que las posibilidades de eso era completamente absurdas.
Ni siquiera sabía el porqué de mi atracción a ese hombre.
Sí, era guapísimo, eso obviamente lo sé pero yo he conocido otros hombres guapos.
Esto se trata de algo magnético.
Mágico.
Algo tentador que sobrepasa mis límites.
Por eso debería dejar de imaginar tontamente volver a verlo.
Apreté mis labios algo frustrada pero el sonido de la puerta de mi habitación sonado llamó mi atención y dirigí mis ojos hasta el lugar, no tardé en levantarme de mi cama para ver de qué se trataba no obstante jamás me imaginé ver a la persona que estaba del otro lado de la puerta sonriendo.
Sin dudar inmediatamente solté un grito de emoción y ambas nos abrazamos con fuerza hasta estar casi al borde de las lágrimas.
- ¡No puedo creer que estés aquí! -exclamé emocionada sin dejar de abrazarla.
-Te extrañé demasiado, estoy feliz de verte Lena.
Ambas dimos un paso atrás para poder vernos.
-Yo también te extrañé Dee ¿Por qué no me dijiste que volverías?
-Quería sorprenderte y lo hice, eso es lo más importante.
Ambas sonreímos a la otra.
Mi mejor amiga estaba de vuelta, no sabía por cuanto tiempo pero yo estaba sumamente feliz de que estuviera aquí e iba a aprovecharlo.
-Vamos a la cocina, pediré que preparen algo para nosotras.
*
Casi se hizo de noche mientra que hablábamos.
-Voy a quedarme, terminé mis estudios al fin así que estoy de vuelta.
- ¿En serio Dee? -le pregunté emocionada y ella asintió-. ¡Que bien!
》Deberíamos hacer algo para festejar que estás aquí.
- ¿Algo como qué? -me preguntó ella arqueando una ceja con curiosidad.
- ¿Recuerdas la lista de "Todo lo prohibido" que hicimos en la secundaria?
Enseguida Dianne asintió.
- ¿Qué hay con eso? -me preguntó curiosa.
-Dijimos que algún día lo cumpliríamos ¿Por qué no hacerlo ahora que somos lo suficientemente grandes como para hacerlo? Además tenemos que festejar que estás aquí.
-Hagámoslo.
》No recuerdo ni la mitad de lo que escribí ahí.
Yo reí divertida porque yo tampoco recordaba muy bien.
-Ahora, tengo que convencer a uno de mis queridos hermanos que desentierren la lista.
Vi de repente como Dee se puso tensa ante la mención de mis hermanos pero no le presté demasiada atención.
-Se lo pediré a Alex, él fue quien nos ayudó después de todo a enterrarlo.
*
—No voy a cavar eso otra vez —se negó refunfuñando Alexis y yo lo miré con ojos suplicantes.
Normalmente mis hermanos no se resistían a estos ojos así que Alex entorno los ojos y miró hacia otro lado.
—Alex, por fa...
—No Helena, Chara y yo llevaremos a Kyrian al pediatra, no tengo tiempo para esto.
Su respuesta mi alarma por lo que rápidamente le pregunté que le pasaba a Kyrian, quien era mi sobrino de 3 años.
—Es un examen de rutina, así que como verás no tengo tiempo realmente.
Asentí entonces viéndolo caminar para buscar a su esposa e hijo y yo volví con Dee pensando a cuál de mis hermanos le pediría que cabara para nosotras.
— ¿Dijo que no? —preguntó mi amiga que había esperado a las orillas de la piscina donde tenía los pies metidos.
—Va a salir con su esposa y mi sobrino, pero no te preocupes ya sé a quién buscaremos para que cave por nosotras.
—Yo creo que podemos hacerlo nosotras mismas Lena.
Enseguida negué con la cabeza.
—No voy a dañar mis uñas, vamos dentro, uno de ellos lo hará.
Dee suspiró siguiendo mis pasos a regañadientes una vez más en una actitud sospechosa.
Como si quisiera salir corriendo de aquí cuanto antes.
— ¿Algo que tengas que contarme amiga? —le pregunté arqueando una ceja y su cara de terror los respondió por ella misma después negó con la cabeza pero era demasiado tarde había captado su mentira.
Antes de que alguna de las dos pudiera decir algo más uno de mis hermanos hizo su acto de presencia llamando nuestra atención.
Vangelis parecía perdido en sus pensamientos a la vez que caminaba despreocupado con su ropa de gimnasio sudada, rápidamente miré a Dee para hacerle una señal de que el chico indicado había llegado, pero para mi sorpresa la encontré mirándolo fijamente, ella claramente se lo estaba comiendo con los ojos.
Al fin Vangelis pareció darse cuenta de nuestra presencia, me miró como si estuviera a punto de reclamarme algo, sin embargo cuando sus orbes se fueron en dirección a mi amiga cualquier cosa que fuera decir murió en sus labios, su semblante palideció al igual que el de Dianne y fue ahí donde capté que entre estos dos había pasado algo.
Oh por Dios.
¡A mi mejor amiga le gusta mi hermano!
Gemí en mi interior.
—Dianne —saludó Van probablemente tratando de hacerse el indiferente.
—Vangelis —correspondió el saludo Dee y un ambiente incómodo flotó en el aire.
—Helena —dije mi nombre burlona tratando de aligerar el ambiente llamar la atención de ambos.
Ya Dianne me contaría que había pasado con Van en el pasado y porqué demonios no me lo había contado antes.
—Van, Dee y yo necesitamos ayuda.
— ¿Qué quieres? —me preguntó mi hermano interrogante pero no se me pasó desapercibido que de reojo él miraba a mi mejor amiga que ahora estaba completamente sonrojada.
Cinco minutos después observamos a Vangelis cavando donde le habíamos indicado.
Nos habíamos quedado en silencio viéndolo trabajar.
—Que bueno que Van quiso ayudarnos —murmuró Dee sin dejar de mirarlo y tuve que esconder una risotada que luchaba por no escapar de mis labios.
Asumí que este era el momento para preguntar.
— ¿Ayudar? Van lo hizo por ti, ¿Qué te traes con mi hermano menor?
Enseguida Dianne me miró espantada como si hubiera conocido un sucio secreto de ella y probablemente lo fuera.
Me crucé de brazos haciéndola entender que no iba a darle tregua y que quería escuchar lo que viniera a continuación.
—No te lo contaré con él aquí —susurró sonrojada y yo asentí.
— ¿Qué es esto Helena? —preguntó Vangelis llamando nuestra atención y las alarmas se encendieron cuando mientras metido hermano abrió el sobre donde teníamos anotado "Todo lo prohibido".
—Cierra eso —gruñí corriendo en su dirección y el labio inferior de Van arqueó en una burlona sonrisa.
Si alguno de mis hermanos leía eso no me dejarían salir en mi vida, creo que incluso me encerrarían en una abadía.
Cuando llegue por el sobre Vangelis subió su brazo con este en la mano y me resultó imposible alcanzarlo, aunque yo fuera alta él lo era más.
— ¡Dámelo! —grité histérica.
Y mi hermano hizo caso omiso.
Soltó una carcajada para después darse la vuelta y empezar a leer.
Sin embargo esta vez fui más rápida y se la arrebate de inmediato.
—Eres un estúpido —gruñí—. Vamos Dee.
No me tuve que dar la vuelta para saber que ella me seguía.
— ¡¿No hay ni siquiera un gracias?! —gritó mi hermano detrás de nosotras pero yo ni siquiera lo volteé a ver.
— ¡Gracias, bobo!
—Gracias Vangelis —agradeció mi amiga con un tono condescendiente que me hizo mirarla con una ceja arqueada y una sonrisa burlona.
—Definitivamente tienes muchas cosas que contarme.
*
—No puedo creer que esté haciendo esto —susurró Dee como si yo hubiera sido la que la empujó a esto y no al revés como realmente era.
Miré a mi alrededor curiosa debajo de la bonita máscara que nos habían dado en la entrada.
El ambiente estaba cargado de un claro erotismo a pesar de que no podía ver a ningún hombre por aquí más que el bartender que por cierto era guapísimo y tenía a más de una chica babeando sobre la barra.
Dee y yo habíamos decidido llevar a cabo "Todo lo prohibido" comenzando con su deseo.
Uno de los deseos de Dee era bailar en un club nocturno y ser el centro de atención.
Ni siquiera sabía sobre eso pero me hizo gracia que la dulce Dianne tuviera ese tipo de deseos.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto? -le pregunté a Dee viendo lo nerviosa que lucía.
-Claro que quiero hacerlo, yo...
De repente todo a nuestro alrededor se oscureció ligeramente salvo por el escenario del lugar donde se iluminó de un bonito color rojo atractivo.
Las mujeres dentro del club enloquecieron de inmediato y yo sabía que algo iba a pasar a continuación.
Por alguna razón también me sentía ansiosa.
Intranquila.
Pedí al bartender una cerveza mientras que Dee miraba expectante el escenario.
No tenía que ser un genio para saber que en el escenario sucedería algo muy bueno.
Algo obviamente que se trataba de hombre.
¿Por qué otra razón solo habían mujeres aquí?
Tomé la botella dirigiéndola hacia mis labios y fue en ese momento que el locutor comenzó a hablar haciendo que todas se volvieran más locas.
Dianne se mantenía expectante de lo que fuera a suceder mientras que yo deslizaba mi mirada perceptiva por todas partes sin detenerme en ningún lugar en específico hasta que el movimiento en el escenario llamó mi atención de inmediato y me quedé completamente muda cuando mis ojos volvieron a este.
Siete hombres aparecieron llevando solo pantalones de vestir y una pajarita en su cuello al mismo tiempo que sus torsos estaban completamente desnudos, pero no fue eso lo que me dejó helada.
Sabía que aquí obviamente ocurría algo debido a la cantidad de mujeres aquí, sin contar con que no había ni siquiera un solo hombre. Lo que me dejó muda y con la cerveza a medio tomar fue el verlo ahí.
Entre los siete hombres.
Habían dos columnas de tres pero el estaba justo en el medio luciendo mucho más caliente que en la despedida de soltera de Satchel.
Mi vientre se contrajo al ver como se movía al ritmo de la luna con movimientos felinos, seductores pero a la vez elegante y sexy.
Él es la combinación perfecta del sexo masculino y yo estoy irresistiblemente tentada a verlo.
A sumergirme en ese instante en que volvía a verlo.
Gavril era su nombre.
El mismo nombre que se había grabado a fuego en mi cabeza.
El mismo nombre que me hace estremecer sin siquiera proponérselo.
Yo, la princesa de hielo para muchos, estoy derritiéndome por ese hombre que baila como el pecado.
Mi lengua se desliza por mi labio inferior y trato de calmar los latidos de mi corazón que con cada segundo que pasa retumba con más fuerza bajo mi pecho.
Finalmente nuestros ojos hacen contacto directo haciéndome contener las respiración por unos segundos para después beber un sorbo de mi cerveza.
¿Acaso podría él reconocerme debajo de la máscara?
Aparté la mirada con urgencia dándome cuenta de que después de terminada su coreografía, todos bajan del escenario a buscar a alguna mujer con la que bailar, entre esas mi mejor amiga que realiza su deseo al fin.
Me doy la vuelta de inmediato buscando al bartender con la mirada quien estaba cruzado de brazos viendo el espectáculo pero al ver que lo estoy mirando arquea una ceja en mi dirección probablemente preguntándose porque estoy ignorando ese baile de los dioses para estar mirando en su dirección.
-Otra cerveza -pedí y él asintió yendo por mi pedido.
Trato de apaciguar mi corazón intranquilo porque no imaginé encontrármelo esta noche, ni ninguna otra.
Somos de mundos totalmente opuestos pero supongo que esto no es una casualidad.
Pronto siento la proximidad de un cuerpo a mis espaldas, su calidez abrigadora y sé aún sin voltearme de quién se trata.
Todo mi cuerpo está hormigueando y ni siquiera he volteado a verlo.
Todo lo que siento es su movimiento detrás de mí pero él no me toca como hacen los stripper a las demás
mujeres y esto me motiva extrañamente aunque no puedo evitar pensar en lo que se sentiría estar presionándome con ese masculino pecho mientras que ambos danzamos.
Siento mi garganta seca y agradezco al bartender la bebida que acaba de poner frente a mí.
Doy un largo sorbo y finalmente me doy la vuelta para enfrentarlo.
Alzo mi rostro buscando su cara porque a pesar de que soy alta tengo que alzar la cabeza para mirar sus ojos.
-Volvemos a vernos -le dije por medio de un susurro pero este no dejó de bailar.
De hecho no sé en qué momento terminé presionada contra la barra pero lo hice.
Mi cuerpo estaba en llamas, ardiendo cada vez que su duro m*****o chocaba contra mi pelvis haciéndome contener el aliento.
-Gracias a Dios por ello -susurró él con voz masculina que casi hizo que me derritiera pero lo que hizo a continuación fue la gota que derramó el vaso logrando erizar mi piel a un punto sin retorno donde mis pliegues se humedecieron, aunque traté de contener una jadeo no pude hacerlo cuando sus labios conectaron con una parte sensible en mi cuello que me hizo arquear la espalda.
Sin duda alguna este hombre sabe lo que una mujer realmente quiere.