Capítulo 3 — El sexy Stripper.

1050 Words
Todos eran sexys pero ese hombre que ahora le bailaba en la silla a Richelle en definitiva se llevaba la medalla. ¿Cómo era posible que no lo hubiera visto antes? Pese a que aún no veía su rostro llamó por completo mi atención con esos movimientos atrevidos, espalda figrosa y músculos de ensueño. Ese hombre era la personificación del sexo y claramente todas en la habitación podrían dar fe de ello. Sus piernas eran fuertes y poderosas. ¿Qué decir de ese culo de infarto? En cinco segundos me tuvo babeando por él como una adolescente por primera vez en mi vida. Nunca he visto a un hombre como este. Tan increíblemente atrayente que parece de mentiras. Es tan sexy como un sueño húmedo. — ¡Qué descarado! —Gimió Satchel dramática cuando el hombre se arrimó mucho más a su hermana e imitó unos movimientos sexuales que estoy segura a más de una nos hizo humedecer. Maldita sea, yo quiero eso. Pasé el labio inferior por mi lengua sintiendo como mi corazón latía frenético bajo mi pecho. ¿Qué está pasándome? —Necesito otro trago —murmuré con la garganta seca y ni siquiera escuché la respuesta de mi amiga. Hablando de lo que se necesita para despertar mi atención y señor sexo en un segundo la obtuvo sin mucho esfuerzo, esto solo me prueba lo necesitada que estoy... Que horror. Al llegar otra vez a la mesa de las bebidas ni siquiera quise voltear a ver al grupo del sexo. Esa era una tentación que realmente no podía permitirme, así que cerré los ojos y me tomé de un trago el alcohol esperando encontrar algo fuerte, lamentablemente estaba en una fiesta de mujeres “elegantes” y no hay mucho que escoger. De pronto un delicioso olor a perfume masculino llegó a mis fosas nasales casi derritiéndome con lo bien que olía pero en definitiva no estuve preparada para el suave tirón en mi brazo que me hizo girar hasta estar frente a un dios olímpico. Un jadeo vergonzoso quedó flotando en el aire al detallar sus facciones esculpidas. Pómulos altos, ojos grises, boca carnosa, nariz perfecta, mandíbula musculosa... Demonios, todo en ese hombre al parecer es musculoso. Sus pupilas detallaban mis movimientos y como si hubiéramos salido de una especie de limbo él se acercó aún más a mí dejando un espacio mínimo entre los dos. Sorprendiéndome tomó mi cintura e hizo que chocaramos en un sensual movimiento que una vez más me hizo gemir. Lentamente deslicé mi lengua por mis labios y él pareció captarlo. Cuando comenzó a bailarme de manera sensualmente lenta mi corazón dio un vuelco como nunca antes lo había hecho y casi pude sentir mis pezones empujar mi brasier vergonzosamente. Enseguida mis manos estuvieron en sus hombros empujándolo para alejarlo aunque no pude moverlo ni un centímetro. Sus orbes grises me detallaban con curiosidad pero él no dejó de entornar su pelvis contra mi vientre. —No sé bailar —esa fue mi pobre excusa para alejar a la tentación más grande que he tenido nunca frente a mí aunque esta no pareció ser razón suficiente para el sexy stripper. —Siente la música —se limitó a responder con la voz más sexy del planeta tierra y sus alrededores. Dios mío, este hombre es dinamita. Como si su cara de sexy chico malo no fuera suficiente tomó mis manos de sus hombros e hizo que las deslizara por su ahora torso desnudo que debo imaginar perdió su camisa al bailarle a Richelle. Las yemas de mis dedos se deleitaron con esa piel sedosa y mis ojos se desviaron hacia el mismo punto. Sí, en definitiva este hombre es puro músculo. Traté de no entusiasmarme demasiado con él, después de todo es alguien a quien no voy a ver más. Desvié mi mirada hacia las otras chicas y vi a los otros cuatro strippers dando un espectáculo no acto para menores de dieciocho así que volví mi mirada a este quien me sostenía y nuestras miradas se encontraron. Sus movimientos ahora eran mucho más sexuales e incluso estaba llevándome al límite de la locura pero él no era vulgar como el resto de ellos. Todo lo contrario y esto es lo más seductor que nunca he experimentado. — ¿Cómo te llamas? —preguntó él de repente dejándome estupefacta por unos segundos. Contemplé su bonita y besable boca más nerviosa de lo que jamás he estado, esto es grave, significa que me gusta mucho. —Helena ¿Y tú? —contesté indiferente pero la verdad es que me temblaban las rodillas. Ni siquiera sé porqué le dije mi nombre real si lo odiaba. Helena, nombre de señora. Por eso suelo usar el Lena, un diminutivo bonito. —Helena —susurró de vuelta y mi nombre nunca se había escuchado tan lindo antes—. Yo soy Gavril. Enseguida arqueé una ceja en su dirección tratando de ocultar mi fatal nerviosismo. — ¿Tu nombre real o...? —Real, nunca podría mentirle a una mujer tan hermosa. Su expresión casi pudo convencerme pero de sobra sé que él puede estar entrenado para decirle a una mujer lo que quiere oír. No sé en qué momento habíamos llegado a un punto que yo estaba entre la pared y su pecho firme entonces podía sentir la dureza de su pene en mi vientre ocasionando que como rara vez lo hacía me sonrojara. Pero como lo bueno no dura demasiado una de las mujeres se interpuso entre nosotros para poder bailar con Gavril... Si ese era su verdadero nombre. Acalorada busqué con la mirada a Satchel sin embargo no pude encontrarla así que imaginé que debía estar en el jardín probablemente mucho más horrorizada que antes así fui en su búsqueda porque no quería ya estar cerca de ese tipo que despertaba en mí una pasión casi animal. Mis pechos estaban duros mientras mis pliegues mojados. A lo mejor debería estar avergonzada pero no lo estaba, era la primera vez que me sucedía esto y seguramente no sería la única. Solo espero que no me vuelva a pasar con un stripper, porque de ser así a mi padre no se le olvidará nunca y lo más probable es que en ese momento sí me desherede.
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