Dulce aroma

1680 Words
Aceptar la propuesta de Rodolfo fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida gracias a él salí de ese mundo oscuro cuando ni las calles, terminé mis estudios convirtiéndome en un gran empresario. Después de un tiempo busqué a Daniel para convertir en mi mano derecha afortunadamente la aceptó y también conseguí que él saliera de las calles y de las drogas con el pasar del tiempo él y mi hermana se enamoraron para después se casarse. Rodolfo fue el más feliz de todos porque por fin veía feliz a su hija al lado de un buen hombre porque a pesar de todo Daniel era un buen hombre. Unos años después lamentablemente falleció Rodolfo por causas naturales dejándome a mí a cargo de todo su imperio, gracias a sus enseñanzas súper llevadas adelante todo lo que la había dejado haciendo que creciera aún más. Me convertí en la mejor empresaria un hombre rico y poderoso el cual no se deja pisotear por nada ni por nadie. Daniel —Nos vamos. Eiden —Si, vamos Daniel —En que o en quien tanto piensas. Eiden —Recordaba todo lo que había pasado antes de llegar aqui. Mi amigo me palmo el hombro y me sonrío. Daniel —Yo también a veces recuerdo mi vida anterior y agradezco porque me hayas sacado de ella, gracias a ti ahora soy un hombre de bien, padre de familia y un buen esposo. Los dos sonreímos mientras mirábamos el paisaje que se puede ver a través del ventanal de la empresa. Daniel —Vamonos antes de que comencemos a llorar. Eiden —Si mejor, que es ese folder. Daniel —Ha cierto este es el documento que nos entregó Bruno donde te acredita como dueño de la mitad del edificio que está en el centro de la ciudad. Eiden —Es el que supuestamente tiene una cafetería. Daniel —Asi es el que te lleva interesando desde hace mucho tiempo. Eiden —Esto es genial, ahora solo falta comprar la otra mitad por fin poder construir un casino en ese lugar. Daniel —Creo que eso será un poco difícil al parecer el otro dueño es la hermana de Bruno y no está muy interesada en vender su mitad del edificio. Eiden —Por que lo dices acaso ya hablaste con ella. Daniel —No pero cuando no nos entregó estos documentos le comenté que qué posibilidad había de que su hermana nos vendiera la otra mitad y le contestó que dudaba mucho que su hermana quisiera vender su parte ya que ella amaba ese lugar y sobretodo la cafetería que sus padres le habían dejado a ahí. Eiden —La cafetería que le dejaron a ella que no se supone que también Bruno era dueño de la mitad. Daniel —No, Bruno solo es dueño de la mitad del edificio, la cafetería está a nombre de su hermana. Eiden —Mmmm. pues veremos qué pasa cuando su hermana se entere de que soy el nuevo dueño, le ofrecere una gran cantidad por su parte te aseguro que no me rechazará. Daniel —Porque estas tan seguro. Eiden —Si su hermano es ambicioso también ella lo será conozco las mujeres de su clase y si les brillas el dinero caen como perros. Mi amigo no dijo nada más salimos del edificio rumbo al banco para guardar en mi bóveda de seguridad, los papeles que me acreditan como dueño de la mitad del lugar que me interesaba tanto. Baje del auto y caminé a la entrada del banco cuándo vi a alguien que llamo mi atención, por inercia apresuré mi paso para chocar con ella al ver qué venia distraída. Y como supuse lo hizo, la tome de la cintura, ella me pidio una disculpa, pero a mi no me salían las palabras solo queria que ese contacto no se terminará, me agache un poco para inhalar su dulce aroma a cereza mezclado con menta, era un aroma que jamás habia olido antes, ella trato de safarse de mi agarre pero no tubo éxito. Estaba tan sumergido en sus ojos color avellana, hasta que la voz de mi amigo me hizo salir del transe en el que me tenía. Daniel —Amigo suelta a la señorita. Volteé a ver a Daniel al mismo tiempo que la solté, le di una última mirada y caminé al interior del banco Daniel —Disculpe señorita es un poco.... Alexandra —Extraño! Daniel —Si, extraño, pero dígame esta usted bien. Alexandra —Si, no se preocupe. Por el reflejo del espejo que adornaba uno de los muros del lugar pude ver como se alejaba y tomaba un taxi. Daniel —Me puedes explicar que es lo que acaba de pasar. Eiden —De que hablas. Daniel —De ti y esa chica. Eiden —Que hay con ella, no entiendo. Daniel —No te hagas, no querias soltarla, juro que pense que la conocías. Eiden —Que ha de pasar, solo fue una mujer que se atravesó en mi camino y ya Fue la única respuesta que le pude dar porque ni yo mismo sabía que era lo que me habia sucedido con esa mujeres de ojos avellana. Entre a la oficina de Gustavo el gerente del banco. Gustavo —Eidan muchacho que gusto verte. Eidan —Gustavo también es un gusto verte. Gustavo —A que debemos tu visita No me digas que estás pensando en invertir en el negocio que te dije, eso sería un excelente noticia. Eiden —No exactamente, lo de tu propuesta aún lo estoy pensando, el motivo de visita es guardar unos documentos muy importantes para mí. La sonrisa de Gustavo se borró por completo y se puso serio. Gustavo —Ya veo, pero bueno por lo menos dime que lo vas a considerar. Eiden —Como te dije lo estoy pensando, ahora dime me podrías llevar a mi bóveda. Gustavo —Claro enseguida le digo a Gabriel que te acompañe. El marcó un número de teléfono supongo yo que para la extensión de Gabriel no estaba muy conforme con que fuera el que me llevara pero si no había de otra ni modo, no tardo ni dos minutos en que el fastidio de Gabriel entró. Gabriel —Para que soy bueno pa.... Sus palabras se cortan al mismo momento que me vio puso su pose seria y se dirigió a mí. Gabriel —Eiden, que hacés aqui. Eiden —Gabriel, buenas tardes para ti también y contestando a tu pregunta vengo a ver mi bóveda de seguridad. Este es un banco no. Gabriel —Si claro, papá me necesitas para algo. Gustavo —Si toma las llaves y lleva a Eiden a su bóveda. Puso cara de fastidio para su padre no es un secreto que ni él ni yo nos llevábamos teníamos algo así como una rencilla, problemas personales en donde él se creía mejor que yo y era obvio yo soy mejor que él. Gabriel tomó las llaves y también a la salida, me dio un poco de risa tu manera tonta de actuar. Una vez y mi bóveda de seguridad portafolio y los papeles para posteriormente guardarlos. Eiden —Gabriel fue un gusto verte me despides de tu padre. Gabriel —Si como sea. Sali del banco junto con Daniel, por un momento me detuve en el lugar donde había chocado con aquella mujer sin querer inhale un poco para ver si seguía su dulce aroma por desgracia la calle olía a polvo y humedad. Daniel —Sucede algo. Eiden —No, nada. Daniel —Como se fue con tu amiguito Gabriel supongo que se pusieron al día mientras tomaban un café. Eiden —Si con galletas y todo, Cómo crees que me fue, le cayó como patada en el trasero verme sabes que ni yo lo soporto ni el a mi. Daniel —Nunca he entendido esa rivalidad entre ustedes dos. Eiden —Cuando tiene un año viviendo con mi padre conocí a Gabriel ambos eran muy buenos amigos, así que por ende ellos pensaban que nosotros también nos llevaríamos bien pero no fue asi. Daniel —Que paso. Eiden —Gabriel siempre se sintió superior a mí él decía que yo solamente era un pobretón con suerte eso a mí no me importaba lo tiraba de loco no quería que entre su padre y el mío hubiera problemas por la amistad que llevaban de años pero todo cambió cuando entramos a la universidad me trato de humillar y hacerme sentir mal ante los demás exponiendo mi vida pasada algo que la mayoría de la facultad no aprobó. Daniel —Que inmaduro. Eiden —Bastante, aún así yo seguía sin tomarle importancia, pero él no siempre trataba de humillar, de demostrar que era mejor que yo competía conmigo en todo incluso hasta en conquistar mujeres, y siempre terminaba fracasando, eso era lo que a él le dolía que un mugriento como me decía que se haya vuelto más exitoso y poderoso que él. Daniel —Y despues de tantos años aún sigue con esa y de estupida en su cabeza. Eiden —Si, pero sabes creo que lo que no me perdona es que la mujer que él quería nunca lo quiso a él, ya que se fijó en mí. Daniel —Y tú en ella. Eiden —No y menos después de encontrarla en la cama con él. Daniel —Que hiciste. Eiden —Yo nada, ella le gritó en la cara que solamente le había utilizado para darme celos Daniel —Es por eso que te odio tanto. Eiden —Quiero pensar que si. Daniel —O quizá en el fondo realmente está enamorado de ti. Eiden —Que tonterías dices mejor cállate la boca y vámonos ya. Con sus carcajadas inundado la camioneta continuamos nuestro camino a la empresa mientras veía las calles de Londres los ojos de aquella mujer no se borraban mi mente no sabía qué diablos era lo que estaba pasando pero tenía ganas de volverlos a ver.
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