Portarse mal

4199 Words
Capítulo 5 — ¿Sabes qué deberías de hacer? — miré a Sabrina, ese día había ido al voluntariado con el único propósito de mirar a Riker — Ir a “Under 18” — Ya sabes que no hay forma alguna en la que pueda ir — ¡Pero Maddy! — me zarandeó, haciéndome reír — Será divertido — Lo sé, pero… — Maddy, aunque sea por una vez, tan solo una vez en tu vida, desobedece — Quisiera hacerlo… — comenzamos a caminar hacia la salida — Pero, no hay forma alguna en la que mi mamá me permita estar fuera de casa a tan altas horas de la noche — Pero es sábado… — ¿Y…? — ¿Y si le dices que pasarás la noche en casa de tu padre? Miré a Sabrina, jamás había pensado en la remota posibilidad de hacer algo así ¡Y tenía todo el sentido del mundo! Era el plan perfecto, podría ir a quedarme la noche en casa de mi padre, él no vivía tan lejos del edifico Clark. Su novia me odiaba, así que acapararía su atención y eso me daría una ventana de escape, podría escarparme y nunca se daría cuenta ¡Realmente era el plan perfecto! Obviamente, si pudiese hablar con mi yo de quince años le diría que es una pésima idea y jamás les daría ese consejo a mis hijos, pero si no lo hubiese hecho… no hubiese sucedido lo que sucedió después. — Podría funcionar… — ajusté mi cola de caballo y acomodé mis gafas — La cuestión sería convencer a mis dos padres — Bueno, hagamos lo siguiente — nos detuvimos a unos metros del campo de soccer — Estaré esperando en mi casa, me mandas un mensaje si lograste ir a casa de tu padre e iré a recogerte — De acuerdo — ¿En serio? — asentí con la cabeza — ¡Ah! ¡Que emoción! — me abrazó — ¡Maddy Tucker se va portar mal! Ambas reímos y retomamos el camino hacia la salida. El equipo de soccer acababa de terminar su práctica, el grupo de chicos comenzó a caminar hacia los vestidores llenos de sudor, todos excepto el chico nuevo. No entendía por qué él no iba a las duchas y prefería subirse lleno de sudor a su auto, pero bueno, no era mi asunto. Sentí el codo de Sabrina en mis costillas, me giré a verle. — Ahí viene tu chico becado — No es “Mi chico” La fulminé con la mirada. Desde el lunes se esparció por todos lados que mi persona y el chico nuevo habíamos tenido un momento en clase de Drama. Los rumores decían que la tensión s****l se sentía por todas partes, también decían que nos besamos en clases, que perdí mi virginidad con él y no sé qué otras cosas, esa última esperaba que mi madre nunca las fuese a escuchar. Algo que me enojaba mucho es que todos los rumores hablaban de mí como “La súper nerd, Madeleine Tucker, queriendo algo con el sexy chico nuevo”, eso hacía que mi confianza se fuese por los suelos ¡Porque sentía que todos tenían razón! Que no había forma alguna de que a Nathaniel le pudiese gustar, que toda esa “Tensión” y el mágico momento que vivimos en la clase de Drama, todo fue imaginación mía, sobre todo porque, después de ese magnífico lunes, no lo volví a ver. Es decir, coincidimos en las clases que llevamos juntos, pero ya no se volvió a sentar conmigo ¿Por qué? Y en la clase de Drama del día miércoles, para mi mala suerte, el profesor Hoffman eligió a otros dos alumnos para que lean las escenas de Romeo y Julieta, así que no volví a tener ningún momento con Nate… y realmente moría de ganas de que sucediese de nuevo. Últimamente me encontraba a mí misma soñando despierta con ese diálogo de Romeo y Julieta, recordando la electricidad de nuestras manos y en sus ojos verdes. Pero nada de eso importaba, porque no volvió a hablarme, no hizo ningún intento por acercárseme o algo parecido, y eso me confundía, porque lo que sí hacía era mirarme, desde lo lejos, me miraba… — Deberías de dar el primer paso — ¿Dar el primer paso a qué? Miré a mi amiga con miedo. — Hablarle — No… — negué con la cabeza — ¿Para qué querría hablarle? — seguí negando con la cabeza — Ni siquiera somos amigos… — Solo hazlo — No lo voy a hacer Me encogí en mi sitio, no quería hacerlo. — Se valiente — negué a las palabras de mi amiga, ella soltó un bufido — ¡Ey! ¡Nate! — ¿Qué haces? Miro a mi amiga con los ojos bien abiertos, pero ya era tarde, Nate estaba delante de nosotros. — Hola… — saludó, me dedicó una mirada — ¿Qué sucede? — ¿Conoces el “Under 18”? Preguntó Sabrina. — Sí, Riker me habló de él… — ¿Irás esta noche? — No lo sé… — me volvió a mirar — ¿Ustedes irán? — Quizá… ¿Cierto Maddy? — Ah… sí… Le sostengo la mirada. — Ah… okey… — se encogió de hombros — Supongo que te veré allí — Sí… Es lo único que dije, arrastrando a mi amiga lejos del chico. — Adiós Nate Se despidió Sabrina. — Adiós… — el chico se veía confundido — Nos vemos, Maddy… — Nos vemos Tiré de nuevo del brazo de mi amiga, nos alejamos de Nate y retomamos nuestro camino hacia la salida. — ¿Ves…? — Sabrina soltó una carcajada, le di un empujoncito — Solo debías de hablarle — Basta, esto es ridículo… — me abracé a mí misma — Además, esto no demuestra que sea “Mi chico” — Yo diría lo contrario — ¿Por qué? — Porque no te quitaba los ojos de encima… Sabrina me lanzó una sonrisita traviesa. — Basta — insistí — Eso no es verdad… Sabrina volvió a reír, no pude evitar hacer lo mismo ¡Todo era tan incómodo para mí! Quería seguir pensando que era totalmente imposible que hubiese tensión o atracción entre nosotros ¡No éramos ni siquiera amigos! Pero luego había momentos como estos, en donde le sorprendía mirándome fijamente y eso me hacía sentir nerviosa ¡Porque él no miraba a Sabrina! ¡Él no miró a Sabrina en ese momento! Solo me miró a mí y no entendía por qué. Realmente me incomodaba que me mirase tanto ¿Por qué lo hacía? ¿Me estaba analizando? ¿Estudiando? No podía creer que fuese porque se sintiera atraído por mí de alguna forma ¡Para mí era imposible de creer! Ya te lo dije, para mí era imposible de creer que un chico con Nathaniel Johns pudiese sentirse atraído por una chica como yo. Llegué a mi casa, lancé mi mochila sobre el sofá y caminé hacia la cocina. Mi padre estaba preparando un intento de lasaña a la boloñesa, pero lo único que estaba logrando era ensuciar la muy pulcra cocina de mamá. Eddy estaba a su lado haciendo bolitas de carne, se le veía algo agitado, quizá habían estado jugando en el jardín y por eso es que papá intentaba preparar el almuerzo a la carrera. Algo que quiero que sepas es que, pese a las discusiones que pudiera tener debido a su clara y obvia preferencia hacia su novia por encima de nosotros, se me hacía más fácil hablar y convivir con mi papá que con mi mamá. Ella no es la mejor persona para escuchar y entender, ella impone su pensamiento y se coloca como ejemplo a todo lo que puede ocurrirte en la vida, lo cual es desesperante porque las experiencias de tus padres no necesariamente te deben de pasar ¡Puedes aprender de ello! Pero mi madre lo enfocaba como si fuese una realidad para mí. Si a ella le fueron infiel, era obvio que a mí también. Esa forma de imponer sus ideas y vivencias en mí, a la larga, me trajeron una serie de inseguridades con las que sigo peleando en mi adultez. Jamás traumes a tus hijos, por favor. En cambio, papá, él era un ser de libertad. Cometía errores horrorosos, pero te sabía escuchar, entender, aconsejar, te criticaba y horrible, pero en líneas generales, hacía un mejor papel de soporte emocional que mi madre y a los quince años, uno siempre necesitará de un soporte emocional y quién mejor que tus padres para cumplir ese roll. — Hola Maddy Saludó papá, con el rostro sudado y las manos llenas de salsa. — ¡Maddy mira! — mi hermano alzó una bola de carne con pequeños cuernos — Es una albóndiga endiablada — ¿Cómo la pasaron? — pregunté, acercándome a la isla y ayudando a mi hermano — ¿Se divirtieron? — ¡Sí! ¡Mucho! — contestó mi hermano con mucha emoción, papá sonrió, le encantaba ver a su hijo feliz — Dile papá — Jugamos afuera a las luchas Contestó papá, sonreí. — Y por poco me quedo sin mi tanque de poder Añadió mi hermano, refiriéndose a que su tanque se estaba quedando vacío. — Olvidé la regla de tu madre de revisar el tanque cada cinco minutos Papá rodó los ojos, él siempre decía que mamá exageraba con sus cuidados hacia Eddy, todos opinábamos lo mismo. — En momentos como este, no suena como una medida tan exagerada Bromeé, papá asintió. — Pero no se lo diremos o estará encima de nosotros hecha una furia — Trato Acepto. — ¿Y qué tal te fue en tu voluntariado? — Bien… pintamos una pared — ¿Realmente te gusta hacer eso? — no contesté — Digo, podrías emplear tu sábado en hacer otras cosas, no tienes que hacerlo solo porque tu madre dice que es bueno que consigas tantos créditos extra como se te sea posible… — Pero me gusta estar ocupada — No, no te gusta — miré el plato con carne molida — Eres una adolescente, Madeleine, deberías de hacer cosas propias de adolescente — Sí… — vi la oportunidad y la tomé — Sobre ello… — papá metió la lasaña en el horno — Todos los chicos de mi grado irán esta noche a un club para menores — ¿Club para menores? — Sí, en el edificio Clark — expliqué — No hay alcohol, porque… todos somos menores — no era una mentira, ignoraba que lo que estaba diciendo era falso, recuerda que nunca fui a ese lugar — Y quería saber si podía ir… — ¿Qué dice tu madre al respecto? — Ella jamás me daría permiso — contesté, mi padre me miró con una ceja alzada — Pero eres mi padre, en teoría tienes tanta autoridad sobre mí como ella, puedes darme el permiso — No creo que eso sea posible, no con Vicky al menos… — Lamentablemente es la única madre que tengo… — me crucé de brazos — Sabrina me dio una idea — no podía darme por vencida y ya tenía planeado mi argumento final — Podría ir a quedarme en la noche a tu casa — ¿A mi casa? — Sí, vives cerca del edificio Clark y te sobra una habitación — ¿Puedo ir yo también? Preguntó Eddy. — ¿Esperas a que te lleve a mi casa para que así puedas ir a un club de menores con tu salón de clases sin que tu madre se entere? — Sí… — No me parece correcto — Pero eres tú el que dijo que debía de hacer cosas de personas de mi edad y esto es precisamente algo que hacen las personas de mi edad, ir a ese Club — Pero no que hagas algo a escondidas de tu madre y que pretendas que yo te alcahuetee — Es un poco hipócrita de tu parte que me digas eso — Cuidado con lo que dices Maddy, soy tu padre — Sí, el mismo al que yo alcahuetee para que haga cosas a escondidas de mi madre — Maddy… Papá me miró con enojo. — ¡Solo digo que, después de tanto daño que me hiciste con tus malas decisiones, lo menos que puedes hacer es encubrirme en esto! — me estaba empezando a enojar — ¡Es lo menos que puedes hacer por mí, papá! — ¡No voy a ser partícipe en tus malcriadeces, Madeleine! — ¡No son malcriadeces! — protesté — ¡Solo quiero que me cubras para ir a una fiesta! ¡Así como yo te encubrí para que te acuestes con tu secretaria! ¡Ah! — ¡Papá, no! Gritó Eddy, papá me había abofeteado. Era usual que, después de estas discusiones, al verse acorralado, al oír sus verdades, me hiciera algo como eso. Me avergüenza decir que estaba acostumbrada a sus bofetadas, pero me encantaba decirle a mi padre todo lo que pensaba acerca de él. Era un placer culposo, poder ver en su rostro la vergüenza y el remordimiento. Él no pensó en nosotros cuando decidió meterse con su secretaria o cuando decidió abandonarnos o cuando decidió dejarme plantada en mi cumpleaños, pero le dolía que su querida hija le dijera la verdad a la cara, que él no era una buena persona y que haga lo que haga jamás iba a poder ser un buen padre porque siempre encontraba nuevas formas para arruinar nuestra relación padre e hija. — Sabes que tengo razón… Susurré, con los ojos llenos de lágrimas y la mano presionada contra mi mejilla. — Basta, Maddy, no quiero volver a golpearte — Entonces déjame ir — insistí — Me lo debes… Eddy comenzó a llorar, papá miró a todos lados y luego soltó un suspiro de resignación. — Está bien, lo haré — sentí alivio interno — Pero, si tu madre no te deja venir, no podré hacer nada — Déjame eso a mí, sé qué decir… Y realmente lo sabía, solo debía de esperar el momento preciso para hacerlo. — Bien… ve poniendo la mesa y cámbiate, el almuerzo estará listo dentro de poco — Sí… Acepté, caminando hacia las escaleras. No podía creer lo que estaba haciendo, no solía hacer ese tipo de cosas, jamás había jugado la carta de voltearle el pastel a mi padre ¡Y no podía creer que haya funcionado! Pero mi espíritu adolescente recién despertado gritaba, estaba emocionada, ya quería que llegara la noche. — Buenas, buenas… Saludó mi mamá, dejando el saco sobre el sofá y quitándose los tacones, había llegado más tarde de lo usual. — ¡Mami! Gritó Eddy, corriendo hacia ella quien lo recibió con los brazos abiertos. — Mi bebé precioso — le llenó el rostro de besos — Hola Maddy — hice un gesto con la mano — ¿Tu papá sigue aquí? — Sí, está limpiando la piscina — le informé, ella solo asintió con la cabeza — Más bien, mamá… te quería pedir algo — ¿Qué cosa? Preguntó, caminando hacia la cocina. — Pues… verás… — ¿Lasaña? ¡¿Es en serio?! — mamá miró con enojo el refractario con la comida — ¡Siempre les digo que no le dejen hacer lasaña! ¡A tu padre no le sale bien! — Mamá… Miré hacia el patio, esperaba que papá no la escuchara. — ¡Espero que hayas comido poco, te están creciendo las caderas, nadie te va a querer si engordas, te van a encontrar fea y jamás tendrás novio! — ¡Mamá…! — Mami, no grites tanto Pidió Eddy. — Ve con papá, peque… — pedí, mi hermano solo asintió con la cabeza y corrió fuera de la cocina — Mamá, escúchame… — ¿Qué? — preguntó con fastidio — ¿Qué quieres? — Quiero ir a pasar la noche a casa de papá — ¿Qué? ¿Para qué? — Pues… quiero pasar tiempo con papá — ¿Y ya le dijiste a tu papá? — asentí con la cabeza — ¿Y su piruja? ¿No le va a molestar que vayas acaso? — Ese es el punto… — mamá me mira con mayor atención — Hoy es veinticuatro… ya sabes… el día del mes en que papá nunca es ubicable en la noche — Ah… — sonrió con malicia — Ya veo por donde vas, ahora sí pareces mi hija — cortó un pedazo de lasaña — Arruinarle la noche a esa zorra con tu presencia, bien pensado Maddy — Gracias… Susurré, la verdad es que me parecía aberrante que mi madre me felicite por hacer algo así. — Bueno… — se sentó en la isla y tomó un tenedor — Si tu padre no se opone, supongo que puedes ir — ¿Eddy puede venir? — mamá dejó a un lado su cubierto, negó con la cabeza — Es que él quería venir también — Puedes ir tú, sé que te puedes defender de esa zorra, pero la última vez que tu hermano y esa cojuda estuvieron en un mismo lugar, el imbécil de tu padre casi deja que su piruja mate a tu hermano — Tienes razón… Hace dos años y medio, papá en un intento fallido porque aceptemos a Emily, nos invitó a cenar. Te lo repito, a Emily no le agradamos, ella quisiera que no existiéramos para así poder acaparar a mi padre, pero esa noche nos tenía que aguantar. Ella no hacía ni el más mínimo esfuerzo por querer entablar una conversación conmigo y mucho menos con Eddy. Emily sabía de la enfermedad de mi hermano y aprovechó la ausencia de papá en el baño para llevar a Eddy a la zona de juegos. Quiero pensar que no lo hizo con maldad, que se vio influenciada por la idea de que Eddy haga cosas de niño común, pero cuando Eddy comenzó a entrar en crisis, le dijo a mi padre que era “Normal” porque el niño había estado corriendo e intentaba restarles importancia a sus desesperados intentos de mi hermano por respirar. Papá es idiota, eso se lo tengo que conceder a mi madre, y le hizo caso a Emily, incluso llegó a decirle a Eddy que se calme e intente respirar. Esa noche terminamos en el hospital, mamá casi los demanda por negligencia, Eddy tuvo que estar toda una semana hospitalizado y cuando salió de ahí nos dijeron que a partir de la fecha iba a tener que estar conectado día y noche a un tanque de oxígeno. Papá y Emily tuvieron una muy fuerte pelea, no se separaron, pero desde entonces mamá no quiere a Emily cerca de mi hermano bajo ningún motivo, papá solo acepta. — No es justo… — Eddy tenía a papá abrazado — Llévame contigo — No puedo, Campeón… — papá abrazaba a mi hermano con fuerza — Es más seguro para ti que te quedes aquí — No es justo… — Eddy lloraba — No me quieres porque estoy enfermo ¿Verdad? Mamá y papá se miraron y luego a mi hermano, él jamás había hablado de esa forma, es decir, jamás había visto a mi hermano tomar consciencia de que estaba enfermo y que lo que tenía no era tan simple como una gripe. — Por supuesto que te quiero — papá cargó a mi hermano — Pero esta noche no puedes venir conmigo… — lo abrazó, mirando a mi madre — Quizá otro día tu madre te de permiso — ¿Me lo darás? Mamá no dijo nada, no sabía qué responder. Debes de entender que enfermedades como las de Eddy son muy impredecibles, que puedes tener crisis de pronto o enfermar muy fácilmente por algún descuido. Todos estábamos conscientes de que, lo más probable, es que mi hermano jamás llegaría a la adolescencia, jamás tendrían que enseñarle a rasurarse, conducir o qué hacer en su primera cita. Todos sabíamos que el tiempo con Eddy era corto y por lo tanto debíamos de aprovechar hasta el más mínimo segundo a su lado. Papá había decidido desperdiciar los suyos, pero en momentos como esos, esperaba que mamá dejara de lado su orgullo y pudiera concederle un par de minutos al lado de su hijo. — Vamos Eddy, tienes que tomar tus medicinas… Lamentablemente mamá no era esa clase de persona. — Vamos hija Pidió papá, asentí con la cabeza. Me despedí de mamá y le di un fuerte abrazo a mi hermano, subí al auto de papá y juntos partimos hacia su casa. Tomé mi teléfono y me dispuse a poner al tanto de las cosas a Sabrina. Me sacudí el malestar de hace un par de minutos atrás y traté de concentrarme en mi objetivo principal de la noche ¡Iba a ir a Under 18! En ese momento, hacer eso, se sentía como el logro más grande de mi adolescencia. Iba a dejar de ser una adolescente sin vida y me iba a convertir en una mujer atrevida, así lo sentía por más tonto que sonase. Llegamos a casa de papá, Emily no dijo nada, solo le dedicó una mirada seria a mi padre. Me instalé en la habitación libre y envié otro mensaje a Sabrina, ella ya estaba de camino a la casa de mi padre para irnos juntas. Mi corazón palpitaba desbocado e intentaba respirar con calma, no quería lucir tan emocionada, quería lucir como alguien que ya tuviese experiencia en el asunto de ir a fiestas. Tomé la ropa que había traído y me la coloqué, peiné mi cabello y entonces me miré en el espejo. Cuando eres adolescente es normal que las inseguridades te dominen, en mi caso, mamá siempre estaba criticando mi cuerpo, diciéndome que nadie me querría si engordaba, así que en ese momento tenía los ojos llenos de lágrimas porque se me estaba dificultando ponerme los pantalones. Me miré al espejo, me sentía horrenda, me sentía fea ¿Cómo alguien querría sentarse a mi lado si me veía como una vaca? ¿Cómo podría alguien quererme si me veía como un monstruo? ¿Cómo un chico tan guapo como Nate podría ser capaz de mirarme si yo era la chica más fea del noveno grado? — Maddy, tu amiga llegó… Emily entró en la habitación. — Ok… — me limpié las lágrimas — Dile que ya voy… Emily salió de la habitación, me volví a mirar en el espejo, me miré de pies a cabeza… no me gustaba para nada lo que veía. — ¡Maddy! — Sabrina apareció — ¿Qué sucede? — No creo que vaya… — ¿Qué? ¿Por qué? — Sabs… mírame… — nos miramos en el espejo — Me veo horrible — Claro que no… ¿Quién te dijo eso? — Yo misma… — Maddy, te ves bonita — Eso no es cierto… Me abracé a mí misma. — Maddy, hazme caso, te ves hermosa — Me veo gorda… — ¿Qué? — se ríe — Maddy… ¿Gorda? ¿Entonces yo que soy? ¿Un zumo? — Sabs… — siempre envidié la seguridad de mi amiga — No me siento bien — Boberías — me sonrió — ¿Sabes lo que tú necesitas…? — negué con la cabeza — Maquillaje, el maquillaje ayuda un poco con la seguridad — Mi mamá diría lo contrario — Tu mamá está loca — Sabrina me empujó hacia la cama y sacó su neceser de maquillaje — Algunos dicen que el maquillaje es para gente insegura, pero yo creo que son patrañas — comenzó a pasar esponjas y brochas por mi cara — El maquillaje da seguridad, poder, te empodera… — sonreí — Mi madre siempre dice que hasta la persona más segura querría usar un poco de colorete porque así se sentirá el triple de segura — Quisiera que mi mamá me dijera ese tipo de cosas — Lo repito: Tu mamá está loca — ambas comenzamos a reír — Mírate… — Wow… Me veía extraña, no digo que me viera mal, era todo lo contrario, es que nunca había visto mi rostro con maquillaje. — Y hay que hacer algo con tu cabello — Sabrina soltó mi cabello — Sí… así te ves mejor… — desordenó mi cabello — Ves… esta eres tú… — sonrió, abrazándome — Bella, hermosa, un mujerón — Gracias… — Vamos… — Vamos Acepté, tomando mi bolso y guardando mi teléfono. — Hasta luego señor Tucker — Cuídense Pidió papá, asentí con la cabeza, saliendo del departamento y entrando en el ascensor junto a mi mejor amiga. No había forma de que supiese que esa noche iba a convertirse en uno de los hitos más importantes de mi vida, uno de los momentos que jamás podré olvidar, uno de los recuerdos más preciados que tengo… jamás creí que algo así me sucedería… y ahora, a mi adultez, lo único que puedo pensar es… que bueno que le hice caso a Sabrina, porque no me arrepiento de nada de lo que ocurrió después de esa noche…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD