Menores de dieciocho

2409 Words
Capítulo 6 Llegamos, por fin habíamos llegado, al mítico lugar, al “Under 18”, el club al que todos los alumnos de la preparatoria de Golden Hill habían ido. Por fin era parte de ese grupo de personas que, de una forma u otra, habían llegado a este lugar. En la entrada había un hombre de seguridad, todos los que entraban debían de presentar su carnet de la escuela, incluso para clubes pseudo clandestinos debía de haber filtros. Entramos ¡Realmente habíamos entrado! ¡No lo podía creer! Era más genial de lo que imaginaba, tenía toda la pinta de los clubes con luces de colores que se ve en la televisión ¡Se veía genial! Había adolescentes en la pista de baile, contorneando sus cuerpos al son de la música, restregando sus pieles, disfrutando del momento. También había adolescentes en un bar donde dos sujetos hacían malabares, Sabrina me arrastró hasta allá y pidió dos vasos de una cosa azul cuyo nombre no recuerdo, pero sabía rico, no tenía ni idea de que tenía alcohol ¡Yo nunca había bebido! ¡Tenía solo quince años! Pero no importaba, esa noche era MI noche e iba a hacer lo que los demás hicieran. Repito, a mi adultez me parece estúpido pensar de esa forma, pero a los quince lo único que me importaba es que el día lunes las personas recordasen que estuve en ese lugar. — ¿Te gusta? Preguntó Sabrina sonriente, asentí con la cabeza. — Sabe rico Mi amiga soltó una risita. — Hay que bailar Asentí, terminándome mi bebida. Nunca he sido muy diestra en el arte de la danza, pero la música ensordecedora, las primeras gotas de alcohol en mi sangre y la emoción de estar haciendo algo que no se me tenía permitido, me tenía a mil. Comencé a moverme al ritmo de la música, moviendo mis brazos y cerrando los ojos. Me sentía alegre, me sentía realmente feliz y lo único que estaba haciendo era balancearme de un lado al otro. Después de mucha platica, comprendí que lo que estaba sintiendo en ese momento era libertad, por primera vez me estaba sintiendo libre y sin presión, sin la voz de mi madre diciéndome qué y qué no hacer, sin la voz de los maestros, sin mis libros y cuadernos. Solo estaba yo, mi mejor amiga y la música. — ¡Nenas! Jacob apareció a nuestro lado con tres vasos de un líquido rojo. — ¡Jake! Le abracé con fuerza, tomando el vaso y dándole un largo trago. — Wow, nuestra Maddy tenía sed Se rio el recién llegado. — No la avergüences, está disfrutando de su primer contacto con el alcohol — ¡Hay que seguir bailando! Pedí, tirando del brazo de mi amigo y arrastrándolo al centro de la pista de baile. — ¡Salud por Maddy! Jacob y Sabrina chocaron vasos, yo le di un segundo trago a mi bebida. — ¿Te estás divirtiendo? Preguntó Jacob en mi oído. — Mucho Contesté, moviéndome al ritmo de la música. — Iré por otra ronda de bebidas Anunció Sabrina, alejándose de nosotros. — ¡Salud! Jacob y yo chocamos vasos y nos terminamos su contenido de un solo trago. — ¡No puedo creer que estoy aquí! — ¡Y yo no puedo creer que estés aquí, querida! — ¡Ah! Gritamos ambos, abrazándonos y sonriéndonos. — ¡Salud por la Maddy rebelde! Sabrina llegó hasta nosotros con tres vasos llenos de un líquido verde. — ¿Van a hacer que me beba el arcoíris o qué? Bromeé, dándole un sorbo a ese extraño líquido. — Sabs, no mires, pero tu crush acaba de aparecer — ¡Oh j***r! Sabrina soltó una risita. Ahí estaba Riker Mallow con Ariadna Wagner, su novio, Miles Cunningham, Lucy Fallon, otras dos porristas, otros dos miembros del equipo de soccer, y Nathaniel Johns. Fue como si de pronto toda la alegría y emoción que había en mi interior hubiese desaparecido, dejando en su lugar una extraña sensación en mi estómago. El grupo de populares caminó hacia una de las mesas entre risas y manoseos, todos parecían ya llevar una ronda de tragos encima y quizá algo más, pero no quería pensar en eso. Volví mi atención a mi bebida color verde y le eché un buen trago. — ¡Sigamos bailando! Pedí, dejando caer el vaso en el suelo, que bueno que era de acrílico o lo más seguro es que hubiese causado un accidente. Una canción de B.o.B comenzó a sonar, tomé a Jacob de la chaqueta y lo acerqué a mí, ambos comenzamos a movernos al ritmo de la canción. Volví a cerrar los ojos, sintiendo las manos de mi amigo sobre mi cintura, yo solo movía el cuerpo, me sentía como un avión en el cielo nocturno como una estrella fugaz, aunque no tenía ningún deseo que pedir, o quizá sí… En verdad quería que, al darme la vuelta, ese par de ojos verdes me estuvieran viendo, tal como había estado haciendo durante la semana, desde su asiento en la cafetería o en el laboratorio de biología, o en el aula de literatura o en la clase de drama. En verdad deseaba que Nate me volteara a ver, incluso si eso causaba que mi estómago se revolviese y por ende no pudiese articular ni una sola palabra, en verdad quería que ese par de ojos verdes me mirasen y de una buena vez se dignase a decirme por qué rayos me miraba tanto. Lo único que quería era acabar con mi agonía, porque toda la semana había estado en un limbo debido a su actitud. Primero me hablaba como si fuésemos amigos, como si quisiera ser mi amigo, luego se alejaba y me miraba como un acosador ¡¿Qué carajos pretendía?! ¡Quería una respuesta! En serio quería una. Abrí mis ojos, dándome media vuelta, sintiendo el cuerpo de mi amigo detrás de mí, pero no vi esos ojos, solo vi a Nate hablándole al oído a Lucy Fallon quien reía como tonta. Respiré hondo, viendo como Riker llenaba los vasos de todos en esa mesa con el contenido de una botella azul. Éramos unos quinceañeros, solo una bola de adolescentes irresponsables bailando y bebiendo como si fuésemos adultos, éramos unos quinceañeros, solo una bola de adolescentes irresponsables que estaban viviendo, intentando ser, intentando encontrarse, así que no iba a dejar que nada me molestase. Tomé las manos de mi amigo y las ceñí a mi cuerpo mientras una canción de Flo Rida comenzaba. Tomé su vaso y le di un trago muy largo, él solo sonrió, seguimos bailando. Jamás había bebido, nunca lo había intentado, y quizá era el dulce de los tragos, pero me daba igual, me sentía feliz, genial, libre y no iba a dejar que nadie me lo arruine. — Esta ronda me toca a mí Les digo a mis amigos, tambaleándome hacia la barra. Me sentía eufórica, con ganas de más, con ganas de lanzarme a la piscina que había en la terraza, con ganas de cometer cualquier locura. Volví a cerrar los ojos, continuando mi camino hacia la barra, tambaleándome al son de la ensordecedora música. Pedí lo primero que mis ojos vieron en el pizarrón y esperé. No tenía ni idea de cómo iba a llevar tres vasos con líquido dentro, pero me daba igual. Entregué mi dinero, me recosté contra la barra y moví la cabeza de un lado al otro con los ojos cerrados. Nada podía perturbarme en ese momento, absolutamente nada… — Hola… Abrí los ojos, Nate estaba a mi lado. — Hola… — dejaron mis bebidas a un lado — No pensé que vendrías — Lo mismo digo… — el chico me miró de forma extraña — Es la primera vez que te veo sin uniforme — Es cierto… — solté una risita — También es la primera vez que te veo sin uniforme, en realidad, es la primera vez que veo a todo el mundo sin su uniforme — Supongo… — ahora era él quien reía — ¿Ya no te pongo nerviosa? — No… — volví a reír — Creo que es el alcohol… — tomé un sorbo de mi vaso — Bueno… diviértete… — Tú también, te veías muy entretenida con tu novio — ¿Mi qué? Reí. — El chico rubio de allá — ¿Jacob? — volví a reír — Jacob es, literalmente, lo más opuesto a eso… además… le gustan los hombres — ¿En serio…? — Sí, él y mi amiga Sabrina tienen un crush en Riker… — negué con la cabeza, soltando una carcajada — Maldita sea, no debí decir eso… — nos miramos fijamente — Disculpa, ya me tengo que ir… — me tambaleé a un lado — Diviértete con Lucy, hacen una linda pareja — No sucede nada con ella Se me acercó. — ¿A no? — pregunté, sintiendo como mi corazón golpeaba mi pecho — Ah… bueno… pensé que sí, como siempre están juntos y ella… te coquetea todo el tiempo… — Nate comenzó a reír — ¿Qué…? — ¿Me observas mucho? — Mira quien lo dice — le fulminé con la mirada — El que no deja de mirarme desde las lejanías — el chico nuevo alzó una ceja y esbozó una burlona sonrisa — No soy tonta, te he atrapado varias veces haciéndolo… ¿Me dirás por qué? — ¿Es acaso un delito mirar a una chica que me parece bonita? — Nate sonrió de lado — ¿A caso Romeo no miraba a Julieta desde el jardín mientras ella estaba en lo alto de su balcón? — Tú no eres Romeo… — Pero tú eres Julieta Nos miramos fijamente. — ¿Qué significa eso? — Nada, solo me pareces bonita… — mi corazón empezó a latir a toda velocidad — ¿Está mal que me parezcas bonita? — No… — sus ojos verdes me tenían hipnotizada — Es solo que… no tiene sentido… — ¿Por qué? — ahora me miraba con confusión — ¿Acaso nunca nadie te había dicho que eres bonita? — no contesté — Maddy, eres bonita, para mí eres muy bonita — Basta… — ¿Por qué? — Porque es mentira lo que dices — ¿Por qué es mentira? — Porque sí… — negué con la cabeza, mis ojos se llenaron de lágrimas — ¿Cómo puedes decir que soy bonita si estás al lado de Ariadna o Lucy? — ¿Qué tiene que ver ellas en el hecho de que me parezca bonita? — dio un paso hacia mí — Maddy, eres una chica muy guapa, hasta podría decir que más guapa que Ariadna o Lucy — ¡Basta! — insistí — No juegues conmigo, por favor… — No juego, digo la verdad, realmente me pareces guapa — volví a negar con la cabeza — Ese día que nos conocimos, lo único que podía pensar era en eso, que eras una chica muy guapa, aunque muy tímida y… — ¿Y qué? — mi labio inferior comenzó a temblar, estaba a punto de ponerme a hiperventilar — ¿Qué más ibas a decir? — Y el resto de días solo podía seguir pensando en eso… — soltó una risita — Creo que eres de las pocas cosas que me gustan de esta escuela de riquillos — volvió a reír — Fuiste la primera cosa que me gustó de esta escuela de riquillos — ¿Estás diciendo que te gusto? — el chico nuevo no respondió — Nate, ni siquiera somos amigos… — Podemos intentarlo — No juegues conmigo… — Pero no lo estoy haciendo… Dio un paso más hacia mí. — Nate… — Estoy siendo sincero contigo Maddy… Dio un paso más hacia mí. — Nate… basta… Mis manos temblaban tanto que dejé caer las bebidas. — Maddy… — su rostro estaba muy cerca del mío — ¿Te he puesto nerviosa? — Sí… Confesé y fue lo único que él necesitó hacer para dar su siguiente paso ¿Recuerdas tu primer beso? Este es uno de los momentos en los que me encanta tener tan buena memoria, porque recuerdo el mío con total claridad. Cómo sus labios se posaron sobre los míos, algo húmedos por el vodka que había estado bebiendo, cómo mi cuerpo se puso tenso debido a lo sorpresivo de su movimiento, cómo mi mente se quedó en blanco por unos segundos para luego pasar a una explosión de gritos donde la frase “¡Estoy besándome con Nathaniel Johns!” se repetía una y mil veces. Sus manos viajaron a mi cintura, las mías a su pecho, duro por tanto entrenamiento. No lo podía creer, uno de los chicos más populares y guapos de nuestra generación me estaba besando ¡A mí! ¡Y acababa de decirme que le gustaba! ¡¿En qué clase de telenovela me había metido?! Pero no me importaba, tal como sucedió ese lunes en clase de Drama, sentí que el mundo había desaparecido y solo estábamos él y yo… sin embargo… yo era una muy insegura adolescente de quince años y… — Maddy… — Creo que has bebido demasiado… — solté, separándome un poco de él, dejando caer las lágrimas — O yo he bebido demasiado… — negué con la cabeza — No te me vuelvas a acercar, no soy un juguete — Pero… — Déjame sola… Y diciendo esto, me alejé de él ¡Es que no tenía sentido alguno! Para mi yo de quince años no tenía sentido alguno. Ariadna y Lucy tenían un cuerpo de infarto, las uñas bien arregladas y el cabello sedoso ¿Cómo era posible que yo le gustase? Debía de ser un juego, como en las telenovelas o en las novelas románticas, quizá una apuesta entre los chicos populares, cualquier cosa menos lo que Nate me había dicho. No había, según yo, ninguna razón por la cual un chico como él pudiese gustarle una chica como yo. No era bonita, no era carismática, no era atractiva y no sabía coquetear, así que no había ningún motivo por el cual pudiese ser verdad lo que él decía. — ¡Maddy! Sabrina apareció delante de mí junto con Jacob. — Quiero irme a casa… Susurré, abrazándola. — ¿Qué ha pasado? Preguntó Jacob. — Nate Johns… — contesté, cerrando los ojos — Me besé con Nate Johns…
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