Sombras en la Plaza El tono de Sol al otro lado de la línea tenía un matiz de urgencia que no me gustó. Me aparté el teléfono de la oreja, sobresaltada por la demanda repentina, y en un acto reflejo activé el altavoz. Quería que Selena y Samuel escucharan, que participaran de esa extraña vibración que empezaba a enturbiar la noche. Sin embargo, apenas Samuel procesó de quién se trataba, su actitud cambió. Se estiró hacia mí con una rapidez felina, casi arrebatándome el dispositivo de las manos. Ni corto ni perezoso, desactivó el altavoz con un movimiento experto del pulgar, anulando cualquier posibilidad de que Selena o yo captáramos una sola sílaba más. Sin darnos una explicación, se dio la vuelta y comenzó a caminar a zancadas, alejándose del grupo para refugiarse en la penumbra de un

