Dentista

1089 Words
—¡Rebecca! ¡Rebecca! —me llama mi madre. —¡Aquí estoy! Mi mamá, Bianca Browm es una mujer muy trabajadora. Se parte el lomo todos los días cosiendo como modista en la casa y de eso ha vivido desde que tengo uso de razón. Mi padre ya no está, pero nosotras nos las arreglamos como podemos. Ella no me dice mucho, pero sospecho que se fue y nos abandonó, pues si no está muerto, ni enfermo, ni preso, ha de ser eso, pero ella prefiere no hablar del asunto. Mi vida ha sido un infierno, cuando mis dientes comenzaron a salir no cabían en mi boca, en la escuela recibía todo tipo de burlas, me llamaban caballo, monstruo e incluso bruja. Me miraba al espejo y me preguntaba por qué había sido castigada con una dentadura así. No hay manera de esconder los defectos en nuestros rostros, no había forma de ocultar lo que me pasaba. Un día vi uno de los operativos que hacía el Dr. Waker y tras mucho tiempo meditándolo me decidí a visitarlo. Para mi sorpresa, a mis veintidós años, finalmente alguien me dice que me puede ayudar y que lo hará gratis, no hay manera de decir que no a eso. Lloré de la alegría y los siguientes años hemos estado trabajando en mi dentadura. La ayuda ha sido tanta que he logrado conseguir empleo como secretaria en un bufete de abogados. Necesito mucho ese trabajo, mi madre gana poco y con mi ayuda tenemos cierta calidad de vida, al menos para los alimentos. Del doctor sé lo que dicen los medios, no es un hombre que hable mucho y tampoco soy lo suficientemente extrovertida para hablarle. Cada día hablan del soltero más codiciado, pero no conocen lo generoso que es. No he gastado ni en una aspirina, él ha costeado todo, a pesar de eso no puedo decir que somos amigos, de decir gracias cuando me da o explica algo, no paso. —Rebecca, tengo que hablarte de algo. —¿Qué pasa madre? No me gusta la expresión en tu rostro, te ves muy preocupada. —No quiero preocuparte hija. —Ya lo estoy, dime qué pasa. —No sé qué tiempo nos queda, pero esta casa ha sido embargada. —¿Cómo? —Hija, lo lamento mucho, es que, para costear tus estudios, me ayude con préstamos y con la crisis no pude pagar todo hasta que los intereses y las deudas nos arroparon. Elo banco dice que seremos echadas a la calle si no pagamos, yo no tengo ese dinero ¡No lo tengo! ¡No sé qué hacer! Lo lamento —llorando confiesa. La noticia me cae como balde de agua fría, yo estudie en universidad pública, pero los libros y gastos de transporte los costeaba mi mamá. —Mamá, no te desesperes, vamos a ver qué se nos ocurre ¿Si? —¡Ay, hija! Creo que es el fin de nuestra vida aquí. —Lo último que se pierde es la fe mamá, vamos a vender todas las cosas que tenemos y tratar de abonar para conservar la casa. —Haciendo eso sólo postergamos lo inevitable, la deuda llega casi a tres mil dólares y no lo vamos a lograr. —Yo a penas gano unos cuantos dólares, pero a veces los necesitamos para la comida. Estoy buscando trabajo, pero es difícil sin experiencia conseguir que me contraten. —No hija, por el momento el trabajo que tienes es lo mejor que has conseguido, no quiero que te atormentes, basta con que yo sepa que nos vamos de la casa donde he estado toda la vida. Lo poco que me dejaron mis padres, gente humilde y yo pienso que he hecho lo mejor que he podido con las oportunidades que he tenido. —Lo has hecho excelente, no te sientas mal por eso, porque yo soy el ejemplo de que has hecho buen trabajo. Tengo cita con el dentista hoy. —Bendito sea ese hombre que te ha dejado muy linda la dentadura. —Si, ahorita cuando salga del consultorio regreso y conversamos. Me despido de mi madre, me parte el alma saber esta noticia y peor aún, la realidad es que no puedo ayudarla, no tengo manera de hacerlo. La casa es lo poco que tenemos, por no decir lo único, no tenemos a donde ir ni ingresos suficientes para pagar renta. Mientras corro a alcanzar el bus para ir al consultorio del dentista, mi mente recorre cada palabra de mi madre tratando de descubrir cómo ayudarle. Narra Alex: —Dime ¿Ya tienes a la victima de tu contrato? —pregunta Christian. —¿Sigues con eso? —Ya te dije, es la mejor opción. —Aunque quiera no es tan sencillo. Necesitaría que sea alguien que no sienta nada por mí, alguien que no me delate ante los reporteros, que sea reservada, inteligente porque me aburriría si no lo fuera, una persona así no veo donde la pueda encontrar. —Según todo lo que dices, la mejor opción parece ser Rebecca. Ella prácticamente ni te mira, te habla con mucho respeto y creo que es indiferente a tu presencia. —No podría ofrecerle eso… a menos que ella necesite dinero, sólo eso la motivaría a decir que sí. —Pienso que no pierdes nada en decirle. —¿Qué tal te trató Jessica? —Molesta porque no le atendiste, no me creyó la historia de que estabas ocupado. —Toc, toc —alguien llama a la puerta. —Hola doctor ¿Está ocupado? —dice Rebecca avergonzada. —¡No ya me voy! —exclama Christian. —Es tu oportunidad, pregúntale si algo clave a patito feo —me susurra Chris al oído. Abro los ojos lleno de sorpresa al escuchar su expresión. La verdad es que la chica se ve muy mal, no sé si con un cambio de estilo baste para que pierda ese aspecto. Sonríe con sus brakets, los lentes de la abuela, la ropa de indigente, el pelo desgreñado, empiezo a creer que en efecto es una muy mala idea la que Christian. —Puedes sentarte Rebecca. —Gracias doctor. —¿Qué tal tu día? —le pregunto. —Perdón ¿Cómo dice? —Tu día ¿Cómo ha ido? En su rostro veo que está sorprendida. Usualmente no le hablo y mucho menos preguntarle por su día. —El día va bien doctor, porque el día en sí no tiene la culpa de mis problemas.
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