—¿Y tu por que estás aquí? —escuché la voz poco melodiosa de alguien, sentándose a mi lado. Ni siquiera me inmuté. Estaba tan concentrada en el vaso de vidrio frente a mis narices, que ni siquiera noté cuando prácticamente se acercó a mí cuerpo para hacerme notar su estúpida e irritable presencia. La miré a sus ojos cafés, que para ser una asiática, no le quedaban bien. No sabía por qué se creía muy por encima de los demás, con su ridículo origen. Se lo perdonaría a Derek, quien también era asiático, pero ella, no podía envenenar mi sangre más de que lo que ya estaba. No era de formar pleitos, no era mi estilo, pero estaba tan desviada de mi verdadera personalidad y con una irritabilidad superficial, que me temía estrellar el vaso de vidrio en su cara. —Pensé que no eras de salir a b

