—Vamos a tu casa y te cambias —dijo mientras me cargaba en sus brazos. Yo me sentía tan agotada que no quería abrir los ojos y me sentía bien en sus brazos, nadie podía darme la protección que él me daba con su mera presencia. Caminó alrededor de unos minutos por las calles un poco desoladas y aunque ya no tenía frío por que me había dado su chaqueta, me sentía expuesta, como si me hubiesen quitado una parte de mi que no volvería o que no podría recuperar tan fácilmente. No tardó en dejarme de pie frente a la puerta de mi casa y en ese momento no me extrañó que supiese el apartamento que era, ya que solo quería entrar al baño, llorar bajo la ducha y dormir, sin embargo, sabía que eso preocuparía a mis padres. Tenía presente que Christian me había cargado hasta la casa, solo para cambia

