El mar dormía bajo el amparo de la luna, extendiéndose como un inmenso espejo de plata. El barco avanzaba lento, mecido por una brisa que olía a sal y a promesas no dichas. La tripulación descansaba; las linternas colgaban del mástil, su luz temblorosa reflejándose sobre las aguas tranquilas del Magico, parecía vivo bajo la luz de la luna. Sus aguas no solo brillaban con un reflejo plateado, sino que destellos de colores extraños danzaban en la superficie, como si el mar guardara secretos de mil cuentos antiguos. A cada instante, pequeñas criaturas surgían entre las olas: peces que murmuraban palabras inteligibles, contándole historias que parecían tan reales como sus propios recuerdos; sirenas que jugueteaban cerca del casco, sus cabellos y escamas centelleando con la luz lunar; y triton

