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1035 Words
Amara apenas podía creer lo que veía mientras miraba el sobre impecable y repujado que sostenía en sus manos. Era una invitación, oficial e impresionante, con el logotipo de la empresa de Liam Blackwell estampado en una esquina. Repasó los detalles de nuevo, solo para asegurarse de que no estaba soñando. Winter Blaze Invitational, una prestigiosa competencia de patinaje artístico para talentos emergentes, patrocinada por Blackwell Innovations. La invitación había llegado esa misma mañana, acompañada de una carta que le informaba que había sido seleccionada como concursante. Este era uno de los eventos más importantes de la temporada, y una invitación era un gran honor: una oportunidad de darse a conocer, un paso importante en su carrera. Pero luego estaba su nombre al final. Liam Blackwell. Él estaría allí. Su corazón latía con fuerza y sacudió la cabeza como para despejarse. Tras su incómodo intercambio en la gala, había intentado olvidarlo, pero la frustración y la extraña atracción que sentía hacia él persistían. Sus palabras la habían acompañado a pesar de sus esfuerzos por ignorarlas, y ahora, allí estaba, su compañía se entrelazaba con su camino de una forma que no podía evitar. Pero no tenía tiempo para darle vueltas; tenía que practicar, tenía que dar lo mejor de sí. Esta era la oportunidad que había estado esperando, y no iba a dejar que sus sentimientos por él la arruinaran. Dos semanas después, llegó el día de la competición, con un murmullo de emoción y nerviosismo. El estadio estaba abarrotado de espectadores, patinadores, entrenadores y cámaras. Amara ya había estado allí antes, patinando para competiciones más pequeñas, pero nunca en algo de este calibre. Había una carga en el aire, una anticipación que hacía que cada movimiento se sintiera más nítido, cada sonido más vívido. Ella estaba detrás del escenario, estirándose y calmando sus nervios, cuando escuchó una voz familiar y profunda detrás de ella. "Pareces listo para conquistar el mundo". Se giró, con el pulso acelerado al ver a Liam a pocos metros de distancia. Hoy se veía diferente: seguía elegante, pero con una confianza más relajada, con un traje a medida y una expresión que reflejaba a la vez la impresión y la diversión. Le sostuvo la mirada, sus ojos oscuros brillaban con algo que ella no supo identificar. —Señor Blackwell —respondió con voz firme pero fría—. No esperaba verlo aquí. Arqueó una ceja y sus labios se curvaron en una leve sonrisa. "Mi empresa patrocina el evento. ¿Dónde más podría estar?" Abrió la boca para responder, pero le faltaron las palabras. Su presencia la desestabilizaba, despertando emociones contradictorias que había intentado ocultar. Pero entonces él continuó, con voz baja y cálida. "Me alegra que hayas aceptado la invitación, Amara. Me alegra verte aquí." Sus mejillas se calentaron bajo su mirada, y se obligó a concentrarse, manteniendo la compostura. "No se trata de la invitación. Se trata de la oportunidad". Él asintió, su expresión se suavizó. "Por supuesto. Pero debo admitir que, cuando vi tu nombre en la lista de concursantes, no pude evitar pensar que era... el destino". La palabra quedó suspendida entre ellos, cargada de un significado que le aceleró el corazón. Estuvo a punto de replicar, de ignorarlo como antes, pero algo en su expresión la detuvo. Había sinceridad en sus ojos, una silenciosa admiración que la hizo sentir vulnerable y vista de una forma inesperada. "Entonces, ¿dices que organizaste todo esto solo para traerme aquí?" bromeó, medio en broma, pero curiosa por su reacción. Liam rió entre dientes, negando con la cabeza. "Me gustaría atribuirme el mérito, pero no. Estás aquí porque tienes talento, Amara. Pero..." Su mirada la sostuvo, fija e inquebrantable. "Si este evento te devuelve al hielo, donde perteneces, entonces diría que valió la pena." Se hizo un silencio profundo, cargado de cosas no dichas. Sus palabras la tomaron por sorpresa; sintió cómo sus defensas flaqueaban ante la calidez de su mirada. Su fe en ella parecía real, y eso la asustó. Había pasado tanto tiempo construyendo muros, negándose a dejar que nadie se acercara, pero allí estaba él, derribándolos sin siquiera intentarlo. "¿Por qué te importa?", preguntó en voz baja, apenas audible. "No me conoces. Somos de... mundos diferentes". La sonrisa de Liam era dulce. «Me importa porque veo potencial en ti. Una pasión como la tuya es rara, Amara. Y sé lo que se siente tener las cosas en tu contra». Bajó la mirada, intentando procesar sus palabras, con un extraño cosquilleo en el pecho. No estaba acostumbrada a que la vieran así, como si fuera más que una simple patinadora, más que una chica luchando por una oportunidad. Por primera vez, sintió un atisbo de respeto por él, una g****a en sus suposiciones iniciales. Justo entonces, el locutor la llamó por su nombre, devolviéndola a la realidad. Su actuación estaba a punto de terminar, y necesitaba toda su concentración. Liam retrocedió un paso, dándole espacio, pero su mirada se detuvo, su voz un suave aliento. "Ve y demuéstrales de qué pasta estás hecha, Amara". Ella asintió, respirando hondo para tranquilizarse mientras caminaba hacia la pista, sintiendo una extraña calma que la invadía. Sus palabras resonaban en su mente mientras se colocaba, con el aire frío de la pista llenándole los pulmones. Podía lograrlo. Demostraría su valía. Y al comenzar su rutina, deslizándose sobre el hielo con renovada fuerza, sintió una presencia que no podía ignorar. En algún lugar de las gradas, sabía que él la observaba. Pero en lugar de inquietarla, la llenó de energía. Cada salto, cada giro, cada elegante arco se sentía más nítido, más vibrante. Patinó como nunca antes, entregándose por completo a cada movimiento. Y cuando la última nota de la música se desvaneció, terminó con el pecho agitado y el corazón latiendo con fuerza mientras el público prorrumpía en aplausos. Levantó la vista, buscándolo instintivamente, y allí estaba, de pie al borde de la pista, con la mirada fija en ella, una sonrisa cálida y orgullosa. Le dedicó un pequeño asentimiento, un mensaje silencioso que solo ella podía entender. En ese momento, se dio cuenta de que tal vez, solo tal vez, había algo allí. Algo que no podía negar.
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