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EL ASISTENTE

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Blurb

Gavin Hill, era el amante del famoso Arquitecto Raymond Griffin, Gavin tuvo un grave accidente que le provoco amnesia, eso significaba que no recordaba haberlo traicionado vendiendo secretos de la compañía, ni que Raymond lo hubiera echado de su vida sin contemplaciones. Por culpa o por lástima o eso era lo que Raymond quiso pensar, decidió ayudar a Gavin en su convalecencia solo serían unas pocas semanas y después de eso y de cumplir cierta venganza, satisfecho volvería a su vida y se olvidaría del hombre que lo traicionó de una vez por todas.

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Capítulo 1: Una oscura realidad
Un escalofrío recorrió a Gavin, apretó más la chaqueta contra su cuerpo tratando de conseguir algo de calor, miró al cielo, el sol brillaba en lo alto, pero no servía de nada. A fin de cuentas, se encontraban a finales del otoño y ya comenzaba a bajar la temperatura. Suspirando se dejó caer sobre el pasto, a pesar de ser lunes, turistas transitaban por ahí. Hombres y mujeres corrían por los senderos en sus rutinas diarias de ejercicio y otros más, apresuraban el paso, seguramente dirigiéndose a sus respectivos empleos. Sonrió al ver a los niños que correteaban jugando con una pelota, vigilados atentamente por sus madres o niñeras. Gavin recargó su espalda contra el tronco del árbol, a lo lejos pudo ver a Derek su guardaespaldas y chofer rondando unos metros más allá. El hombre estaba tratando de darle algo de espacio, pero siempre estaba vigilando. Ese hombre tenía vista de águila. La mayor parte del tiempo era difícil deshacerse de él, no le gustaba tener seguridad. Pero lo soportaba solo por el amor que sentía por Raymond, cuando acepto ser su amante, renunció a todo por estar con él. Como había cambiado su vida en los últimos meses. Gavin provenía de una familia de clase media, trabajadora y sencilla, sus padres tenían una granja al oeste de Wyoming. Toda su familia. Generación tras generación se habían dedicado a la crianza de ganado. El rancho G>> Él era el menor de cinco hermanos. Gilbert, Glen, Graham, Grace y él, todos sus nombres, comenzaban con la letra G, en honor a una broma tipo tradición familiar. Sus dos hermanos mayores ya estaban casados y con familia, Graham era divorciado y su pequeña hermana estaba a punto de casarse. En lo cual no quería pensar, puesto que todavía no sabía si asistiría a la boda o no. Su vida personal era muy complicada en ese momento, estaba seguro de que ni siquiera le había contado a Ray todo sobre su alocada familia. Él había sido el que rompió el molde. Quien no quiso dedicarse al negocio del ganado. Fue el primero en la familia Hill que decidió salir del pequeño pueblo y probar suerte en la gran ciudad y no le había ido tan mal, bueno, eso era lo que le gustaba pensar a él. Había logrado terminar su carrera en administración de empresas. Comenzó dando sus prácticas profesionales en > La cual era una empresa constructora muy estable y de alta reputación internacional. Poco después le ofrecieron una base permanente y poco a poco fue escalando. Terminó como asistente personal del Arquitecto Raymond Griffin, no fue fácil al principio. Su jefe era conocido por su exigencia y profesionalismo, trabajar para él requería mucho esfuerzo, se lo advirtieron antes de aceptar el cargo. Gavin no era de los que se rendía tan fácilmente. Durante los siguientes tres años desempeño lo mejor que pudo su papel. Era eficiente, responsable y profesional en su trabajo, todo iba de maravilla hasta una noche en el evento de la sociedad de constructores meses atrás. Flashback… —Deja de fruncir el ceño. Steven le advirtió a su hermano. Secretamente, Gavin estuvo de acuerdo. Pero no podía decírselo a su jefe directamente, puesto que no quería terminar de patitas en la calle. No entendía por qué este día Raymond estaba de tan mal humor. Tenía días algo irritado. Pero particularmente hoy estaba insoportable. — ¿Por qué tiene que estar ese idiota aquí? Miró hacía la persona que su jefe se refería tan despectivamente. Trago saliva, otra cosa que no entendía, ¿Por qué Andrew tenía que ser enemigo de Raymond Griffin? Era tan incómodo. Él era su amigo. Pero debía mantener sus distancias, puesto que trabajaba para la competencia. —No sé, déjame pensarlo. Dijo Steven burlón. >> — ¡Oh! Ya sé ¿tal vez porque es parte de la asociación de constructores del país? Gavin disimuló su risita. Raymond clavó su dura mirada tanto en su hermano como en él. Haciendo que su risa muriera en ese instante. Nadie aterrorizaba con la mirada como Raymond. —Si me disculpan, ahora regreso. Dijo Gavin. Esta no era la guerra, pero como en sus clases de historia había aprendido. Era más seguro la retirada que emprender una batalla que estaba perdida. No quería ser blanco de la furia de su jefe. Si lo molestaba demasiado seguro lo haría trabajar en fin de semana y no quería eso. Su departamento era un desastre y necesitaba con urgencia ir a lavandería. Así que en estos casos era mejor dar a su jefe algo de espacio para que se calmara. Se aproximó a la barra para pedir algo de beber, al otro lado vio a un apuesto hombre sonriéndole. No le devolvió el saludo, si lo hacía no se lo quitaría de encima en toda la noche. Admitía que era guapo y atractivo, el tipo de hombres que le gustaban. Pero hoy no estaba para tontear, no en el trabajo, tenía mucho tiempo sin echar un buen polvo. Pero ahora mismo estaba rodeado de los empresarios constructores más reconocidos del país y tenía que tomar las cosas con seriedad. —Si te invito a bailar ¿Aceptarías? Dijo una voz a su costado. Gavin no se sorprendió. Ya había temido que esa situación sucediera. El camarero le entregó una copa de champagne, dio un sorbo antes de mirar a su amigo. — ¿Arruinarías tu reputación de soltero codiciado entre las chicas por un baile conmigo? Él sonrió. —Estoy arruinado para ellas desde hace mucho tiempo, hace años que salí del armario y nunca he vuelto a entrar. Dijo burlón. Era verdad, Andrew Russell, jamás había tenido problemas con admitir su orientación s****l. Él tampoco ocultaba el hecho de ser gay. Todos en la empresa lo sabían, era más sencillo de esa manera. Porque por experiencia podría asegurar que, una persona entre más trataba de ocultar algo, más complicado se volvía el asunto. Demasiado estrés. —Compórtate Andrew, recuerda que estás aquí por cuestiones de trabajo y muchos de los que nos rodean critican nuestra forma de vida. Dijo Gavin con una sonrisa. Con su copa en mano, observo a su alrededor. Había caras conocidas, otras no tan conocidas, y varias más que no quería siquiera volver a ver jamás. Era irónico que muchas de esas personas lo odiaban simplemente por ser un buen asistente. Realmente era para dar risa, que odiaran a Gavin por hacer el trabajo sucio de despedirlos a la mañana siguiente después de haber pasado una noche lujuriosa con Raymond. Su mirada se posó en su jefe ¿Cuántos hombres y mujeres había visto con él? Demasiados amantes para contarlos. Pero era su asistente. Su deber era oír, ver y callar. Su jefe era bisexual y nada podía hacer por cambiar su alma casanova conquistador. Se estremeció al ver cómo lo miraba duramente y sabía que era por estar a un lado de Andrew. —Te invito a cenar mañana ¿Qué dices? Regresó la mirada a su amigo —No lo sé, depende. —¿De qué? Andrew enarcó una ceja. —Tengo trabajo acumulado. —¿Iras a la oficina a trabajar sábado y domingo? —Trabajo desde casa. Era raro que ocurriera. Pero hacerlo aligeraba su carga de trabajo durante la semana. Además, no tenía una vida social en la cual tuviera que reservar sus noches para ir de fiesta. —Tu jefe es un idiota. Comentó Andrew, Gavin casi se atraganta con su bebida. —¡Andrew! Lo reprendió, miró a todos lados esperando que nadie lo hubiera escuchado. —Es la verdad. Se encogió de hombros. >>—¿Algún día me dirás que si a alguna invitación? Gavin lo miró, los ojos de su amigo brillaban esperanzados. Andrew era simpático, apuesto, divertido, sin duda sería un excelente amante. Después de todo paso, incontables horas escuchando a Bernard alabar las cualidades de Andrew en la cama. Se entristeció al recordar a su amigo, él era el lazo entre Andrew y él. Si cruzaba esa línea y salía mal, su amistad se vería afectada y eso no podría ser bueno. —Andrew yo… —Siento interrumpir. Se tensó al escuchar la voz de Raymond a su espalda. >>—Russell. Saludó secamente. Andrew no se intimidó ante la imponente presencia de Raymond. —Griffin. Saludó Andrew igualmente. Gavin se sintió tan pequeño en medio de ellos. Parecían dos enormes leones a punto de saltar el uno con el otro. —Necesito robarte a mi asistente, tengo que comprobar mi agenda. —Por supuesto. Dijo Andrew con una fingida sonrisa. Por su tono frío y seco, Gavin supo que por nada del mundo había creído lo que Raymond decía y estaba de acuerdo ¿La agenda? ¿En serio? Miró inseguro hacia su jefe. Con un gesto de cabeza le indico que lo siguiera. Alejándose de su amigo, siguió los pasos de Raymond hacia uno de los pasillos. El evento se estaba realizando en uno de los hoteles construidos por su empresa. Entraron en una de las oficinas administrativas. Gavin suspiró con resignación, seguro que tendría que soportar uno de los tantos momentos de mal humor de su jefe. Dolo esperaba que no terminara despidiéndolo. Le gustaba su trabajo y estaba ahorrando dinero para poder mudarse de apartamento, si se quedaba sin empleo ahora, tendría que esperar un par de meses más porque se negaba pedirle prestado a sus padres. Sacando su teléfono móvil para comprobar sus notas electrónicas, intentó tomar valor para enfrentar la furia. —¿Qué desea comprobar…? Se quedó con las palabras atascadas en su garganta cuando se vio empujado contra la puerta. Raymond no le dio tiempo de nada. Se abalanzó sobre él como un depredador. Con una mano en su cabello y otra en su cadera, se pegó a su cuerpo mientras sus labios comenzaban a devorar los suyos, era rudo y firme. Su beso estaba exigiendo rendición total. ¿Cómo resistirse? Ni siquiera lo intentó, cerró los ojos al mismo tiempo que abría la boca dejándolo entrar, sus lenguas se balancearon en una danza exigente… Unos segundos estaba besándolo, al siguiente le había bajado los pantalones y acariciaba expertamente su polla… Minutos después lo tuvo tumbado contra uno de los sofás, fallándolo expertamente, duro y rápido. Gavin jamás protesto o se negó, sin ninguna palabra de su parte lo había tomado y él se había entregado por completo.

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