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Mí Felicidad

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Blurb

Vuelvo a leer los papeles que tengo entre mis manos, los ojos se me llenan de lágrimas y mis manos tiemblan, aprieto los resultados y veo los ojos de quién ha sido mí doctora por más de dos años —Lo siento mucho Nahomi, pero no podemos hacer nada— sus palabras son cómo puñaladas en mí corazón, todos mis sueños sean roto, mis iluciones de ser madre y amar con todo mí ser a mis hijos junto al hombre que amo, no se harán realidad nunca porque mi sistema reproductor esta más seco que un árbol que fue cortado de raíz y tirado al desierto, mis trompas de Falopio y ovarios sean atrofiado debido a la pérdida que experimenté hace un par de semanas, en ese entonces no sabía que estaba embarazada, Cristian y yo lo habíamos intentado por más de un año pero no pasaba nada.

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Capitulo 1: Dolor
Nahomi En una mano sostengo el vaso de agua, mientras que en la otra tengo la pastilla con la que terminaré con mi ilusión, el sentido de la vida y la felicidad absoluta para otros, tengo las manos temblorosas producto del miedo que me causa éste paso que daré, no quiero hacerlo me niego a renunciar a lo más real que he experimentado, me opongo a terminar con mi felicidad, pero tengo que hacerlo, mi vida corre riesgo sinó lo hago, lágrimas inconsolables salen de mis ojos, miro al techo de mí habitación orando a Dios pidiéndole que me de las fuerzas para no desmayar. Una vida no es más valiosa que otra, esa es un gran verdad pero lo que me causó ilusión y provocó en mí la mayor alegría del mundo, no tiene vida, si pudiera darle mi vida se la daría, la cambiaría sin dudar, sin miedo porque si pudiera crecer y ser feliz eso sería mí mayor felicidad. La puerta se abre y levanto la mirada, cierra la puerta detrás de sí, Cristian entra con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón, se sienta junto a mí al borde de la cama, respira hondo y me mira a los ojos, sus penetrantes ojos negros me miran con ternura —pequeña— sostiene mí rostro en sus manos —sé qué es difícil, si pudiera tomar tu lugar lo haría sin lugar a dudas— el corazón me late con más fuerza —eres mi vida entera, te amo con todo mí ser y aquí estaré contigo pase lo que pase— me arden los ojos, no respiro con normalidad —toma el tiempo que necesites— me dice y une nuestros labios en una largo beso en el que me demuestra que le duele tanto cómo a mí, se pone de pie y sale dejándome a solas otra vez. No puedo prolongar lo inevitable, por más que llore, me duela y me encierre, nada cambiará el hecho de que mi bebé este muerto dentro de mí, no puedo volver el tiempo atrás y llevar el embrión a mí útero, no puedo hacer el milagro de que tenga vida. No puedo con la presión que siento en mí pecho, mi mente es un caos total no asimilo ningún pensamiento con lucidez, me quema el alma y mi espíritu agoniza de dolor, quiero que mi mami me abrace y me diga que todo estará bien, y cómo si mis pensamientos la llamarán ella entra con los ojos rojos e hinchados, se queda parada frente a mí —¡hola mí amor!— besa mí frente y me quita de las manos la pastilla y el vaso con agua, no lo resisto y me lanzo a sus brazos, su calidez me transmite paz pero no puedo recibirla debido a que me siento bloqueada. —¡No puedo mamá!— lloro, mi voz está ronca y rota —no tengo el valor— ¿cómo termino con la noticia que me provocó saber que sería mamá? que después de tanto tiempo Dios me bendijo con la felicidad que tanto anhelaba, siento que todo esto es un fraude yo le pedí a Dios un hijo pero nunca pedí que muriera en mí vientre. —No puedo imaginar tu dolor mí amor— me consuela, acariciando mis brazos—no sé qué es perder a un hijo— me dice —pero sé que ahora te recriminas con pensamientos que no tienen lugar— me vuelvo un ovillo en sus brazos, cómo cuando era niña y tenía miedo a la oscuridad —te recuperas de esto, no hoy o mañana pero algún día hablas de esto sin que te duela cómo lo está haciendo ahora— intenta calmarme —debes tomar esa pastilla por tú salud— me pide —¡hazlo ya! y pronto todo terminará— me acaricia el rostro y me canta una canción de cuna que ella misma se inventó para mí. Luego de mí madre abandonar la habitación, con todo el peso del dolor sobre mí, acabo con todo lo que hay dentro, me tomo la pastilla que la doctora me indicó para liberar todos los restos del feto, ni siquiera tuve la oportunidad de buscarle un nombre, lloro y con amargura bebo el medicamento. La pastilla pasa por mí garganta con el agua que ingerí, cierro mis ojos y descanso mí cabeza sobre la almohada, me cubro con las sábanas y dejo que inicie el efecto del medicamento. Nuestro sueño y ahora no tenemos nada, que será de nuestras vidas después de esto, todo lo que nos imaginamos se desvanece cómo el viento. El sueño me ha vencido, no sé cuánto dormí pero un dolor intenso me atraviesa debajo del ombligo, ya es muy noche, la luz de la luna de filtra por la venta, a mí derecha está Cristian dormido, el dolor se intensifica, la doctora advirtió que tendría fuertes dolores abdominales, pero siento como si un tren me estuviera descuartizando, me tapo la boca para no emitir un quejido fuerte de dolor. Salgo de la cama y no puedo estar erguida ya que el dolor me dobla la cadera y ciento fuertes dolores en mis órganos reproductivos, camino despacio hasta el baño, enciendo la luz y cierro la puerta para que la claridad no despierte a Cristian. Me bajo el pantalón de pijama junto con los pantis, me siento en el retrete y con miedo miro la toalla íntima que me coloqué ya que la ginecóloga me dijo que sangraría producto del aborto. Un lamento leve de dolor se escapa de mis labios cuando veo la toalla íntima llena de sangre, tiene coágulos de sangre, el dolor se intensifica y solo me tapo la boca sufriendo sola. Las lágrimas caen como cascadas de mis ojos, miro al techo buscando algún auxilio. Estoy destrozada física y mentalmente, no tengo idea de cómo lograré recomponerme, siento que eso nunca pasará, nunca podré hacerlo, nunca superaré esto, jamás volveré a ser la Nahomi se siempre, un embarazo esperado que llegó sin avisar, y una pérdida repentina son las noticias más incoherentes que escuché, esas dos palabras no deberían estar en una misma oración. Me desvanezco en el retrete, lloro y lloro porque solo yo sé el dolor que estoy sintiendo. La puerta del baño se abre y Cristian asustado se posa frente a mí —¡pequeña!— me mira y la toalla íntima llena de sangre lo afloja, se pone de rodillas frente a mí —todo estará bien— me dice pero sé que no es verdad, nada está bien —vamos a quitarte esto— me indica y empieza a desnudarme, quita la toalla íntima del panti y me saca la blusa de la pijama, mis pechos quedan expuestos. Otro fuerte dolor me ataca y me aferro a los brazos de Cristian quien se queda quieto dejando que le clave las uñas, no soporto el dolor que avasalla mí cuerpo, siento un fuerte estirón que sale de mí vientre, aprieto mis dientes sopesando el angustiante dolor. Lo que sale de mi sacude el agua del retrete que se torna roja, esto viviendo una película de terror, a los hijos unos los entierra cuando mueren, no se les desecha en el inodoro, mí psicología no asimila lo que estoy haciendo. Se me agita el pecho y ciento una fuerte opresión, no me salen las palabras. Después de unos minutos Cristian me pone de pie, abre la ducha y toca el agua con sus palmas hasta que llega el agua tibia —¡ven!— me pide pero niego. —¡Por favor vete!— le pido con la pocas fuerzas que tengo —no quiero que me veas así— le ruego pero no me hace caso y entra conmigo a la ducha, enjabona mí cuerpo y yo no paro de llorar bajo el chorro de agua. Intento quitarle el jabón a Cristian pero no me deja alcanzarlo —¡Cristian por favor vete! necesito estar sola— le pido pero me toma del rostro con sus manos, a él no le importa mojarse la ropa de pijama que trae. —¡Escúchame!— sus ojos me miran con intensidad —no te dejaré sola, ambos estamos en esto, ¡me escuchas!— la sangre continúa saliendo de mí vientre y corre por mis piernas, las rodillas se me doblan pero Cristian me sostiene con fuerza, abrazándome con tanta fuerza que siento que quiere guardarme de todo mal. Me envuelve en sus fuertes brazos en los que me refugio cada que me siento frustrada por alguna pintura que me esté causando problemas, cada que vemos películas de terror y me espanto, nada de eso se compara a lo que estamos pasando ahora. —No me sueltes por favor— le suplico. —Nunca lo haré— me dice seguro.

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