Capitulo 2: ¿Recuerdas cuándo nos conocimos?

1710 Words
Cristian Tomo una toalla grande y seco el cuerpo de Nahomi, la envuelvo en ella, voy hasta la cajonera y busco una nueva toalla íntima femenina, la ubico en un panti limpio y lo deslizó por sus piernas, busco una nueva pijama y le cubro el cuerpo, me coloco ropa de dormir seca, Nahomi está tan débil que debo cargarla en mis brazos para llevarla a la cama, la siento la borde de la cama, con una toalla pequeña seco la humedad de su cabello —te traeré un té— le informo y solo asiente con la cabeza cómo zombi. Voy hasta cocina y preparo una infusión de hierbas que espero que le ayuden con los cólicos, son más de las 3 de la madrugada. Me paso las manos por el cabello frustrado, quiero estar fuerte y tener el hombro firme para que Nahomi puede sostenerse, quiero sobrepasar éste mal momento siendo la fortaleza que ella necesita. Pero no puedo serlo si siento que el peso del mundo entero cayó sobré mí espalda, no puedo ser lo que ella necesita en estos momentos, porque estoy igual de afectado, como fragmentos rotos pueden restaurar a otros. Respiro hondo y vierto agua caliente en la taza favorita de mí pequeña, con una cuchara muevo el té con un poco de miel de maple. Vuelvo a la habitación y ella está en la misma posición que la dejé —te sigue doliendo— pregunto preocupado ya que está más pálida y eso me preocupa, pongo mis manos sobre su frente para saber si tiene fiebre y gracias a Dios no, la doctora nos advirtió que si le subía la temperatura debíamos llevarla al hospital —tomate el té— le pido entregándole la taza Me da sorbos cortos y su mirada sigue pérdida, sus ojos están hinchados y rojos, tiene la nariz roja y los labios secos. Me siento a su lado y le obligo a qué se termine de tomar todo el té, por ahora los cólicos son menos fuertes han pasado nueve horas desde que se tomó la pastilla en la tarde, la doctora también nos dijo que el proceso de expulsión del feto podía durar al menos 48 horas, después de pasado ese tiempo debemos volver al hospital para verificar que no quede nada que pueda traernos problemas futuros. Recuesto mí espalda del espaldar de la cama, le abro los brazos y dejo que mí pecho sea su almohada, beso su aún húmedo cabello y acaricio sus hombros, hemos pasado tantas cosas maravillosas juntos, tenemos problemas menores cómo cualquier otra pareja, pero esto es lo más fuerte que hemos vivido. La negativa de mis padres a que me case con ella, nunca ha impedido que nos amemos, nunca hemos peleado por eso porque ella sabe que la amo con mi vida y nadie puede entrometerse en nuestra decisión. Desde que nos conocimos sabíamos que lo nuestro no era algo pasajero, y es que las chispas que se encendieron en mí cuando la ví sonreír mientras se burlaba de mí, nunca se apagará, esa corriente magnética que me abarca cada vez que estamos juntos o cuando pienso en ella, ese frío que siente mí corazón cuando discutimos por cualquier tontería, me aferro a ella y no dejo de respirar el olor a frutos rojos que emana de su cabello. Ese olor que tanto reconoce mí olfato —recuerdas cuando nos conocimos— le digo de repente y ella levanta la cabeza mirándome con sus tiernos ojos —Si— me dice débil —Desde ese día supe que estaba perdido— le digo, siempre le confieso esto, ella siempre dice —Ya lo sabía— intenta sonreír. Flashback Estoy solo en el teatro, tengo una audición por el papel de El Barbero de Sevilla una obra muy famosa de Rossini, el personaje principal es mí objetivo tengo que ensayar, por lo que me quedo hasta tarde en el teatro, hago ejercicio vocal para encontrar el tenor que necesito para imitar al barbero. Canto a todo pulmón sin micrófono, los demás se fueron horas atrás pero yo tengo que obtener el papel, es el primero como protagonista para el que voy a adicionar, alzo más la voz en busca de ese tomo perfecto, hago imitación que representa al barbero mientras canto y me paseo por todo el escenario. Cierro los ojos y lleno mis pulmones de aire para soltar la última estrofa, me sale tan aguda en el tono que estaba buscando, abro los ojos y detallo a la preciosa persona que está en el escenario, es una mujer no muy alta de cabello castaño, me asusto porque en mi mente creía que estaba sólo, siento un cosquilleo en mí cuerpo, mí respiración es irregular a causa del ejercicio anterior, ella me mira con los ojos entrecerrados y pone las manos como jarras al rededor se sus caderas. —Estás bien— pregunta y no sé qué hacer, me causa vergüenza que ella me estuviera viendo todo éste tiempo —sé que sabes hablar, estabas cantando cómo demente— me dice altiva —Perdón— me ofende —eso señorita por si no lo sabe es arte— le digo, que le pasa —Si claro—dice con sarcasmo —¿Que Dices?— indago algo molesto pero ni sé bien porque, si es su actitud arrogante o el que sienta corrientes de electricidad que recorren mí cuerpo y no puedo ni hablar bien. —Estoy tratando de pintar y su escándalo no me lo permite— continúa —Acaso pinta usted— pregunto y la escaneo con la mirada, tiene las manos sucias de pinturas, la cara y el overol que trae puesto, me saca una sonrisa —Por qué se ríe— dice algo molesta —Y acaso usted pinta con todo su cuerpo— investigo Ella se mira las manos y me vuelve a mirar con esos ojos de un tono que no logro descifrar ya que la tenue luz del teatro no me lo permite. —Los artistas de la época medieval creen que son los únicos que saben hacer arte— dice acercándose más a mí —Yo no he dicho eso— me defiendo ya que viene con pasos amenazantes —Que pasa cantante desquiciado, tienes miedo de una artista contemporánea— me dice y me amenaza con ensuciar mí traje de ensayo —No se atreva a tocarme— le digo porque no quiero que manche la camisa blanca del personaje, se adelante hasta mí y me hecho más para atrás, no mido bien mis pasos y termino cayendo cuando el pie se me enreda de la tela del telón caigo de espaldas y ella aprovecha para subir sobre mí y ensuciarme con sus manos, trato de esquivarla pero es más hábil que yo. Su risa es fuerte —eso es para que no cantes como desquiciado y me dejes trabajar en paz— me grita entre risas pero tomo el control de las cosas y ahora es ella quien está bajo mí cuerpo, aprieto sus manos por encima de su cabeza, intenta forcejear pero el peso de mí cuerpo no se lo permite. —Ahora no eres tan valiente o sí— le digo muy cerca de su rostro y ahora puedo apreciar mejor el color marrón de sus ojos —Suelta me— me grita, pero yo me quedo absorto en sus ojos, las facciones suaves de su rostro me tienen atónito, Dios es la mujer más hermosa que he podido contemplar, tiene ese olor tan dulce que mis fosas nasales adsorben la suelto y la ayudo a ponerse de pie —perdón por molestarla señorita...— intento que me diga su nombre —Nahomi— me dice —Soy Cristian— me presento y le ofrezco mi mano pero no la toma —No sé qué estuviste asiendo con esa mano— me dice —los hombros no suelen lavarse muy a menudo las manos. —Eso es sexista de tu parte— le digo Frunce los labios —el 90% de los hombres es así— me enfrenta Me río por lo que dice —te das cuenta que ya tenemos dos cosas en común— le digo y se cruza las cejas —A qué te refieres— indaga —Ambos hacemos artes y ambos cuidamos nuestra higiene— se le escapa una carcajada —Sólo has menos ruido— pide —No es ruido, es arte— le digo —Entonces has más arte silencio— me pide —Y utiliza un pincel— le indico —Quieres otra embarrada— me dice y me amenaza con sus manos —A menos que quieras ponerme cómo parte de tu obra— le digo —Adiós— se despide pero la tomo suavemente del brazo —Vas a quedarte sola— le pregunto —Tengo que terminar mi obra— me indica —Puedes terminarla en tu casa— sugiero pero niega —No me gusta trabajar en casa— me dice —No es seguro que te quedes aquí sola— le digo mirando el reloj —me ofrezco a acompañarte hasta que termines. —No es necesario, gracias— dice —Ni hablar señorita Nahomi, me quedaré hasta que termine— mantengo mi postura, ella lo piensa unos segundos —Pero a cambio te invito a cenar— me indica —Estás coqueteando conmigo— le guiño un ojo y ella rueda los suyos —Tu voz desquiciada me enamoró— dice sarcástica —Acepto la cena, pero te advierto que no soy un chico fácil— le indico. Fin del flashback Nos conocimos de una forma tan única, es la mujer de mi vida y eso nunca he dudado, la luz de la lámpara aún sigue encendida, veo el reloj de la mesa de noche y ya son las 5am, no he logrado conciliar el sueño, pero Nahomi sí, el té causó el efecto de relajante muscular. Estoy en la misma posición, recostado del espaldar de la cama y con el cuerpo de mí pequeña el mí pecho, quiero sanar sus corazón, no quiero que sufra y pondré todas mí fuerzas y empeño en ello.
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