Nahomi
Dejo que los brazos del hombre que amo sean mí refugio, los latidos de su calmado corazón tranquilizan al mío, estamos pasando por el peor momento de nuestra relación, necesito de su apoyo y comprensión pero él también me necesita a mí, el también perdió a nuestro hijo, cierro los ojos y dejo que el té haga su efecto en mí sistema.
El sol que se filtra por la ventana ilumina la habitación, Cristian no está en la cama, levanta mí adolorido cuerpo y me pongo de pie, me dirijo hasta el baño privado y hago mis necesidades, la toalla íntima que Cris me colocó en la madrugada está repleta de sangre por lo que la envuelvo y la desecho en el zafacón, me ducho con lentitud, los cólicos me toman en medio de la ducha y me revuelco del dolor que ejerce en mí zona, tengo calambres en todo el cuerpo y la sangre no deja de fluir y derramarse en el piso de la bañera.
No quiero mirar, y no me puedo sostener, tocan la puerta del baño —pequeña estás ahí— es Cristian, me muerdo los labios soportando el dolor, no quiero alarmarlo, trato de tranquilizarme.
—Estoy bien cariño— logro decir —salgo en un segundo— enciendo la llave de la ducha y dejo que limpie los restos que eh dejado, lloro en silencio mientras esparzo el jabón por mí cuerpo.
Ya limpia, me pongo una toalla íntima nueva y ropa limpia, calzo mis pies con pantuflas y salgo del baño, Cristian está sobre la cama con una bandeja de desayuno, es el hombre más detallista que conozco, me trata como si fuera su prioridad, se cuánto me ama al igual que él sabe cuánto lo amo.
Estos días no han sido lo más fáciles para ninguno, no sabemos cómo manejar lo que nos está pasando, no conocemos a ninguno de nuestros amigos que les hubiera pasado algo similar.
Me siento a su lado al borde de la cama —preparé tu desayuno favorito— me indica y veo el pan tostado, café, zumo de naranja, frutas y gelatina de uva, en otras circunstancias estuviera devorando el desayuno, todo luce delicioso pero no tengo apetito.
—Gracias, pero no tengo hambre— le digo y veo tristeza en sus ojos
—Pequeñas debes comer— me pasa el vaso con zumo —anda, necesitas energías, has perdido mucha sangre...— dice con calma, pensar en eso me molesta.
—No tienes que recordarme que estoy perdiendo a mí bebé— le digo sin pensar, él se sorprende de mis palabras y yo me arrepiento inmediatamente de lo que dije —lo siento... No quería decir eso— le confieso, él se pone de pie, trae ropa cómoda, me pongo de pie y lo abrazo —perdón por decir eso— nunca nos hablamos mal, sé que tengo carácter fuerte pero no hace falta ser así con él.
—Tranquila, sólo quiero que comas— me deja saber— por favor come algo— me indica
Un fuerte cólico me abarca y no puedo fingir que nada pasa ya que me tambaleo y me encorvo sopesando el dolor, Cristian me toma para sostenerme y que no caiga al piso.
Es el peor dolor que he experimentado jamás, es como si mil elefantes caminarán sobre mí abdomen y pisaran mis ovarios, aprieto mis dientes como si eso calmara el dolor.
Cristian me lleva a la cama y me vuelvo un ovillo, sus manos acarician mí espalda y brazos —respira— me pide, lo intento pero no puedo
Largos minutos después el dolor disminuye, mañana debemos ir al médico y verificar que no tenga ningún residuo del feto, me tomo unas pastillas para calmar el dolor, luego de eso Cristiane obliga a comer todo el desayuno, lo hago para que no se sienta mal conmigo.
Durante la tarde veo una película con mi padre, mi madre está con Alia en casa de Anika y Cristian fue al teatro a resolver algo, prometió volver pronto.
—Nahi— así me dice mí padre de cariño, besa mí mejilla y me acurruca en sus brazos, estamos en el sofá de la sala de estar, lo miro a los ojos —estamos para ustedes siempre que lo necesiten— me dice —si quieres podemos ir a Turquía juntos —mis padres son físicos y tienen muchas cosas en común, se aman de la misma forma desde que se conocieron, tienen varias fundaciones para niños de la calle, es una obra muy noble de su parte, cuando era adolescente me la pasaba viajando haciendo excursiones en familia, ellos solo me tenían a mí y no querían más hijos.
No tuve hermanos hasta que Anika llegó a nuestras vidas, es la hermana que me regaló la vida, todos en casa la amamos al instante a pesar de solo vivir un año con nosotros.
Pienso en su propuesta, tengo mucho trabajo retrasado en la galería, no puedo abandonar el trabajo ahora.
—Me gustaría, pero tengo muchas cosas por hacer— le dejo saber
—No quiero que te sumerjas en el dolor, eres fuerte nena— me besa la mejilla, su barba con canas me pica la piel.
—Papá, tu barba me pica— le digo con una sonrisa
—Te quejas y cuando eras pequeña amabas que hiciera eso— me dice y yo le lanzó unas palomitas de las que tengo el envase de cristal.
Al llegar la noche, mi madre y novio vuelven a casa, Alia está con nosotros, mis padres duermen con ella en la antigua habitación de Anika, compré una cuna para ella, para cuando duerma acá con nosotros, es mí pequeña rubia de ojos azules, tiene menos de un mes que nació y su madre está resolviendo asuntos en Estados Unidos.
Llego a la cuna de Allá y beso su frente, su olor a bebé me encanta, la amo desde que supimos de su existencia, su madre es mí ejemplo de superación personal, en toda su vida a pasado cosas atroces que la marcaron, pero ella ha logrado superar sus obstáculos y ahora es una persona más fuerte.
Duermo acurrucada de mí novio, se nota que está muy cansado y hoy no tuvo un buen día —cómo estuvo tu día— me animo a preguntar.
—Todo bien— se limita a decir, lo conozco sé que no es así
—Amor puedes decirme.
—Son tonterías del trabajo, no te preocupes— me tranquiliza, no insisto y dejo pasar su negativa para contarme.
En el consultorio del especialista en ecografías nos informan que tengo residuos de mí bebé, por tanto deben hacerme un legrado.
La vida se ha ensañado conmigo, acaso no he sufrido lo suficiente ya como para tener que pasar por esto también.
—Aquí estoy— me abraza Cristian, lloro en su pecho y dejo que los especialistas saquen la última gota del ser que llevaba dentro.
El legrado fue doloroso, perdí mucha más sangre, por lo que me tuvieron que pasar dos pintas de sangre para reactivar mí sistema.
Cuánto con el apoyo de las personas que me aman, mi madre me llama cada dos minutos, dejó a Alia con la nana de las hijas de Arthur y vino a estar un par de hora conmigo.
Permanezco en cuidados intensivos por tres días, el sangrado vaginal cesó mí hematocrito está normal, al parecer ya no moriré pero debo tener cuidados especiales por un buen tiempo.
Al estar nuevamente en mí casa, me siento mejor que en días pasados, me reintegro a mis labores en la galería.
Cristian quería que reposara por más tiempo, pero si me quedo en la casa todo me recuerda al bebé que nunca nacerá y eso aún me duele.
Trato de enfocarme en mi trabajo, pero no quiero pintar, mí estado de ánimo según psicólogos lo puedo aprovechar para manifestar a través del arte, pero no puedo sacar el dolor que siento por mí pérdida, no puedo pintar mí amargura porque tendría que verlo y yo sólo quiero olvidarme de todo, intento pintar otro cuadro con emociones más positivas pero nada me resulta ya que no puedo fingir en el arte lo que no siente mí alma.Los días avanzan y vuelvo a mí rutina diaria, Cristian me invitó a cenar fuera de casa para distraernos un poco y accedí, hace mucho que no me siento feliz, quizás salir me ayude.
Hoy debo volver a la consulta con la doctora, me tiene que dar los resultados de algunos estudios que me realizó, después de una pérdida las posibilidades de quedar embarazada son mínimas.
—Buenos días Nahomi— me dice la doctora detrás de su escritorio —cómo te sientes.
—Estoy mejor—
—Siéntate por favor— me indica y lo hago —no te tengo buenas noticias— el corazón se me acelera, "cálmate" me consuelo a mí misma —tus órganos reproductivos están muy lastimados— me pasa unas hojas para que lea los resultados leo el documento y la respiración se me paraliza.
Vuelvo a leer los papeles que tengo entre mis manos, los ojos se me llenan de lágrimas y mis manos tiemblan, aprieto los resultados y veo los ojos de quién ha sido mí doctora por más de dos años - Lo siento mucho Nahomi, pero no podemos hacer nada- sus palabras son cómo puñaladas en mí corazón, todos mis sueños sean roto, mis ilusiones de ser madre y amar con todo mí ser a mis hijos junto al hombre que amo, no se harán realidad nunca porque mi sistema reproductor está más seco que un árbol que fue cortado de raíz y tirado al desierto, mis trompas de Falopio y ovarios sean atrofiado debido a la pérdida que experimenté hace un par de semanas.
La noticia me ha dejado sin palabras, Cristian no me pudo acompañar a la consulta con la doctora, y ahora como le digo que no podremos tener hijos, ese ha sido nuestro sueño desde hace mucho tiempo.
Voy a perderlo para siempre, Cristian no querrá estar más conmigo, soy yo la que está dañada, soy yo la que no puedo tener hijos.
Desde que volví de la consulta me encerré en mí habitación, no le he comentado a nadie lo que pasó, los resultados los arrugo en mis manos, nunca seré feliz.
Siento que tocan la puerta y decido guardar los resultados que me dieron en el hospital, nadie puede saberlo, no quiero que me vean con lástima, o que me sugieran que adopte un niño para tener ya que no puedo tener hijos propios.
No puedo hacerle eso a Cristian, él se ha sacrificado mucho por mí, desafío a sus padres por mí, ahora lo he defraudado con mí esterilidad, escondo la hoja bajo el colchón y trato de aparentar estar normal.
—Hola pequeña— me saluda el hombre que amo
—Hola amor— trato de escucharme normal
—Cómo te fue con la doctora— me pregunta mientras me besa los labios, respiro hondo
—Nada, todo está bien— miento y al decir esas palabras me duele el corazón, nunca le mentido a Cristian, pero no sé cómo va a reaccionar, tengo miedo de que me abandone y quedarme sola para siempre.
—Eso es genial cariño— me vuelve a besar y yo le correspondo con ternura —lista para ésta noche-—me dice sonriente
—Sí—
—Te amo— sus te amo son las palabras más sinceras que me dice, lo abrazo y dejo que su calor me socorre.
Tengo que asimilar las cosas primero, tengo que entender que nunca le daré un hijo al hombre que amo, el corazón me pesa por mentirle pero justo ahora no quiero dale más las cosas entre nosotros, perdóname mi amor, me digo en mi mente.
—Te amo mucho— le digo mientras no deja de abrazarlo, es lo más importante para mí y si justo ahora estoy siendo egoísta pero no quiero ver la realidad, me niego a perder todo lo que hemos construido.