Capitulo 9: Desolación

1751 Words
Nahomi Toco serenamente el timbre, las manos me tiemblan producto del frío que hiela mis dedos sin guantes, el gorro de lana cubre mí cabello y la gabardina negra abriga mí cuerpo de la helada y pacifica tempestad. La puerta se abre y mí rubia favorita abre los ojos como platos al detallar mí aspecto, tengo el rostro enrojecido y algo alterado, durante el trayecto hasta acá no he parado de llorar. — Homi, ¿qué tienes?— me dice haciéndose a un lado para que yo pueda entrar. La calidez del hogar de mí amiga me recibe, por lo que me saco el gabán que traigo junto al gorro de lana blanco. —Lo hice— le digo y ella frunce el ceño, como si no entendiera lo que digo, me siento sobre el sofá y ella toma asiento a mí lado. — ¿Qué fue lo hiciste?— me pregunta, mientras pasea sus manos por mis hombros. — Terminé con Cristian — le digo y sus manos se detienen para observarme a los ojos, su rostro luce atónito como si no pudiera creer lo que sus oídos escuchan. —¿Qué estás diciendo?— logra preguntar — ¿Por qué?— continúa con su aturdimiento, haciendo preguntas. —Porque es lo mejor para ambos Ani, ¡yo!— las palabras se me atascan en la garganta y mis ojos se vuelven cascadas saladas que bañan mí rostro, creí que ya había sacado la última gota de lágrima de mí ser, pero al parecer no. Los brazos de Anika me rodean, hiperventilar sin parar de gemir de dolor, explicarle a otra persona me resulta más difícil aún, con ella tengo la confianza suficiente para expresar lo que me pasa, por eso cuando me siento más calmada le cuento todo sin omitir ningún detalle, ella es madre y sabe cuánto amo a su bebé, así como también sabe lo importante que es para mí y para Cristian tener hijos. Durante la pérdida de mí bebé ella estuvo cerca a pesar de también estar pasando por difíciles momentos. —Ahora entiendes porque me alejé — le expreso y su mirada está dirigida en un punto ciego de algún lado de la alfombra la ir cubre el piso de madera. La tasa de té calienta mis manos, dos un par de sorbos antes de volver a mirar a mí amiga, quien me quita la tasa de entre las manos, la coloca sobre la mesita de la sala de estar y me toma de las manos. — La noche que conociste a Cristian inmediatamente me llamaste para decirme que habías conocido a un cantantes de opera desquiciado, recuerdo que estaba estudiando para los parciales en la universidad, pero tenía que escucharte ya que era interesante la forma en la que narraba la historia, recuerdo haberme burlado de ti por exagerada — ella me cuenta y coloca un mechón de mí cabello detrás de mí oreja — varias semanas después empezaron a salir, luego fueron a vivir juntos y yo dije debe ser un chico increíble y con mucha tolerancia para soportar a una fastidiosa como Homi, pero luego fueron a Utah y verlos juntos me dio la certeza de que ambos se pertenecen, que lo que ustedes encontraron es la fuerza más poderosa del mundo y que una muy escasa población del mundo encuentra. — Sabes que nos amamos y esa no es la razón de nuestra separación— le explico. — Eso lo sé, pero quiero que tengas claro, que la razón por la millones de personas en el mundo se separan es por la ausencia de esa fuerza sobre humana, y que tu a pesar de tenerla a echas a un lado — sus palabras se sienten como cortadas — él te ama y quiere luchar contigo, porque esta no es una guerra por separado, él también está sufriendo, crees que esa noticia solo te marcó a ti, que cómo se trata de tu cuerpo a él no le incumbe, pero estás equivocada — lleva mis manos a su corazón y me sonríe — tu eres su todo, y créeme que me duele lo que les está pasando, pero deben intentarlo y si no es posible, pues es porque se intentaron las miles maneras, más no porque nunca se intentó. Las palabras de Cristian y Anika, no dejan de dar vueltas en mí cabeza, bueno mí cuerpo con las sábanas e intento cerrar los ojos para dormir, pero me resulta algo incómodo, imagino que al ser la primera vez que duermo fuera de mí casa en tanto tiempo, decidí quedarme a dormir en casa de mí amiga, ella no quería que me fuera sola a esas horas de la noche, aunque el edificio de mí propiedad está cerca. Mí celular se ilumina y yo volteo a ver, es una llamada de Cristian, intento ignorarla, pero se que estará preocupado por mí si no sabe dónde estoy. — Estoy bien—le digo inmediatamente respondo la llamada. —¿Dónde estas?— me pregunta serio. —En casa de Anika— le digo — no quiero que vengas a buscarme— le advierto. — No pensaba hacerlo— su palabra me deja paralizada — ya no me quieres en tu vida y eso es lo que haré, solo quería por última vez saber que estabas bien— me dice y repentinamente la llamada se corta. —¡Hola!— digo, pero nadie responde, miro la pantalla del celular y la foto de perfil me clava una daga directo en mí corazón, somos Cris y yo abrazados, yo estoy sentada sobre sus piernas y él ocupa la banca del parque en el que hace rato estaba, el sol brillaba más que nunca, era inicio de la primavera y ambos lucimos tan felices, tan enamorados, quien diría que en solo un año, esa felicidad se vería opacada por una terrible desgracia. Vuelvo a dejar el celular en la mesita de noche, se que está enojado, se que tiene razón, se que estoy siendo egoísta y solo estoy pensando en mí, pero nadie piensa en que soy yo la que no podrá darnos hijos, se concentran en que debemos luchar porque nos amamos, y que debemos de llegar hasta las últimas consecuencias, pero nadie piensa en ese doloroso proceso, en que nuestro amor se puede marchitar y que llegaría el momento en que solo estemos juntos más no haya amor en nosotros, es muy difícil explicarle esto a alguien que no está pasando por la misma situación. A la mañana siguiente me voy temprano a casa, doy un vistazo por todo el lugar y Cristian no está, su ropa y accesorios siguen en el clóset, pero sus herramientas de trabajo no. La ducha del baño tiene gotas de agua, por lo que asumo, recientemente fue usada. En la cocina todo está limpio y organizado, me empiezo a sentir incómoda en este lugar, pero me doy un largo baño y recuesto mí cuerpo de nuestra cama. Su fragancia está ahí, el calor de su cuerpo aún reposa sobre las sábanas, las abrazo y me dejó envolver por ellas. Los días se vuelven largos y pesados y la ausencia de Cristian se siente cada vez peor, e intentado llamarlo, pero no me atrevo, no ha regresado a casa desde entonces, me angustia que algo malo le hubiera pasado, y él no ha llamado para decir si está bien. Sumerjo mis de dos en la pintura, trazo las líneas sobre el lienzo en n***o, la música de la ópera penetra en mis oídos y alimenta mí espíritu. E tenido que aprender a lidiar con la pérdida y ausencia, la noticia de nuestra separación solo la sabe Anika, no he querido decirle nada a mis padres o nuestros amigos más cercanos, aunque Nathaly no está igual conmigo, ella es compañera de Cris, por lo que es la más cercana a nosotros y asumo que él le debió de haber dicho algo al respecto. La puerta de mí estudio se abre, dándole paso a unos tacones de aguja que resuenan por el lugar, las caderas se balancean y el cabello platinado con hondas que llegan hasta los hombros agregan un toque de madurez y elegancia. —Si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahoma — me dice Gina aguantando sus lentes sobre su rostro. Detengo mis manos y busco algo con que secar mis manos, llevo pintando intensamente por muchos días, llego temprano y salgo hasta muy tarde. —Gina, me alegra verte— le expreso. — Marie dice que te la pasas encerrada aquí, cuando te dije que debías estar al día para la presentación de las obras, en mis palabras no estaban agregadas que te desnutrida y enfermes por exceso laboral — me reprende. — Lo siento, pero quería cumplir con mí deber— le expreso. — Y de paso querías que sobre mí estuviera una demanda por tu muerte, y es que ya me imagino los titulares "Excelentísima, bella y joven propietaria de la galería más prodigiosa de Londres, obliga a una de sus artistas a pintar, sin comer o beber, lo que le produjo la muerte"— me habla sarcástica, pero coloca unos embaces de cristal sobre la mesa — come, no quiero enfrentar cargos por tu muerte — me dice y se quita los zapatos, mientras observa las obras que he estado pintando. Voy hasta la llave y dejo que el agua limpie mis manos, me siento en la silla y cómo lo que Gina trajo para mí. — ¿Será una exhibición gótica?— me dice y levanto la mirada hasta donde ella está — ¿es lo que tienes que contar sobre tu dolor?— pregunta. — Los cuadros estás volteados— le indico, ella me mira y con sus manos le da la vuelta a uno de los enormes cuadros que e pintado. Su rostro luce inexpresivo, sus ojos continúan el trayecto de la obra, llevo más de diez cuadras hechos, pero la narración artista de lo que quiero expresar, aún no está terminada. Las obras llevan un orden coronológico y están enumeradas por detrás para que no se pierda el sentido. Gina, voltea todo los cuadros y los ordena según ella entiende. — ¡Nahomi! Esta es impresionante — me deja saber — se que aún no terminas, pero lo que tienes aquí es muy bueno— se voltea a mirarme — sabía que podía confiar en ti.
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