Vigo
Me encuentro en mi oficina revisando la documentación de una nueva mercancía que acaba de llegar al club The Dark; el más popular en nuestro entorno, ya que cuenta con las mujeres más hermosas del país, cuando de pronto Mijaíl abre la puerta.
—Señor. —Levanto la cabeza al escucharlo.
—Dime —respondo.
—Afuera hay una chica que desea verlo.
Levanto una ceja a modo de pregunta porque no tengo idea de quien pudiera ser, puesto que no estoy esperando a alguien.
—Esa chica, ¿tiene nombre? —inquiero confuso.
—Al parecer está buscando trabajo, se llama Yelena Vólkova.
—Sabes lo que buscamos aquí exactamente, Mijaíl, ¿no es cierto?
—Sí, señor. Pero pienso que debería conocerla y conversar con ella usted mismo. Dice que puede hacer un baile y allí determina si es apta o no para el trabajo. No se irá con un simple, no como respuesta, créame, ya lo intenté de mil formas y la chica está abajo plantada.
Bufo recostándome al espaldar de mi asiento.
—De acuerdo. La veré, solo tendrá 5 minutos, no deseo perder mi tiempo en alguien que de seguro no vale la pena.
—¿Le digo que suba? —pregunta.
—No, llévala al área V.I.P. la alcanzo allí.
—Como ordene, señor.
Sale de mi vista y acomodo los papeles que tengo frente a mí. Minutos después me levanto del asiento y me dirijo al área V.I.P. que se encuentra en este mismo piso. Abro el pomo de la puerta y lo que veo me descoloca totalmente.
Imaginé que era una mujer madura, no una joven de unos veintitantos años, de cabello rojo, ojos cafés, tez blanca, labios gruesos, nariz perfilada y pómulos perfectos. Está de pie al lado del tubo con un atuendo bastante reservado para este tipo de lugar.
—¿Estás segura de que te encuentras en el lugar indicado? —pregunto con voz ronca porque su apariencia me tiene completamente hechizado.
—¿Por qué lo dice?
¡Carajo! Su voz suave remueve algo en mi interior que no me había ocurrido jamás.
Carraspeo antes de responder:
—No quiero sonar grosero, pero esto es un club nocturno donde los hombres vienen a disfrutar del espectáculo y si se da la oportunidad, pues aprovechan de satisfacer sus deseos carnales. Y, tú, no tienes esa aura que ellos buscan…
Sonríe ante mi comentario y mi entrepierna comienza a despertarse ante su acto. ¡Mierda! Cómo es posible que con una simple sonrisa sea capaz de causar esto en mí.
—No quiso sonar grosero, aun así, me dice que no soy apta para el trabajo sin siquiera medir mis atributos. Me parece injusto de su parte, ¿señor…? —deja la pregunta en el aire, a lo cual me apresuro a responder:
—Vigo, Vigo Nóvikov.
—Déjeme mostrarle de lo que soy capaz de hacer, señor Nóvikov, si no es de su agrado, me retiro y no vuelvo más por este lugar. Créame, tampoco es que me muera por trabajar en un lugar como este, porque, sin ánimos de ofender, me parece que no es apto para una chica como yo, con otro tipo de crianza. Lastimosamente, mi vida dio un giro de 360º, así que debo buscar un medio para ganarme la vida y pagar mis estudios. Esto será algo temporal para mí, lo contrario de usted, que se quedará por mucho tiempo aquí. —Sonríe.
Okey, esto no lo esperé. Esto me pasa por mi comentario de mierda. No quise que lo malinterpretara, es solo que me parece tan hermosa para un sitio como este, pero al parecer ella lo tomó como que juzgaba su aspecto cuando la verdad es que me gustaría follarla en mil posiciones justo ahora.
—No quise decir…
—¿Puedo comenzar? —interrumpe—. Me dijeron que solamente tenía 5 minutos, así que no quiero desperdiciarlo en conversaciones como estas.
¡Carajo! No puedo creer que me haya hablado de este modo.
Asiento a modo de respuesta porque para ser sincero no sé qué más decirle. Tiene razón, le dije a Mijaíl que la atendería solo 5 minutos. Esta jovencita ha logrado mucho en tan pocos minutos, así que ahora me intriga lo que tiene planeado para que la acepte.
Tomo asiento mientras que ella se gira de espaldas a mí. De pronto abre la cremallera del suéter holgado que lleva puesto, se lo quita y lo tira a un lado. Hace lo mismo con el mono deportivo y el resto de lo que lleva puesto, dejándome estúpidamente anonadado.
Suelta su coleta y deja caer las ondas de su cabello rojizo. Se gira y... ¡Mierda! Abro mi boca ante la hermosa figura que ha dejado a la luz. Lleva un traje de dos piezas hecho de encaje, está ceñido a su cuerpo y es de color n***o; a pesar de no revelar las partes privadas de su cuerpo, deja mucho a la imaginación porque es muy sensual y atrevido.
No sé si es porque es ella quien lo lleva, pero se ve malditamente provocativa. Le doy un repaso de arriba abajo con la mirada y trago grueso al darme cuenta de que sus caderas, pechos, cintura y toda ella es, simplemente, perfecta...
Escucho la música iniciar y ella comienza a mover su cuerpo al compás de la melodía. Odio admitir que tenía razón, estoy seguro de que más de uno se arrastrará a sus pies cuando la vea bailar. ¡Joder!
A medida que aumenta sus movimientos y se balancea en el tubo como toda una profesional, mi entrepierna parece querer salirse del pantalón. Estoy duro como una roca a causa de una jovencita que me acaba de dar una gran lección, nunca juzgues el libro por su portada; es un hecho real de que nos equivocamos al hacerlo.
Yelena Vólkova, al parecer, seguirás desequilibrándome con tus sensuales movimientos y tu hermoso cuerpo. Es imposible que algo entre tú y yo, ocurra porque apenas eres una cría, pero no hay nada de malo en observarte y masturbarme en tu honor…
Cuando finalmente termina su baile, trato de controlar mis arrebatos, de lanzarme a ella y arrancarle ese traje, para apoderarme de su coño. La veo controlar su respiración e inmediatamente fijo mi vista en sus labios carnosos y rosados; los cuales muero por chupar y morder a mi antojo.
—¿Y bien? —pregunta sacándome de mis pensamientos sucios—. ¿Tengo el trabajo, o no?
Sonrío ante su pregunta absurda. Ella sabe lo buena que es, por eso estuvo tan segura de sí misma desde el principio. No tardo en darle mi respuesta con un tono bastante prometedor:
—Bienvenida a The Dark, Yelena Vólkova…
Mejor dicho, bienvenida al infierno, porque de ahora en adelante te quiero para mí, así sea desde la distancia. No dejaré que ninguno de los bastardos que vienen aquí te toquen. Me encargaré de ello…