Era viernes, por fin y gracias al cielo era viernes, esperaba ansiosa que dieran las seis de la tarde para por fin irme a casa y tomar un...
–¿Lista para la fiesta? –pregunta Phoebe entusiasmada haciéndome brincar en mi lugar.
–¿Fiesta? –pregunto confundida.
–Sí –asiente divertida–, a la que dijiste que irías el lunes pasado –me recuerda.
–Ouh –respondo arrepintiéndome al momento–, esa fiesta, verás...
–Sí irás, ¿cierto? –pregunta con aquellos ojos azules brillantes.
–Ahm... –no puedo decir que no–, claro, claro, iré –sonrío.
–¡Genial! –sonríe y se para derecha–. Pues entonces andando –habla señalando el reloj en la pared.
Miro la hora, por fin son las seis, me levanto de mi lugar y tomo bolso siguiendo a Phoebe.
–Tenemos que pedir un taxi –me avisa.
–Tengo auto –le menciono sonriendo.
–¿De verdad? –me pregunta sorprendida.
–Sí, me lo regaló mi hermano al cumplir dieciocho –sonrío recordando aquel momento.
//
Él tenía que llevarme a aquella fiesta organizada por Jane, pero íbamos tarde.
–Bien hecho, Daemon, voy una hora tarde a mi puta fiesta de cumpleaños –le grité llegando al lugar y bajando de su auto.
–¡Pues para la próxima tráete tú sola! –me regresó el grito.
–Sorpresa, idiota, no tengo...
–¡Sorpresa! –me interrumpió girándome.
Me encontré con un lindo bettle amarillo.
–¡Ahhh!
//
–Gira aquí –me indica.
–¿En u ó...?
–No, no, a la izquierda solamente y al fondo.
–Vale, vale.
Después de varios metros más llegamos al lugar.
–Aquí es, el lugar rojo –me avisa.
–Vaya –exclamo apagando el auto y poniendo el freno de mano–. Luce bastante lindo.
–Lo es, y el ambiente es genial –habla desabrochando su cinturón y abriendo la puerta–. Andando, Olivia.
–Bien –hablo imitándola.
Una vez afuera del auto, pongo el seguro y por fin entramos al lugar llamado Next door.
Entramos y se escucha de fondo a Drake con Come and See Me, el lugar se ve bastante elegante pero a la vez relajado, caminamos un poco al fondo hasta llegar a un área con un letrero mostrando la palabra PRIVADO hecho con luces amarillas.
–Joseph y Eriksen –habla a un hombre alto de tez morena y con traje n***o. Yo solo mordía mi labio por dentro.
Él revisa la lista en sus manos y nos deja pasar.
–Jamás me había sentido tan importante –bromeo riendo.
–Ni yo –susurra de la misma manera.
Por fin llegamos con los demás, quienes ya han empezado a beber y degustar algunos bocadillos que a mi parecer no deberían de ser servidos a menos que sea para una exposición de obras de arte.
–Olivia, él es Dave, Norman, Haley y Annie –habla Phoebe presentándome a un grupo de personas–, ella es Olivia, es la chica nueva.
–Un gusto –habla Haley animadamente.
–Igualmente.
La fiesta va mejorando con el paso del tiempo y, claro, gracias a un par de tragos encima. Miro la hora y noto que son casi doce de la noche, ¿cómo pasaron cuatro horas tan rápido?
–Phoebe, ya me tengo que ir, ¿te vas conmigo? –pregunto.
–¿Tan temprano? –pregunta haciendo un puchero e hipando al final de aquella oración.
Sonrío divertida y blanqueo mis ojos.
–Es mejor que nos vayamos –le hablo tomándola del brazo.
Caminamos hasta nuestra mesa, tomo su bolso y el mío y después, por fin, hacia la salida.
Justo antes de salir del área privada puedo notar un pequeño alboroto al centro del lugar, me giro esperando ver alguna escena graciosa pero lo que veo me deja petrificada.
–Sí, ella es mi prometida –habla sonriente mostrando su lindo hoyuelo.
–¿Qué? –susurro en mi lugar soltando un poco a Phoebe.
La ojiazul se tambalea y grito para tomarla y no dejarla caer, llamando la atención de uno de los meseros quien se acerca a ayudarme.
–Gracias, yo puedo llevarla –hablo olvidándome completamente del tema.
Comienzo a caminar por el lugar, y de repente el gran peso en mí se aligera de manera notable.
–¿Phoebe? –pregunto.
–Ambos tenemos ojos azules, pero yo soy hombre –habla en tono burlón.
–¿Qué haces tú aquí? –pregunto sin verlo aún.
–Te ayudo a llevar a tu amiga hasta tu auto –habla más en pregunta.
Me quedo sin saber qué responder en silencio hasta llegar al auto, con cuidado metemos a Phoebe a la parte trasera y por fin nos vemos a la cara.
Lo miro con el ceño fruncido.
–Gracias –respondo dispuesta a entrar al auto de una vez por todas.
–Olivia –me llama.
Por mi cuerpo pasa un escalofrío, uno de los buenos, y me giro a verlo.
–¿Qué? –me esfuerzo en parecer desinteresada.
Él sonríe de manera inexplicable, como si estuviera satisfecho y feliz, maravillado...¿enamorado?.
–Si no vas a decir nada mej...
Me quedo helada en el lugar, sin moverme, completamente petrificada, la mano de Logan está en mi barbilla y sus labios pegados a los míos y sus lindos ojos cerrados mientras que los míos están abiertos como platos.
Con su mano libre toma mi cintura y me acomoda de frente a él y comienza a acariciar aquella parte haciéndome seguirle el beso moviendo mis labios lentamente dándole acceso a mi boca, cerrando mis ojos y rodeando su cuello con mis brazos. No sabía cómo es que había seguido aquel beso, tal vez era el alcohol que había aumentado mi estado de excitación o simplemente...aún tenía ese efecto en mí.
Aquel efecto que me hacía caer perdidamente ante él, poniéndome débil y dejándome completamente expuesta ante él.
Nos separamos después de unos segundos y nos miramos directamente a los ojos, puedo apreciar aquel brillo caracterizador de sus hermosos ojos azules y una idea cruza mi cabeza, sin embargo, respondo con algo inesperado.
Estampo mi mano contra su mejilla y siento un nudo en mi garganta.
–¿Por qué, Logan? ¿Por qué te alejaste de mí? –pregunto dolida.
–Era lo mejor –responde calmado.
–¿Para mí o para ti? –pregunto dolida.
–Para ambos, pero más para ti, y lo sabes Olivia –habla serio sin dejar de verme a los ojos, penetrándolos al punto de doler.
Me quedo en silencio por unos segundos admirando su rostro.
–Estás comprometido –susurro rompiendo aquel intimo contacto visual.
–Mierda, vaya que lo estoy –habla riendo haciéndome mirarlo de nuevo.
–¿Y por qué me besaste? –pregunto confundida.
–Porque, aun cuando esté comprometido, eso no quiere decir que esté con alguien que ame o siquiera me guste –se acerca peligrosamente a mí, colocando su mano en mi cuello–. Y aunque esté comprometido, tampoco quiere decir que haya sido mi decisión.
Muerdo mi labio inferior, rogando porque sea verdad lo que dice.
–Porque por desgracia, no eres tú con quien tengo que casarme, princesa.