Multitud

936 Words
Creo que es la situación más incómoda que he tenido en toda mi vida. Al menos soy la única totalmente vestida en la sala. – j***r Andrea, no quiero verte más las bolas. – Enzo se gira para irse a la habitación y Raquel y yo reímos. Raquel rodea por la cintura a Andrea con las mantas y yo ya puedo mirar tranquila. La verdad es que Andrea está muy bueno para tener ya cincuenta tacos, no me extraña que Reich esté tan contenta con él. – Pasa Eva, no te quedes ahí. ¿Cómo que has venido? – Me dice Reich mientras me coge las bolsas del suelo. La sigo muy pegada a Andrea hacía los sofás. – Creí que estaríais solos y pensé en traerte algunas cosas. No imaginé que tuvierais más ayuda, os habéis ocultado muy bien. – Le ofrezco las bolsas cuando nos sentamos los tres en el sillón. Me ha costado mucho todo lo que va dentro y parece que Reich lo aprecia por como lo mira. –Muchas gracias de nuevo Eva. – Me dice mientras Enzo sale de la habitación ya vestido con camiseta y vaqueros. – Bueno Eva, no les conoces, este que está a mi lado es Andrea, el “chico problemático”. Y el que te ha recibido tan bien es Enzo Deluca, hijo. - Raquel usa un todo sarcástico y yo quiero decir que les conozco a los dos. -Realmente soy nieto, soy el tercero con el nombre. – Enzo me mira mal y noto que no me reconoce. - ¿De verdad eres policía? ¿Por qué nos ayudas? – Andrea se levanta tirando de Reich y la envuelve en la manta. – Sí, soy de la policía nacional. Y no te ayudo a ti, estoy ayudando a mi amiga y a su “chico”. – Me siento incómoda con el interrogatorio, no imaginé a Deluca aquí. Reich parece que no se quiere ir, pero Andrea tira de ella hacia la habitación. – Tenemos que vestirnos, no os matéis. - Dice Andrea tirando la manta al suelo y dejando a los dos desnudos. Raquel corre hasta la habitación seguida por él. Puedo notar la tensión con la que me mira Deluca y cuando estamos desayunando los cuatro juntos en la cocina Raquel propone ir a Salobreña a pasar el día. Propongo ir en mi coche, pero Deluca dice que no se fía de mí y quiere conducir, tras una acalorada discusión, le dejo conducir. Andrea y Reich van como quinceañeros en la parte de atrás. Enzo de vez en cuando me lanza miradas matadoras y es incómodo, pero sigue intentando discutir y yo estoy cansada para eso, así que yo miro el impresionante paisaje del sur de España por mi ventanilla. Por fin vemos el pueblo, un río de casa encaladas caen por la ladera que llega al mar. La torre de la iglesia sobresale de las casas encaladas y al fondo, un risco coronado por una fortaleza. Aún hace calro para ser otoño. Enzo busca sitio y estamos a punto de aparcar cuando un policía se acerca a nuestro coche. Enzo y Andrea se ponen tensos cuando se acerca a la ventanilla del conductor saludando con su mano en la frente. – Al pasar por los arcos de control de la entrada del pueblo este coche sale registrado a nombre de la Policía Nacional. – El policía local tiene un tono muy seco y Enzo lleva su mano derecha hacia atrás y veo la culata de su arma. Le pongo mi mano encima de la suya suavemente y un escalofrío que nace en mi mano recorre todo mi cuerpo. Reacciono rápido y muestro a mi compañero policía local mi placa e identificación. - Disculpé teniente, no supuse…- -Tranquilo, estoy en unos días de permiso y no me apetecía conducir. – Dijo, tratando de calmar a todo el mundo, incluso a mi misma. – Me gusta mimar a mi prometida, agente. - Dice Enzo señalando el volante, dando a entender que ha sido galante al no dejarme conducir. Tengo que forzar una sonrisa cuando deseo matarle. Veo por el rabillo del ojo a Andrea y a Reich reír en silencio en la parte de atrás. –Pueden aparcar en la zona reservada. - Termina el policía, pero Andrea le da un pequeño golpe en el hombro a Enzo, que niega. Le agradezco al compañero, pero todos sabemos que tenemos que pasar inadvertidos y si alguien ve un coche de Nacionales de Madrid levantaría sospechas. Lo dejamos en una calle céntrica, pero no muy visible. Intento no volver a estar cerca de Enzo, pero no sé si lo está haciendo a posta, me roza cada vez que nos cruzamos para ir por una nueva calle del pueblo. Reich parece agotada, de hecho paramos a tomar algo a cada rato, he tomado café, helado, bollos, granizado.... jamás había comido tanto en tan poco tiempo y solo son las once de la mañana. – Che Figata. - Dice Enzo apoyado en la barandilla del mirador junto a la fortaleza. Andrea y Reich se acercan y yo intento ponerme lo más lejos posible de Enzo para ver el río blanco de casitas que llega al mar. La playa está vacía. Justo cuando estoy apoyada en Reich Andrea tira de ella hacía él y se van hacia atrás y la inercia me hace chocar contra Enzo. La espalda se me eriza y giro la cabeza para mirar a Enzo. Me está mirando a los ojos. Muy muy bajito me dice “ya te recuerdo”.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD