Aidan parece haberse esfumado.
A pesar de esa única pista, quizás despedida, en ese papel, no hay huellas ni nada que muestre que algún ser humano hubiese pasado por aquella zona.
Si yo fuera Aidan, dónde iría.
Raen escarba entre sus recuerdos, de los lugares que habían sido especiales para su amigo.
Están la cancha de básquet, pero se encuentra en el pueblo, así que descartada. El parque, pues lo mismo.
"Ojalá pudiera vivir en tu casa, Raen, me siento tan bien aquí"
Cierto. Una vez Aidan le dijo eso, cuando se escapó de la granja en la noche y lo tuvo que acoger en su dormitorio sin que sus padres se enteraran.
No recuerda por qué se había ido de su casa esa vez, probablemente tras una pelea con su padre estando borracho. Aunque bueno, Aidan parecía en similar estado. Raen sintió el fuerte aroma a cerveza cuando ayudó a su amigo a pasar por la ventana.
Con mucho cuidado y en silencio, el de ojos verdes se había recostado en la cama, mientras Raen le buscaba un vaso de agua en la cocina.
Al volver cerró la puerta y le pasó el vaso a su amigo, que se tomó el líquido casi de un trago.
El pelinegro se acostó a su lado y hablaron en susurros más de una hora. Aunque Aidan nunca dijo exactamente por qué se había escapado, incluso cuando Raen se lo preguntó directamente.
"Necesito a mi mejor amigo, eso es todo"
El pelinegro rodó los ojos y sonrió. No podía hacer nada por Aidan, pero si solo estar con él lo ayudaba, entonces lo haría.
Ojalá eso hubiera bastado.
Aidan había llegado a su casa de madrugada otras veces. Algunas apestando a cerveza y otras totalmente sobrio. Nunca decía sus razones, y Raen nunca insistió al preguntarle. Si su amigo no quería hablar de eso, entonces no lo iba a obligar.
Solo conversaban de otras cosas, a veces de temas superfluos y livianos, como programas de televisión, de las clases, de sus amigos.
Otras, Aidan se volvía más profundo, sobre el significado del amor, la razón de la vida, la pequeñez del hombre en el universo.
"Raen, gracias por ser mi amigo"
Un par de semanas después de que le dijera esa frase, Aidan desapareció.
Y eso había sido literalmente ayer. De hecho, fue es a mañana cuando Ronald o Sabrina llamaron a sus padres, preguntándoles si su hijo estaba con ellos.
De alguna forma, los padres de Aidan sabían que cada vez que se escapaba, pasaba la noche con Raen, y volvía en la mañana, antes de ir al colegio.
Pero esa vez no regresó. Era sábado, ya pasaban de las 11:00 cuando preguntaron por Aidan.
Para esta fecha, Raen apenas hablaba con el pelirrojo. Se había alejado, no le gustaba la actitud sombría de su amigo. Y ahora estaba tan, tan arrepentido.
Quizás si no lo hubiese alejado, habría venido a mi casa otra vez.
Tampoco estaba en casa de Karl o Kenny, ni ninguno de sus otros amigos.
Es por eso que el pelinegro decidió buscarlo por sí mismo, sin decirle a nadie.
La policía solo iba a actuar si pasaban tres días de su desaparición, pero en tanto tiempo podía pasar una tragedia.
Ellos no sabían del estado de Aidan. Los pensamientos oscuros, la desidia por la vida, el alejarse de todos, el abandono de sí mismo.
Si ya estando acompañado apenas salía de su casa o comía, quizás qué haría mientras estuviera solo.
La última vez que había visto a Aidan, estaba muy delgado, más de lo que lo había visto nunca.
Aidan siempre había sido una persona que se dejaba llevar fácilmente por la tristeza. Cada vez que terminaba con Mindy era casi el fin del mundo, cosa que pasaba al menos dos veces al año. También cuando tenía que enfrentar algo duro o difícil, se angustiaba y le era difícil hacerlo solo.
Aunque también eso permitía que tuviera un corazón más compasivo y siguiera sus convicciones fuertemente.
Por eso se hizo vegetariano. Sus luchas contra la pesca de ballenas, la tortura de terneros y el asesinato de gallinas hicieron que dejara de comer cualquier tipo de animal.
Ah, esa gallina que le había regalado a los 10 años sí que había durado. Aunque la escondió los primeros días, fue su hermano pequeño el primero en darse cuenta de que tenía al ave y pronto tuvo que contárselo a sus padres.
Probablemente ellos querían deshacerse de la gallina, pero las lágrimas de Raen y su hermano ablandaron sus corazones.
Cinco años estuvo con ellos. Era cariñosa y divertida, nunca se imaginó que podía ser casi como tener un perro.
"Viste que son geniales"
Cada vez que Aidan iba a su casa en aquellos años, jugaban con Rai. Le habían puesto ese nombre por combinar los de Raen y Aidan.
Cuando falleció, de muerte natural, Raen lloró más de lo que esperaba, le dolió mucho su partida. La enterraron en el patio y el pelirrojo también estuvo presente, abrazándolo y dándole su apoyo.
Tras el pequeño funeral, caminaron un rato hasta llegar al borde del lago. Ahí solía ir Aidan cada vez que estaba triste y Raen lo acompañaba a veces.
El lago, por supuesto.
El pelinegro se golpea la frente como castigo por haberse demorado tanto en pensar en un lugar tan obvio.
Por supuesto que Aidan estaría en el lago, así que el ojiazul se pone a caminar en esa dirección, totalmente seguro de que encontraría a su mejor amigo en dicho lugar.
Solo espero que esté en la orilla.