Visita

1154 Words
Aidan estaba en su cuarto, recostado en la cama. Había perdido la noción del tiempo, solo sabía que estaba en ese lugar desde hace mucho más tiempo del que era normal. Horas o quizás días. Pero no podía levantarse, le era hasta físicamente imposible. Además, ¿cuál era el sentido? Nada de lo que le gustaba ahora le complacía. Tenía un vacío en el pecho, una angustia que no podía explicar. No había ningún motivo para estar así de triste y agobiado, pero lo estaba, y eso lo desmotivaba más. Su madre había intentado hablar con él un par de veces, pero no supo cómo expresarle sus sentimientos y ella simplemente se rindió, dejándole comida sobre el velador. Comida que seguía ahí. Alguien tocó la puerta y, sin esperar respuesta, entró. El pelirrojo estaba de espaldas a la entrada, y ni siquiera hizo amague de moverse, hasta que la persona se sentó en la cama junto a él y le puso la mano sobre el hombro. -¿Estás bien? La pregunta de Raen era estúpida. Por supuesto que Aidan no estaba bien. Pero el pelinegro no sabía qué más decirle. Su amigo simplemente negó con la cabeza. -Debes animarte, Aidan. No puedes seguir así. Empecemos de a poco, ¿vale? Primero ve a bañarte. Aidan dio todo de sí para incorporarse y sentarse frente a Raen. -¿Para qué? ¿Cuál es el sentido de todo esto? El pelinegro no supo qué responder. Pero no quería ver a su amigo tan decaído. -Te voy a acompañar. Si es necesario, hasta te tallaré la espalda, pero te aseguro que un buen baño te hará sentir mejor. Su amigo suspiró y se dejó llevar por Raen, que lo tomó de la muñeca y fueron juntos al baño. Mientras Aidan se sacaba la ropa, el ojiazul había ido a buscarle una toalla y prendas limpias. Al volver, vio al pelirrojo con el torso desnudo y sintió un peso en el estómago al ver los brazos de su amigo. Tenía marcas que antes no estaban. Cicatrices y heridas recientes. Pero no dijo nada. Cuando estuvo completamente desnudo, Aidan entró a la ducha y abrió el agua, dejando que corriera por su cuerpo. Ni siquiera tenía fuerzas para levantar los brazos. Pero Raen, cumpliendo su promesa, le ayudó a lavarse el cabello, le pasó la esponja por los hombros y la espalda... el resto del cuerpo podía esperar a una próxima ocasión, tampoco quería tocarlo tanto. Cuando estuvo limpio, Raen le ayudó a secarse el cabello. Aidan se vistió y salieron juntos. Era verdad, se sentía un poco mejor. -Deberíamos ordenar esto -comentó Raen. Pero sabía que su amigo no estaba en condiciones para hacer nada, así que le dijo que se sentara en el escritorio y ordenara los cinco lápices y dos cuadernos que había allí, mientras él mismo se ocupaba de lo demás. Hizo la cama, recogió la basura, puso la ropa sucia en el cesto y la limpia en el armario. En poco tiempo, ya se sentía más despejada. -Gracias, Raen. No quería ser una molestia. -Oye, eres mi mejor amigo. No es una molestia ayudarte. Solo quiero que te animes. Aidan asintió con la cabeza. -No sé cómo estar feliz, Raen. -¿Pero qué te tiene tan triste? -No lo sé. Eso es lo que más me angustia. Siento una pena y un dolor, pero no sé por qué. No tengo ganas de nada, ni siquiera de levantarme. Nada tiene sentido, nada me alegra. -Y... ¿esas heridas? Por acto reflejo, Aidan se tocó los brazos y tardó unos segundos en contestar. -Cuando tienes un dolor tan grande en el corazón, no sabes cómo manejarlo. Pero el dolor del cuerpo sí. Sé dónde está, sé cómo detenerlo y eso me alivia un poco. -¿No es porque quieres llamar la atención? La pregunta ofendió a Aidan, y se enojó con su amigo. -Cómo dices esa mierda Raen, qué crees que soy... te cuento esto para explicarte lo que estoy sintiendo y me vienes con esta estupidez. -Lo siento, lo siento -se disculpó el pelinegro, y lo decía de corazón-. Pero... es que me cuesta mucho entenderte. -Me imagino. Ni siquiera yo me entiendo. -¿Cómo podría animarte? Podemos salir, hacer lo que quieras. -No quiero. Me angustia salir, estar con gente. Apenas estoy soportando hablar contigo, no sabes lo que me cuesta. -Pero Aidan, hay tanto por lo que vivir, tanto que disfrutar. Solo tienes que recordarlo. -No puedo. -¿No puedes o no quieres? Cómo le puedo explicar a Raen algo que ni yo entiendo. -No puedo... -Pero intentalo. -¡No puedo! Es fácil para ti decirlo, no sabes lo que se siente todo esto, toda esta mierda. Una vida de mierda, familia de mierda, amigos de mierda. Raen se sintió algo insultado. -¿Sabes lo difícil que es estar contigo últimamente? Todo es negativo, no te gusta nada, nos arrastras a todos en tu pesimismo. -Ah, siento hacerte la vida difícil, Raen, pero no es mi culpa que todo sea una mierda. -Piensa lo que quieras. Estoy cansado de ti. El ojiazul se puso de pie y salió de la habitación de Aidan. El pelirrojo hizo amague de seguirlo, pero también quedó muy herido. ¿Raen no lo soportaba? Ahora realmente no tenía nada. Nada. Por qué piensa que es tan fácil. ¿Intentar ser más positivo? Siento como si me estuviera ahogando bajo tres metros de agua y me pidan que respire... simplemente no puedo. Se volvió a tirar sobre la cama. Volvió a sumirse en su propia tristeza y angustia, no le importaba nada más. Si la vida era solo esto, entonces prefería no seguir. Estuvo dos semanas dándole vueltas a la idea. Dejó de ir a clases, apenas salía de su cuarto a comer. Ni Ronald ni Sabrina sabían cómo ayudarlo, pero pensaron que era solo una etapa de la adolescencia. Después de todo, en pocos meses iría a la universidad y ese era un gran cambio. Una noche, Aidan salió de casa a hurtadillas y caminó al pueblo. Llegó a la casa de Raen y miró hacia la ventana que daba a su dormitorio. En otra ocasión lo habría llamado, pero ahora no se hablaban, así que continuó su camino. Entró al bosque y se encaminó a la casa abandonada. Quería pasar al menos una última noche fuera del que tenía que llamar su hogar. Se sentía más tranquilo, con una sola idea en la cabeza que lo calmaba, sabiendo que pronto todo ese dolor y tristeza inexplicables terminarían. Cuando llegó la mañana siguiente, se despertó con una energía que no sentía desde hacía tantos meses. Sacó de su bolsillo un pedazo de papel en el que había escrito su último mensaje. Probablemente Raen lo encuentre. Perdóname, amigo, por no despedirme de la manera adecuada, pero así es mejor para todos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD