— ¿Estas bien? — Si, es que me ha sentado mal la comida, ya salgo. — Sin prisas Martina, que no tengo que entrar, solo era ver como estabas… Pues no parecía que se encontrara muy bien, porque la había oído vomitar, pensó Raquel. Se dirigió a la exposición, donde Víctor colocaba ropa. Se acercó a él, quizá demasiado, podía sentir su aliento húmedo y caliente en la cara, pero eso, a ninguno de los dos pareció importarle. Como si fuera una cuestión secreta entre ambos (de hecho lo era, nadie más parecía haberse dado cuenta de la situación de Martina), le susurró al oído: — ¿Pero qué le pasa a esta? — Ha discutido con su novio. — ¿Con Leo? Ah, claro, que tonta, de ahí las voces que había escuchado. Era con él con quien discutía, se debían haber encontrado a la salida. Pero ¿Por qué? — Y

