Adri estaba encerrada en el pequeño aseo que tenían en la confitería, mirándose al espejo y comprobando que el maquillaje había quedado razonablemente dispuesto. Nada exagerado, dadas las circunstancias, solo un poco de colorete, sombra de ojos, pegote de rímel y la única concesión al descaro: barra de labios roja. Se había colocado el vestido que traía guardado en una bolsa. Corto y ajustado, dejando a la vista un generoso escote y la práctica totalidad de sus muslos y permitiendo adivinar lo que no se podía ver. Curvas generosas contenidas en fina tela, que lanzaban un mensaje casi más poderoso que si estuvieran al puro aire libre. Todo quedaría de momento semioculto por una elegante chaqueta cruzada, a la espera de que Adri decidiera si convenía mostrar más o menos, en función de cómo e

