Martina se había levantado de mal humor. Los últimos días había conseguido dormir algo mejor, pero anoche apenas había pegado ojo. Hacía ya una semana que se había visto con Leo. Hoy expiraba el plazo que le había demandado para decidir, durante el cual, respetó escrupulosamente su petición de que no le llamara ni le enviara mensajes. A veces, el dedo se le iba a su teléfono, jugueteando con la intención de contactar, a pesar de que sabía que eso solo empeoraría las cosas. Pero es que la incertidumbre la mataba y la paciencia nunca había sido su compañera de viaje. Se suponía que hoy hablarían. Por eso, la víspera se la comían los nervios: ¿qué habría decidido? ¿Qué es lo que sucedería a partir de ahora con su relación? ¿Seguían siendo pareja? Despertó somnolienta pero algo más calmada, a

