— Me voy con vosotros…esperad… Raquel se levantó rápida y tomó su bolso. Martina la miró extrañada. Podía ver el tupper con la comida a un lado de la mesa. Raquel no era de las que se saltaban su régimen, ni era habitual que saliera a almorzar. Observándola con más detalle vio que se había vuelto a pintar los labios y se había dado un poco de colorete y rímel. El pelo aparecía ahora suelto y peinado, en vez de recogido en una larga coleta con gomas, como esta mañana. Martina terminó de atar cabos: por la forma de sonreír a Víctor y la vocecita de tonta que puso, parecía que el motivo de alistarse inesperadamente para comer estaba claro. Un embrollo más, que no sabía si en su caso, le perjudicaba o le beneficiaba. Respiró hondo y se encaminó a la puerta, seguida de cerca del chico que de

