Martina no hacía más que darle vueltas a la cabeza. Hacía ya varios días de su encontronazo con la tipa aquella y algo no acababa de cuadrarle. Una vaga sensación de que la conocía de antes. Pero no era posible, se acordaría seguro, ella tenía buena memoria. Jamás olvidaba la cara de un cliente, de un proveedor, de un compañero…en fin lo había dejado estar, pero el run run continuaba, como sonido de fondo cada vez que pensaba en Leo. Igual que el eco amortiguado de la autovía que pasaba cerca de su casa, el goteo de la cisterna rota o el ladrido del perro del vecino. Te acostumbras, parece que dejas de oírlos, pero están ahí. Y ahora precisamente estaba pensando en él. En qué hacer para que no pareciera que entregaba las llaves de su relación. Martina era de las peleonas, bastante problem

