Una hora antes: A kilómetros de distancia de Lena y Adrian, en Herzogpark, Bogenhausen, en la mansión Kauffman. La tarde se filtraba con discreción entre las ramas de los árboles perfectamente alineados del jardín trasero. El césped, era de un verde impecable, parecía esculpido, y las fuentes ornamentales murmuraban un agua serena, ajena al caos emocional que Elise arrastraba en su interior. Sentada bajo la pérgola de hierro forjado, vestida con un conjunto blanco de lino de firma italiana, cubriendo sus ojos con unos lentes oscuros, esperaba. En la mesa redonda de mármol ya estaban dispuestos los cubiertos de plata y los platos de porcelana fina. Frente a ella, había una copa de vino sin tocar, la cual reflejaba la ansiedad en sus gestos. La luz del mediodía bañaba el jardín, contrast

