Luego de dejar a Adrian en la sala de archivo, Lena regresó sola a la sala de reuniones. El eco de sus tacones resonaba en el suelo brillante y vacío, envolviendo el lugar con una calma ficticia. Aún podía percibirse en el aire la electricidad residual de la reunión anterior, pero ahora solo quedaba su portátil, olvidado sobre la mesa como un testigo mudo de lo que había comenzado a descubrir. Lo había dejado allí con la prisa de alguien que corre tras un dato, no tras un almuerzo. Se acercó con paso decidido, pero su expresión era una mezcla de alerta, ansiedad contenida y una furia en crecimiento que no supo cómo manejar. Su única intención había sido confirmar lo que bien pudiera haber parecido una vieja historia, una sospecha. Elise les había contado a ella y a su padre en uno de eso

