El amanecer llegó con una sensación extraña, como una pesadilla suspendida entre la vigilia y el sueño. Lena despertó en la misma habitación que Adrian, pero el silencio era denso, pesado, como si el aire estuviera impregnado con la huella de lo ocurrido entre ellos. A su lado, él seguía durmiendo, su respiración era tranquila y profunda. Pero en Lena, el caos era total. Su mente estaba llena de imágenes que no podía borrar, de palabras que no podía desenterrar. ¿Qué había hecho? La culpa la envolvía como una manta húmeda y fría. Se pasó una mano por el rostro, tratando de calmar la ansiedad que la devoraba. Había cruzado una línea, una línea que no sabía si podía retroceder. No lo había planeado, no de esa manera. Pero lo había hecho. Y Adrian… él estaba allí, con su presencia arrogan

