La luz del sol atravesaba las nubes con una suavidad que apenas lograba aliviar la tensión que se acumulaba dentro de Lena. El trayecto había sido silencioso, casi incómodo, y el paisaje que se extendía a su alrededor era tan vasto que parecía consumirla, dejándola atrapada en sus propios pensamientos. El sol de la mañana caía sobre los campos de cultivo a ambos lados de la carretera, pero ni siquiera la belleza del paisaje podía distraerla de la inquietud que la envolvía. Adrian no dijo nada. La serenidad con la que conducía contrastaba con la tormenta que Lena sentía en su pecho. ¿Qué hacían allí? ¿Por qué estaban tan lejos de la ciudad, en un lugar tan apartado? La pregunta, que había surgido en su mente desde que salieron de la mansión, parecía flotarle en los labios, pero no se atrev

