María. Miré el rostro de Jean en ese momento y vi una retorcida sonrisa formándose alrededor de sus labios, y entonces antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba a punto de pasar él estrelló sus labios contra los míos con desesperación y comenzamos a comernos las bocas como prófugos amantes. Movíamos los labios al mismo compás eróticos del otro, él lo hacía de una manera que me estaba mojando todavía más ahí abajo y yo estaba tratando de seguirle el ritmo a ese sexy hombre jovencito. Sin darme cuenta nuestro beso se fue volviendo tan sucio como mi la humedad en mi coño, y la erección de su polla dura en sus pantalones. Y cuando menos lo noté él deslizó una mano por mi cintura y me pegó más hacia él de una manera brusca, mientras que seguíamos besándonos con pasión. Entrelazand

