María. Mi nombre era María y tenía cuarenta y cinco años. Llevaba veinte años casada con un hombre maravilloso que me dio todo lo que necesitaba desde que le conocí. Solo había un problema en mi vida, y era que desde hace un tiempo todo se había vuelto muy rutinario y tedioso. A veces sentía que mi vida parecía ser lo mismo todos los días, ver a mi marido partir a su trabajo y tener que quedarme en casa educando a nuestros hijos y viéndolos crecer. No trabajaba debido a que mi marido lo hacía, y así lo habíamos decidido los dos desde el principio, y creo que por eso quizás todo era tan tedioso en mi día a día, que la emoción que alguna vez había experimentado en mi juventud se había ido. Sin darme cuenta poco a poco quería desesperadamente encontrar nuevas aventuras en mi vida, y escapar

