Giuseppe corrió en dirección a la habitación. Ludmila había colocado seguro pero el hombre no dudó en impactar su hombro contra la puerta haciendo que esta se arqueara debido al impacto. Los otros guardaespaldas lo ayudaron haciendo que la puerta temblará ante sus embates. Tenían que sacarla de allí y pronto. —¡Señorita Salerno!—gritó pero no hubo respuesta dentro. Habían escuchado los disparos y después el grito de la mujer pero luego solo hubo silencio. Preso por la desesperación terminó golpeando con la pierna la puerta en un lastimero intento porque cediera. La llamó de nuevo pero tuvo el mismo resultado—. ¡Ludmila! A la mierda los rangos, necesitaba que la mujer a la que había jurado proteger con su sangre estuviera bien. Con un último golpe la puerta cedió y encontró a la mujer

