Ludmila nunca se había sentido tan humillada, desplazada, decepcionada, y muchas palabras que seguían terminando en “ada” y que no eran nada agradables de sentir. Sus ojos miraron con una rabia contenida exorbitante al italiano que podía verla a través de la oscuridad apuntando firmemente con su arma. Ludmila hizo un gesto con la pistola indicando que se alejara más. —Te recomiendo que subas de nuevo por el mismo lugar donde bajaste y si te caes me parecería mucho menor. —Ludmila. —Cállate, no quiero hablar contigo ahora y dudo que alguna vez quiera volver a hacerlo. Creo que me has confundido o más bien te has confundido conmigo Franco. Soy una mujer que hace lo que quiere, a la hora que lo quiere y que cuando desea algo lo obtiene, sin embargo, eso no quiere decir que soy una estup

